Ciudad del futuro


   


Ciudad del futuro.

La arquitectura y el urbanismo son arte, la ciudad del futuro debe de ser un espacio dedicado al atractivo y a la armonización con los ciudadanos que residen en ella. Las brechas socio-económicas en este tipo de espacios no deben de existir, dejando a un lado las causas que dan motivo para el surgimiento de la violencia social y la exclusión de algunos sectores de la sociedad.

Tanto la arquitectura como el urbanismo están estrechamente relacionadas y trabajan arduamente para suprimir las pésimas condiciones en las que a veces se ve sumergida una sociedad. El urbanismo es la sede del proyecto arquitectónico, el arquitecto Naselli se ha preguntado cuales serán las condiciones de la ciudad futura? , incluye que los arquitectos tienen numerosos motivos para identificar sus predicciones en cuanto la ciudad que se ve venir, ya que si se visualiza la ciudad que vendrá en el futuro los caminos que se recorren en el presente irán con un objetivo ya establecido.

En la historia de la humanidad, una ciudad constituye un hecho de trascendencia cultural. Es por esta razón que aunque se vea envuelta en conflictos económicos y sociales, no debe de perder su esencia ni dejar de ser si misma. El objetivo de una ciudad es el equilibrio, esto nos quiere decir que debe de estar enfocada en ser equitativa y dadivosa con cada uno de los elementos que la conforman, esto hace que mas tarde este espacio sea considerado como algo único. Una ciudad no esta prevista para evadir las responsabilidades que tiene con cada uno de sus integrantes, sin embargo es muy visto que los que la hacen pensando en enriquecerse de la misma si eluden sus responsabilidades.

Debe de estar organizada de manera tal que no haya ninguna brecha de significancia entre los estratos sociales que la conforman, lo que conlleva a un atraso del ente social. Algunos arquitectos están concientes de que los espacios verdes públicos que conforman las ciudades deben de ser disfrutados por todos los ciudadanos por igual , personas concientes que hacen todo lo posible por trabajar en equipo en el mantenimiento de todo el sector , donde el ser humano sea el protagonista principal de la misma y no los sistemas de transporte individualizados. La discriminación es algo que no existe en una ciudad ideal, todos los habitantes tienen igual oportunidad de acceder a equipamientos tecnológicos y servicios de calidad.

En cuanto al ahorro de energía , estos espacios deben dejar de ser los que mas consumen energía, hoy en día existen muchas energías alternativas que son muy viables en cuanto a la reducción de energía eléctrica se refiere . El utilizar estos recursos se reduce así mismo el nivel de contaminación existente en la urbe, dando paso al mantenimiento de la salud del hombre. Si las mismas se dedican a aprovechar sus cualidades naturales, es posible que haya un descenso considerable en el consumo de energía eléctrica. Si observamos que esta crece hacia un futuro seguro, es muy seguro que será gracias al respeto y al trabajo en equipo de sus integrantes.

En las decisiones que tengan que ver con el crecimiento de la urbanización, toda la ciudadanía debe de participar y opinar equitativamente, si es posible aportar nuevas ideas, para que los beneficios recaigan sobre todos de igual forma y magnitud. Si pensamos en la ciudad del mañana, estamos materializando la ciudad del presente, llevándola hacia donde pensamos y queremos que este. Esta pregunta debe de estar en la mente de cada arquitecto, para que los mismos actúen por una causa ya establecida que sea mas para el beneficio de todos. Equipo arquitectura y construcción de ARQHYS.com.


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Un comentario

  1. Francisco Z. Lantos says:

    ¿POR QUÉ NO PODEMOS RESPETAR YA LAS EXIGENCIAS DE NUESTRAS SOCIEDADES MATERIALISTAS Y TOMAR ÉSTAS COMO BASE PARA NUESTROS CRITERIOS EN LA REDACCIÓN DE LOS PROYECTOS DE NUESTROS FUTUROS ASENTAMIENTOS HUMANOS?PRIVATE

    Acostumbrado a practicar nuestra profesión de arquitectura y de
    redactar los proyectos de edificios singulares según las Ordenanzas Municipales
    donde está ubicado el edificio, las que por otro lado se redactan según el
    crecimiento económico- industrial, de la población y demandas sociales,
    culturales y otros intereses creados, sistema que funcionaba perfectamente
    hasta que el crecimiento de la población del mundo era normal y las necesidades
    y demandas del hombre eran justas, pero hoy, cuando esto se ha cambiado en los
    últimos dos siglos de un proceso progresivo, casi sin darnos cuenta de ello, en
    una situación antinatural, en la que la población del mundo, con sus casi 6.000
    millones de habitantes es treinta veces más que la que tenía nuestro planeta
    durante miles de años y hasta la época de Jesucristo y la demanda de consumo de
    energía en los países desarrollados es 10-15 veces mayor que la que han tenido
    nuestros antepasados, que extendiéndose a toda la población podría significar
    una media de 4-6 veces mayor consumo de energía de lo normal y que nuestra
    naturaleza psico-somática realmente necesita, al que multiplicando por 30
    (aumento numérico de la población del mundo) significaría una media de 150
    veces más de consumo de energía, siendo nuestro planeta del mismo tamaño e
    incluso con menos recursos naturales que tenía en la época de Jesucristo.

