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Calefacción central. Las técnicas de calentamiento centralizado se
producen, en nuestros días, a través de calderas, las cuales distribuyen calor
tanto a edificios de oficinas como a viviendas. El mantenimiento de las calderas
depende del funcionamiento de las mismas puesto que aquellas utilizadas con
combustibles líquidos, como el gas, necesitan un control en sus quemadores dado
que los mismos se utilizan para regular el calor, en cambio, las que utilizan
combustibles sólidos, como por ejemplo el carbón, demandan la admisión de un
combustible adicional y la constante retirada de cenizas de la parrilla de la
caldera en cuestión. Una caldera consta de dos elementos esenciales para la
transferencia de calor, estos son: convectores y radiadores; los primeros no son
mas que una conexión de tuberías, generalmente de acero, de poco grosor y
permiten la circulación de aire en los espacios y producen
calefacción, como lo indica su nombre, por
convección, la cual se basa en el transporte de calor debido al desplazamiento
de moléculas. Los segundos, en cambio, consisten en un grupo de rejas o bloques
de hierro forjado de amplia extensión para esparcir calor. El funcionamiento de
un sistema de calefacción de poca complejidad se basa en un canal para la
expulsión de gases y una caldera, estos se encuentran colocados en un perímetro
metálico conectado a una red de tuberías que se instalan en los espacios a
calentar, donde el aire frío de la edificación entra en el perímetro y procede a
calentarse al interactuar con las paredes ya calientes de la caldera. El aire se
humedece antes de circular mediante un depósito de agua colocado en la caldera.
Estos sistemas precisan de cierta inclinación, aislamiento y el uso de tuberías
de gran tamaño para su adecuado funcionamiento.
En cuanto a la limpieza se refiere es necesaria la colocación de filtros para
estancar el polvo y adicionarles además humidificadores para hacerlos mas
efectivos. Investigaciones han dado a conocer el uso de la calefacción desde
épocas antiguas por parte de los romanos, a través de las aguas termales
provenientes de manantiales naturales, aunque no tuvo mucho apogeo en otras
naciones ya que hasta el siglo XIX solo se había expandido hacia Inglaterra,
hasta que en el año 1835 se mejoraron ciertos sistemas de aire caliente y se
comercializaron en los Estados Unidos, donde actualmente se usan para proveer
calefacción tanto a los hogares como a hoteles y centros comerciales, y con los
avances de la tecnología esto sistemas funcionan de manera automatizada
controlados por termostatos. A pesar de que la calefacción funciona básicamente
por radiación en los casos de las construcciones en que se utilice una
superficie radiante es precisa la instalación de tuberías para vapor o agua
caliente tanto en los techos como en las paredes mientras se construya la
edificación. A parte de trabajar la calefacción con vapor de agua, y
combustibles sólidos o líquidos, como hemos descrito anteriormente, existen
también sistemas eléctricos los cuales trabajan por medio de paneles cuya
finalidad es la contención del calor; dichos paneles se implantan en techos,
suelo o hasta en las paredes de los espacios a calentar y brindan calefacción de
manera equivalente a toda el área a un considerable bajo costo y sin aumentar
desproporcionadamente la temperatura. .
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