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LA PLANEACIÓN URBANA CONTRA
LA CULTURA CIUDADANA EN COLOMBIA. Los efectos de la situación de
dependencia que han caracterizado el devenir histórico colombiano no se han
limitado a condicionar nuestro funcionamiento estructural, económico, sino que,
como era lógico. han afectado todos los demás y, con consecuencias posiblemente
peores, signaron nuestro desarrollo cultural e ideológico.
LA AUSENCIA HISTÓRICA DE LO URBANO. En relación con los elementos culturales
referenciales que sustenta ron la producción espacial que se dio inicialmente en
nuestro país, a partir de los procesos deja Conquista y de la Colonia, habría
que decir que si bien es cierto que e fenómeno de aniquilamiento de la población
indígena y de destrucción de su contexto superestructural fue más lento que, por
ejemplo, el caso norteamericano (porque nuestros conquistadores y colonizadores
prefirieron “integrar los aborígenes”, esqui1m como fuerza de trabajo) en todo
caso no puede decirse que fue menos “eficaz”. De allí que en Colombia en
términos de la construcción morfológica de los centros de aglomeración
poblacional y de su gestión tanto económica como institucional se partió sólo
con e) bagaje que traían de España `nuestros descubridores”. Sin embargo, por la
misma ubicación —en todo caso no dominante— que tenía España en el contexto del
desarrollo capita lista mundial, así como por las formas de sujeción
institucional que marearon el tipo de dependencia que mantenía la dominación
ibérica en la colonia no se necesitó y por tanto no se generó una producción de
centros urbanos poderosos que con su crecimiento y desarrollo constituyeran en
su interior una problemática realmente importan te en términos de producción
espacial y menos con características urbanas definidas. En gran parte por eso la
estructura espacial que presentaba nuestro país después de la “Independencia”,
en la segundad mitad del siglo XIX, se reducía a una extensa y muy variada
geografía rural salpica da por una gran cantidad de provincias y aldeas que sólo
la importancia histórica de la gesta libertadora ye papel que jugaron en ella
han hecho que perduren como instancias urbanas. Esta
estructura se mantuvo más o menos en las mismas condiciones durante todo el
resto de siglo, pues la sucesión de guerras civiles que cubrió las décadas
siguientes hasta los albores del siglo XX no permitió concentrar los esfuerzos
en la constitución de nuestra nacionalidad y en lugar de una concentración de
población lo que se produjo fue el mantenimiento de su dispersión: a lo que hay
que agregar los efectos de a aniquilación de gran parte de los habitantes
campesinos. A esto, que tuvo su razón de ser en la vehemencia con que las clases
dominantes de nuestra formación socia defendieron a sangre y fuego sus intereses
económicos, ideológicos y políticos —manteniendo en términos de cultura” una
posición de tipo regionalista y provincial— hay que adicionar el hecho
definitivo de que Colombia encuentra su lugar en la economía mundial, desde su
posición de dependencia, sólo a finales del sig XIX con la producción y
explotación del café. Es decir, el siglo XX a más de destruidos y dispersos nos
encuentra apenas empezando a estructurar nuestra economía. Con el final del
siglo X también “finalizaron” las guerras civiles y la posibilidad real de
equilibrar la economía permitió una estabilidad que la nación como tal nunca
había conocido. La decidida dirección capitalista de nuestras estructuras no
dejó de acentuarse y a nivel de conglomerados citadinos se pudo presentar un
movimiento de configuración de los mismos. Así, de 1905 a 1938, las cuatro
principales ciudades del país triplicaron su población y Bogotá mostraba a
principios de la década de los 40 arriba de 330.000 habitan tes, en tanto que
Medellín y Barranquilla pasaban ya de 150000 e incluso Cali habla sobrepasado
los 100000 (Mc Greevey: 1971: 110). Estos son los “grandes”
centros urbanos que encuentra la industrialización capitalista, iniciada de una
manera definitiva en el país y obligada por las transformaciones que a nivel
mundial había tenido el sistema en su conjunto. La crisis de 1929 y los avatares
de la segunda guerra mundial habían “resuelto” el mundo y, fuera de nuestras
fronteras, se había decidido el futuro nacional y puesta la estructura económica
a funcionar en la perspectiva de la sustitución de importaciones”. Así empezó a
transformarse la economía en e campo y esto combina do con e fenómeno anterior,
que tendió a ubicarse principalmente en las ciudades, desataron de manera
irreversible el proceso de las migraciones urbano-rurales que marcaron la
entrada de nuestro país al desarrollo capitalista. Este movimiento, que entre
otras muchas características tuvo la de lo acelerado de su precipitación: en 13
años 1938-1951) saturó el espacio urbano que el país había logrado construir en
los escasos 30 anteriores. Cuando empieza la década de 1950 la conciencia de la
incapacidad de la estructura urbana del país para contener la afluencia de
inmigrantes que e desarrollo descrito había precipitado era clara para los
sectores dominantes. Tan clara que los llevó a implementar un programa de
contención, control y represión de la población. Que a nuestro entender marco
definitivamente lo que iba a ser la relación de los ciudadanos con la ciudad en
la historia del país: El estado de sitio, el toque de queda y la violencia
fueron las formas tangibles de manifestarse ese programa; por otro lado se
entronizó la planeación urbana como la manera tecnocrática de enfrentar la
problemática urbana. De allí que durante las décadas del 40 y sobre todo en la
del 50, en torno a la calidad del espacio urbano de las ciudades y de sus
posibilidades de apropiación y disfrute, nuestra sociedad se vio abocada a
movimientos y relaciones demasiado complejos y definitivos en la determinación
del estado actual de su espacio habitable. (Colaborado por: Raul Nolasco Kipes,
Argentina, Fuente: PLAN CONTRA LA RECREACIÓN DE
LA CIUDAD ) |