    La consecuencia de estos cambios, de cuyos efectos negativos sólo hace
    50 años hemos descubierto, pero que al no tomarlas seriamente, hoy hemos
    llegado a una situación, cuando en el ciego intento de satisfacer, sin ninguna
    crítica, las erróneas demandas de nuestras sociedades extremadamente
    materialistas, nuestros asentamientos humanos (ciudades y poblados) se han
    perdido todos sus valores arquitectónicos y humanos, quedando desiertas las muchas
    medianas y pequeñas ciudades y poblados rurales para concentrarse el 50% de la
    población del mundo en grandes y caóticas Metro y Megaciudades, 15 de ellas ya
    con más de 10 millones de habitantes, en las que se fundieron, de manera
    arbitraria, en una conurbación, 20-50 ciudades existentes, donde reina las
    fealdades, ruidos, contaminaciones, inseguridad ciudadana, violencia y todo
    tipo de vicios, ofreciendo una vida miserable a sus habitantes.

    Empero, este proceso destructivo aún no ha llegado a su techo, sino,
    según las estimaciones estadísticas de las Naciones Unidas, si continúa esta
    tendencia, para el año 2050, nuestro planeta tendrá 10.000 millones de
    habitantes o sea 50 veces mayor de la que había en la época de Jesucristo y el
    consumo de energía se extenderá también entre los países en vías de desarrollo,
    llegando a una media de 5-7 veces mayor de lo normal, lo que significaría,
    multiplicando estos dos factores 250-350 mayor consumo de energía que se gastó
    en la época de Jesucristo.

    La consecuencia de esta antinatural y desenfrenada
    expansión demográfica y crecimiento de consumo de energía, aunando con la
    tendencia migratoria de la población del mundo desde las zonas rurales y
    conflictivas hacia las zonas rurales, será que para el año 2015 el 70% de la
    población del mundo vivirá en ellas, entre las que encontraremos 15
    Megaciudades entre 10-15 millones y 15 entre 15-28 millones de habitantes.

    Para imaginar el tipo de vida infernal que tendrían que sufrir los
    habitantes en estas monstruosas y deshumanizadas Megaciudades y Conurbaciones,
    sólo tenemos que recordar el tipo de vida que experimentan los habitantes de
    México City, Tokio, San Paolo, Calcuta, Shangai, Bombay, Los Ángeles, Nueva
    York, Londres, etc., ciudades Metropolitanas y Megaciudades que ya tienen esta
    caótica estructura y ambiente hostil y deshumanizado, pero que éstas, en los
    próximos 20 años pueden aún duplicarse en su extensión física y número de
    habitantes.

    Estos ejemplos y esta experiencia debería ser suficiente prueba y
    aviso de que no podemos respetar ni servir, ni un minuto más, las erróneas
    demandas del hombre contemporáneo de nuestras sociedades extremadamente
    materialistas y el verdadero papel de las personas quienes por su profesión
    tienen que redactar proyectos para nuestros futuros asentamientos humanos será
    buscar la causa real de nuestros males, que exigiría de él unos estudios
    profundos relacionados con nuestra vida y su relación con el mundo en el que se
    realiza y sólo cuando está preparado y capacitado de ver y juzgar las cosas en
    esencia y síntesis y siente que su verdad subjetiva coincide con la verdad
    objetiva, lo que refleja las Leyes de la Naturaleza, es cuando, tomando sus ideas sobre el
    mundo y de la vida como base para su comportamiento y actividades, pueda buscar
    las correspondientes soluciones arquitectónicas y urbanísticas de nuestros
    futuros asentamientos humanos.

    Es obvio que esta formación perfecta como hombre y profesional con
    capacidad creativa, en nuestra época de especializaciones sólo existe entre
    algunos pocos hombres inquietos quienes por sus diferentes ideas de las
    establecidas y rutinariamente practicadas por nuestros especialistas, hoy son
    ignoradas y despreciadas y en estas circunstancias es muy difícil de formar
    estos nuevos y necesitados profesionales, aunque una vez encendida la antorcha
    de un conocimiento acertado y necesitado ésta ya no se apaga, pero si esta
    búsqueda y autoformación se prolonga no tendremos tiempo para que el cambio,
    podía realizarse por proceso evolutivo y estaremos condenados a llevar nuestros
    errores hasta su conclusión, cuando a través de una destrucción inimaginable,
    en el nivel planetario, aprenderán los supervivientes, como siempre ha ocurrido
    en casos similares, la lección y tendrá más oportunidad de empezar una nueva vida
    de acuerdo con su naturaleza especial humana y en perfecta armonía con las
    Leyes de la Naturaleza
    que dirige la evolución y desarrollo de todas las vidas que componen nuestro
    mundo manifestado.

