|
Así, los griegos descubrieron desde muy temprano este
elemental principio de diseño bioclimático para regiones frías y templadas del
hemisferio norte, que ha sido reiteradamente empleado a lo largo de la historia
en disímiles culturas y localizaciones geográficas. Este principio se utilizó
también en la antigua China y en el Imperio Romano (Butti y Perlin, 1985). Los
romanos descubrieron, además, el efecto invernadero: usaban en sus baños y
termas una especie de vidrio producido a partir de capas delgadas de mica que
colocaban en ciertas zonas de las termas, regularmente orientadas al noroeste,
buscando la máxima captación solar en horas de la tarde y fundamentalmente
durante el invierno.
El Imperio Romano ocupó un vasto territorio con disímiles condiciones
climáticas, algunas de las cuales, en ciertos lugares, variaban de manera
considerable a lo largo del año. En estos casos resultaba muy difícil lograr en
todo momento condiciones ambientales interiores apropiadas solo mediante el
diseño arquitectónico; por tanto, se optaba por mover los espacios interiores de
las viviendas en las diferentes estaciones (por ejemplo, se recomendaba ubicar
el comedor hacia el «poniente en invierno»), o podían existir, incluso,
residencias para usar por temporadas. Casa Típica de la antigua Grecia. El
pórtico orientado al sol protegía las habitaciones del sol alto de verano y
permitía el paso del sol alto de invierno. La experiencia de los romanos del
período clásico en materia de diseño bioclimático quedó recogida en los tratados
de Vitrubio, que han sido objeto de estudio para los arquitectos del planeta a
lo largo de la historia hasta hoy. (Colaborado por:
Albania Contreras caprialbania@hotmail.com,
Arquitectura neoclásica de la ciudad de La Vega - ) |