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La arquitectura.
La arquitectura moderna es tan diversa que nos ofrece una amplia gama de formas,
diseños, texturas y colores. Los edificios se pueden transformar en modelos de
imágenes abstractas, documentales, o en el trasfondo de la fotografía de moda.
Esta imagen de Milton Keynes, en Inglaterra, ilustra uno de los mayores peligros
que se corren cuando se intenta conseguir una fotografía “limpia”. La tapa de la
alcantarilla resta valor a la prístina escena y se podría haber camuflado con
una cartulina o una persiana. No es casual que la recreación fotográfica de
exteriores e interiores de edificios singulares, sea una práctica cada vez más
común entre los creadores, y que los artistas visuales colaboren a menudo con
los arquitectos. Por otra parte, no hay probablemente mejor metáfora de la
modernidad ni de sus avatares históricos que las obras arquitectónicas
celebradas. Desde los inicios de la historia de la fotografía, la arquitectura
ha sido el mejor aliado del artista. Por sus características físicas, los
edificios –estáticos y a la vez animados por un baño de luz natural- eran un
tema mucho más fiable que la figura humana. Sin embargo, la atracción de los
primeros fotógrafos hacia la arquitectura se amortiguó cuando los medios
técnicos permitieron abordar satisfactoriamente temas animados.
Hacia finales del siglo XIX, la fotografía arquitectónica se convirtió en una
especialidad cuyo objetivo era documentar la obra de un arquitecto para una
publicación u otras finalidades. El fotógrafo profesional de arquitectura sigue
existiendo y, con notables excepciones, ofrece a sus clientes imágenes
documentales <<objetivas>>que siguen un modelo estilístico determinado:
brillantes tomas exteriores iluminadas con luz natural e interiores
uniformemente iluminados por medios artificiales. Los fotógrafos, como artistas,
redescubren la arquitectura. Contemplando la fotografía de la Villa Savoye de Le
Corbusier, obra de Hiroshi Sugimoto, viene a la mente la descripción que hace el
arquitecto de su obra: <<La arquitectura es un científico, adecuado y
maravilloso juego de volúmenes unidos bajo la luz>>. El retrato de Sugimoto nos
invita a observar esta obra de otro modo. Intencionadamente desenfocada, la
imagen deshace la relación extremamente racionalizada del arquitecto entre forma
y luz y reduce el objeto construido a un estatus ambiguo: ¿es un edificio o una
maqueta arquitectónica?

El trabajo de Günther Förg se puede interpretar como una crítica a la tendencia
de los fotógrafos profesionales de arquitectura a monumentalizar sus temas. En
el caso de Förg, sus imágenes de los edificios de Alejandro de la Sota en Madrid
son más accidentales que compuestas, y crean un aire de sencillez que los
arquitectos ha tendido a evitar en los reportajes de sus obras. Enfocadas con
indiferencia, sus fotografías se resisten a la idea de que la finalidad del
fotógrafo de arquitectura debería ser la producción de imágenes reconocibles, y
por lo tanto consumibles. En contraste con la estudiada
sencillez de Förg, la foto de Jeff Wall del Pabellón de Alemania de Ludwig Mies
van der Rohe para la Exposición Universal de Barcelona de 1929 rivaliza
virtualmente con la líquida especialidad, la exquisita composición y los
exuberantes materiales del edificio. A diferencia de las obras de menor formato,
que parecen una ventana a través de la que podemos mirar, la gran escala de la
fotografía de Wall envuelve al espectador atrayéndolo hacia sí. Un solitario
hombre de la limpieza ofrece el contrapunto perfecto de la criada de bronze de
Kolbe de 1929, titulada The Dawn. Así como el hombre de la limpieza, inclinado
como una lavandera de Degas, parece plegarse sobre sí mismo, la figura de Kolbe
surge aparentemente como el sol incipiente. Esta oposición es aún más
conmovedora si tenemos en cuenta es una hora muy temprana. La foto de Wall capta
el momento en que la luz del sol penetra casi horizontalmente en el interior y
parece prender fuego al tabique flotante de ónix, ofreciendo un espejo
arquitectónico, o un rival, al sol naciente.

Mientras que las fotografías de Wall alteran positivamente nuestra relación
espacial con la imagen arquitectónica, las fotografías de Baltasar Burkhard del
almacén de Ricola de Herzog & de Meuron añaden otro tipo de dimensiones
espaciales al tema arquitectónica por el modo como se presentan.
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Colgadas por parejas o tríos, los espacios intermedios
entre fotografías parecen montantes de ventanas imaginarias que enmarcan y
miden la vista que hay detrás. Este efecto se potencia al colgar todas las
fotografías en una única sala concebida por el fotógrafo, creando un espacio
real para el espectador y un espacio imaginario para la contemplación. Las
obras presentadas demuestran que la arquitectura, como cualquier texto, basa
su significado tanto en su autor como en sus traductores. |

Autor original: (MOHAMMED AFANA, Universidad
de Arquitectura superior de Sevilla, España. afaneh2468@hotmail.com)
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