    En esta situación surge la pregunta de ¿qué podemos y debemos hacer
    para frenar este desastroso y destructivo desarrollo de nuestras ciudades y
    quienes son los llamados para marcar las directrices y criterios sobre los que
    tenemos que basar nuestras soluciones?

    Para contestar a esta pregunta diría que antes de
    todo tenemos que frenar la antinatural y desenfrenada expansión demográfica, el
    crecimiento del consumo de energía y la tendencia migratoria de la población
    desde las zonas rurales y conflictivas hacia las grandes ciudades
    Metropolitanas y Megaciudades y con una política de descentralización
    urbanística, promover los desarrollos de medianas y pequeñas ciudades y
    poblados rurales y evitar el crecimiento y formación de nuevas Megaciudades.

    Mientras tanto, para encontrar el tamaño, estructura y forma ideal de
    nuestros futuros asentamientos humanos correspondientes a las justas e
    intrínsecas necesidades de nuestra naturaleza psico-somática, tendríamos que
    buscar entre nuestros filósofos, poetas, artistas, arquitectos, científicos y
    otros pensadores, quienes, a través de sus inquietudes y preocupaciones por
    nuestro futuro en su búsqueda, han aprendido a ver y juzgar las cosas en
    esencia y han obtenido la luz que necesitamos y poseen la capacidad creativa de
    comunicar y expresar sus ideas a través de sus obras y darles oportunidad para
    realizarla y formar una escuela para preparar sus seguidores, quienes
    completarán y adaptarán con sus aportaciones la idea básica del Maestro a
    nuestras circunstancias y a la realidad.

    Tomando en consideración que una vez obtenida la idea básica, ésta
    tendría que realizarse en la obra, que en este caso es la ciudad entera, como
    entre todas las profesiones es la arquitectura a la que pertenece esta
    actividad, y por eso, incluso en su formación universitaria es el estudiante de
    arquitectura quién más recibe esta enseñanza global, donde se encuentran la
    filosofía, el arte y la ciencia, pienso que este hombre perfecto y completo lo
    tendríamos que buscar entre los arquitectos.

    Como para marcar pautas e ideas para una tendencia y actividades
    profesionales, sólo son necesarios pocos maestros, y como para la formación de
    un maestro es necesaria la materia prima innata, que debe poseer el aspirante
    para este privilegiado puesto, estos futuros maestros serían seleccionados muy
    cuidadosamente.

    Ahora, mientras no tengamos estos hombres especiales, quienes serán
    capaces de dar la solución ideal y necesitada de nuestros futuros asentamientos
    humanos podríamos aprender de la historia y ver si existían estas ciudades
    alguna vez, cuando era ésta, como eran y cual fue la causa de este acierto.

    Haciendo esto y tomando nuestra cultura cristiana como ejemplo,
    descubrimos que las ciudades de la Edad Media, cuando la “filosofía del mundo y
    de la vida” de los hombres de esta sociedad eran extremadamente espirituales,
    reflejando esta ideología fuertemente religiosa, estaban más bien dedicadas al
    Dios que al hombre. La estructura y la forma de las ciudades estaban dominadas
    por el único monumento que era la catedral o la iglesia, con sus dependencias,
    contrastando esta monumentalidad y privilegiada situación dentro de la ciudad,
    con casas de viviendas mal iluminadas y ventiladas, apiladas alrededor de unas
    estrechas calles sin alcantarillado e instalaciones sanitarias. En estas
    ciudades, el goce espiritual que ha proporcionado la iglesia y el ambiente
    pictórico y bello de las fachadas de los edificios estaba perturbado por las
    incomodidades e inconveniencias de las casas de los habitantes, modelo que no
    podemos tomar como ejemplo a seguir en nuestra búsqueda.

    De estas inconveniencias, cuando en el siglo XIV las contradicciones
    entre sus erróneas ideas sobre el mundo y la vida y la realidad eran más
    palpables, ellos mismos las han descubierto y perdiendo entusiasmo e interés
    hacia sus creencias e ideas poco a poco han abierto un nuevo camino de
    búsqueda, que para el siglo XV les llevó a una “filosofía justa y sobre el
    mundo y la vida”, en la que han logrado establecer un justo equilibrio
    entre sus necesidades espirituales y físicas que ha ocurrido en la época del
    Renacimiento y que duraba hasta el siglo XVIII, hasta el comienzo de la Revolución Industrial
    en Europa.

