El deslumbramiento


   


El deslumbramiento. Un signo esencial para la calidad de una iluminación es la limitación del deslumbramiento que se produce.

Se denomina deslumbramiento tanto la disminución objetiva de la actuación visual como la alteración subjetiva de la visión debido a la aparición de altas luminancias o altos contrastes de luminancias en el campo visual. En una disminución objetiva de la actuación visual se habla de un deslumbramiento fisiológico.

Esto significa que en el ojo la luz de una fuente de luz recubre la gama de luminancias de la verdadera tarea visual y empeora así su perceptibilidad. Razón de la superposición de las luminancias de tarea visual y fuente de luz deslumbrante puede ser la superposición de ambas imágenes sobre la retina; para la disminución de la actuación visual es suficiente la superposición de la luz de dispersión, que se produce por la dispersión de la luz deslumbrante en el ojo.

El grado de la dispersión de luz depende sobre todo de la opacidad en el interior del ojo; esta opacidad, que aumenta con la edad, es responsable de la mayor sensibilidad ante deslumbramientos de las personas mayores. El caso extremo de deslumbramiento fisiológico es el deslumbramiento perturbador. Se produce cuando existen luminancias superiores a 104 cd/m2 en el campo visual, como por ejemplo por mirar al sol o directamente a fuentes de luz artificiales. El deslumbramiento perturbador es independiente del contraste de luminancia hacia el entorno, no se puede eliminar mediante el aumento del nivel de luminancia. El deslumbramiento perturbador, no obstante, raras veces resulta ser un problema en la iluminación arquitectónica.

Mucho más frecuente es en este caso el deslumbramiento relativo, en el que la disminución de la actuación visual no se origina por luminancias extremas, sino por contrastes de luminancias demasiado altas en el campo visual. Si a través de la fuente de luz deslumbrante no se produce ninguna disminución objetiva de la actuación visual, sino únicamente una sensación de perturbación subjetiva, entonces podemos hablar de un deslumbramiento psicológico . Origen del deslumbramiento psicológico es la distracción involuntaria, que emana de altas luminancias en el campo visual. La mirada siempre se dirige de la tarea visual a la fuente de luz deslumbrante, sin que este campo de una elevada luminosidad en cambio pueda ofrecer la información esperada; la fuente de luz deslumbrante produce el ruido óptico —parecido a un ruido molesto—, que atrae la atención sobre sí y perturba la percepción.

Debido a la repetida adaptación a distintos niveles de luminosidad y diferente distancia de tarea visual y fuente de luz deslumbrante, se produce una carga en el ojo que se percibe como desagradable o incluso dolorosa. A pesar de una actuación visual objetivamente uniforme, se produce así en el deslumbramiento psicológico una enorme incomodidad; el rendimiento en el puesto de trabajo se reduce. A diferencia del deslumbramiento fisiológico, que se puede explicar independientemente de cada situación al traspasar los valores límite dados fisiológicamente para luminancia o contrastes de luminancia, en el deslumbramiento psicológico se trata de un problema del procesamiento informativo que desligado del contexto —del contenido informativo del entorno visual y de la necesidad informativa de cada situación— no se puede describir.

De este modo el deslumbramiento psicológico puede no tener lugar aunque existan considerables contrastes de luminancia, contrastes de los que se esperan y transmiten informaciones interesantes, por ejemplo en caso del brillo sobre arañas de cristal o al echar una mirada por la ventana hacia un panorama interesante. Por otro lado, contrastes de luminancia más bajos ya pueden provocar el deslumbramiento psicológico, si estos contrastes recubren informaciones mas importantes y no disponen de informaciones propias; así por ejemplo en reflejos sobre papel cuché brillante, observando el cielo uniformemente cubierto o un techo luminoso. Tanto el deslumbramiento fisiológico como el psicológico aparece en dos formas. En primer lugar se debe nombrar el deslumbramiento directo, en el que la propia fuente de luz deslumbrante está presente en el entorno de la tarea visual. El ángulo del deslumbramiento depende sobre todo de la luminancia de la fuente de luz deslumbrante, de su contraste de luminancia a la tarea visual, su tamaño y su proximidad a la tarea visual.

La segunda forma de deslumbramiento es el deslumbramiento por reflexión. En este caso la fuente de luz deslumbrante es reflejada por la tarea visual o su entorno. Esta forma de deslumbramiento depende de los factores antes mencionados además del grado de brillo y la situación de la superficie reflectante. Sobre todo el deslumbramiento psicológico debido a la luz reflectante representa un problema considerable en la lectura de textos escritos sobre papel cuché y los trabajos en pantalla, porque la competencia entre la tarea visual poco alejada y la imagen de la fuente de luz claramente más alejada lleva a un rápido cansancio de los ojos debido al continuo cambio de convergencia y acomodación. La valoración de luminancias y contrastes de luminancias, que posiblemente pueden producir efectos deslumbrantes, depende esencialmente de cada entorno y de los objetivos de la iluminación. Para un entorno con iluminación festiva o dramática valen otras normas que para un puesto de trabajo; lo que en un caso significa brillo deseado, en otro significa deslumbramiento no deseado.

También las direcciones visuales predominantes desempeñan un papel significativo; una iluminación que estando sentado en una postura recta no deslumbra, puede deslumbrar si nos inclinamos en el sillón hacia atrás. Normas formalizadas para la limitación de deslumbramientos existen en el área de la iluminación de puestos de trabajo; se refieren sobre todo al caso normal de una ocupación sentado y una iluminación con luminarias de retícula. Por la altura de asiento y la dirección visual preferenciada resultan zonas en las cuales las fuentes de luz deslumbran la mayoría de las veces. Además del deslumbramiento por ventanas, los efectos de deslumbramiento proceden casi siempre de luminarias en determinadas zonas del techo. La zona del techo delante del observador puede originar el deslumbramiento directo, que en ángulo se ve más plano que 45°. El deslumbramiento por reflexión, en cambio, se produce sobre todo debido a las luminarias en la zona del techo inmediatamente delante del observador.

Un caso especial produce el deslumbramiento por reflexión sobre pantallas, es decir, sobre superficies dispuestas prácticamente en vertical. El deslumbramiento se produce en este caso sobre todo por fuentes de luz deslumbrantes en la zona del techo detrás del observador. Una disminución de los efectos deslumbrantes se consigue de pronto mediante la reducción del contraste de luminancias, sea mediante el aumento de la luminancia del entorno, sea mediante la reducción de la luminancia de la fuente de luz deslumbrante. También se puede evitar el deslumbramiento por la disposición de las luminarias. Gracias al colaborador Tomas Matias Rodriguez por enviarnos este material para ser publicado. [ Equipo arquitectura y construcción de ARQHYS.com ].


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