    En estas épocas, de acuerdo con esta filosofía, el hombre se descubre
    a sí mismo como un ser psico-somático y su relación con su Dios ya no es a base
    de miedo ni le ve como a un juez para castigarle por sus pecados, sino como a
    un amigo, un ser superior, cuyas cualidades, en menor grado, también posee el
    hombre, y en esta creencia se cambia totalmente la estructura y forma de las
    ciudades heredadas de la Edad Media. Nace un nuevo centro administrativo,
    socio-cultural, con Ayuntamiento y otros edificios administrativos y
    culturales, dedicado a las nuevas necesidades del hombre. Estos dos monumentos,
    uno dedicado al Dios y otro al hombre, no competían uno con el otro, sino
    conectados por la calle principal, marca la estructura de la ciudad, que es
    también expresada con sus volúmenes y siluetas sobre los tejados de la zona
    residencial, cuyas calles se ensanchan y sus casas se convierten en más
    cómodas, mejor iluminadas y ventiladas, dentro de las que sus habitantes
    encuentran dos hogares, uno en sus casas, para sus vidas íntimas, para realizar
    dentro de sus familias y otro en las calles, plazas y en edificios públicos
    para satisfacer sus necesidades espirituales.

    Estas ciudades, con sus tamaños definidos, estructuras claras y
    ordenadas, funcionales en la distribución de usos y expresivas y bellas en sus
    formas arquitectónicas, eran en esencia como cualquier organismo vivo, eran
    orgánicas, dentro de las que, el hombre se sentía cómodo, pudiendo realizar su
    vida en plenitud y obtener su felicidad.

    Comparando estas ciudades con las nuestras, en las que, con nuestra
    materialista “filosofía del mundo y de la vida” hemos convertido
    aquellas, podemos deducir que éstas eran las ciudades ideales que hemos perdido
    y las que buscamos para poder satisfacer y fomentar las justas necesidades de
    nuestra naturaleza psico-somática.

    Tomando estas ciudades como modelo de nuestros asentamientos humanos,
    éstas también tendrían que ser orgánicas, lo que quiere decir, definidas en
    tamaño, clara y ordenadas en su estructura, funcional en la distribución de uso
    y expresiva y bella en su forma.

    Hemos visto que la causa de esta perfección era la
    justa “filosofía del mundo y de la vida” y el perfecto estado de la
    naturaleza psico-somática de la especie humana y el no exagerado número de
    600-800 millones de la población del mundo de esta época, las dos condiciones
    que hoy no tenemos. Por un lado, debido a nuestra extremadamente materialista
    “filosofía del mundo y de la vida”, el perfecto estado de nuestra
    naturaleza psico-somática se degeneró y nos ha incapacitado de vibrar al
    unísono con las Leyes de la Naturaleza, tener una idea común y compartida entre nosotros
    y por eso de poder entendernos y adaptarnos, de manera natural y espontánea, a
    la idea subyacente, que guía el desarrollo y evolución de nuestro mundo
    manifestado, en el que nosotros, con nuestra vida, tenemos un papel específico
    pero no más importante que los otros seres animados que componen este mundo,
    por otro lado y justamente como consecuencia de nuestra incapacidad de
    adaptarnos con nuestro comportamiento y actividades a esta idea subyacente por
    intentar adueñarnos del mismo, hemos aumentado desproporcionadamente el número
    de nuestra especie, que hoy, con sus 6.000 millones de habitantes es diez veces
    mayor que la que tenía el mundo en la época del Renacimiento cuando logró
    establecer la ciudad ideal, capaz de satisfacer las justas necesidades de
    nuestra naturaleza especial humana.

    Tomando este hecho en consideración y que ya, cuando hemos descubierto
    esta exigencia de nuestra naturaleza, tenemos treinta Megaciudades entre 5-15
    millones de habitantes, aplicar este modelo en estos caos sería difícil, pero
    no olvidemos que el número de habitantes en estas deshumanizadas Megaciudades y
    las que no sobrepasaban un millón de habitantes no son más que 600 millones o
    sea el 10% de la población del mundo, en el resto de 90% aún podríamos
    intervenir, creando nuevos o renovadas ciudades existentes por debajo de un
    millón de habitantes, que es el máximo tamaño de una ciudad orgánica que podría
    ser definida en su extensión, ordenada en su estructura y funcional en su
    distribución de uso y expresiva y bella con su forma.

    Madrid, 28 de Diciembre de 1996
    Francisco Z. Lantos

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