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"La arquitectura en la era digital". La
creatividad del proyecto de grado del estudiante Jorge Santiago cautivó al
jurado de la pasada Bienal Internacional de Arquitectura, que lo seleccionó como
mejor propuesta en su categoría. Para el joven Jorge Santiago Hernández, la
arquitectura hace un uso limitado de la tecnología. Se impacienta al ver cómo en
la mayoría de los casos la computadora es sólo un aparato de cálculos y se obvia
el mundo de creaciones innovadoras que este equipo puede ofertar al oficio
arquitectónico. Como muestra de las posibilidades que ofrece la tecnología, este
joven arquitecto presentó como proyecto de grado una edificación inteligente,
capaz de cambiar según la especialización del sonido. Los cambios o movimientos
del edificio se logran a través de un Sotfware de computadora, por lo que su
autor lo denominó "arquitectura de la era digital". Además de obtener la más
alta calificación y las felicitaciones de profesores de la Universidad Nacional
Pedro Henriquez Ureña (UNPHU) donde hizo su carrera, la creatividad del
arquitecto Jorge Santiago le mereció el reconocimiento internacional al resultar
ganador del primer lugar en la categoría "Trabajo de Grado" durante la pasada
Bienal Internacional de Arquitectura. En el certamen, celebrado en el país en
noviembre pasado, participaron más de cien proyectos arquitectónicos, los cuales
fueron evaluados por un jurado mixto, compuesto por reconocidos profesionales de
área, provenientes de Brasil, Francia, Alemania y República Dominicana. "Fue
algo que no me esperaba, porque no sabía que el proyecto sería tan especial y
ganador. Si creía que sería impactante, pero no que le gustaría a todo el
mundo". El premio ha significado mucho para Jorge Santiago, pero lo más
importante que destaca, es saber que el suyo fue el mejor trabajo de
arquitectura de estudiante desde el 2002 al 2006, que fue el periodo que abarcó
la bienal, y que incluyó a estudiantes de Puerto Rico.
El proyecto. La idea de Jorge Santiago de un edificio inteligente que
puede cambiar de forma al compás de la música, tomó vida en un auditorio de
sinfónica. "Una vez yo estaba aburrido y puse un poco de música, me animé y
pensé que en la arquitectura podía hacer lo mismo, hacer que las paredes se
muevan, y entonces hice un laboratorio de sinfónica", recuerda. Para
representarlo, creó una estructura donde las paredes y los paneles acústicos
pueden mutarse según el ambiente y las notas musicales de cada momento.
"Al momento en que se está tocando cualquier tipo de música, las vibraciones van
a los técnicos de audio y luces, que disponen de una base de datos en su
computadora, y desde donde se emiten unos comandos específicos para cada pared,
cada luz, y cada panel", indica. La mutación del auditorio también requería de
un sistema hidráulico y mecánico para que las paredes se movieran sin que
provocaran ellas misma un sonido. Unos cuatro años le tomó al joven arquitecto
darle forma a sus ideas, tiempo en el que debió enfrentarse a varios
contratiempos, no especificados. Aunque contaba con una experiencia acumulada de
computadora desde los años de bachillerato, cuando su padre, que también es
arquitecto, lo introduce en el sistema de autocard, Jorge Santiago afianzó sus
conocimientos sobre tecnología arquitectónica, en Barcelona, a donde viajó
gracias a un intercambio universitario. "Yo me llevé la idea de la tesis
de aquí, pero en Barcelona aprendí más cosas, porque tuve la suerte de tomar
clases de estructura metálica y nuevas tecnologías, pero además muchas de estás
cosas se están implementando allá y lo pude palpar". De su viaje le favoreció
además el que, a diferencia de la forma de enseñar del país que a su juicio es
muy gráfica, "en Barcelona la enseñanza es más técnica, y el arquitecto se
encarga de todo. De la mecánica, de la estructura, de la parte sanitario y la
electricidad y al estudiante lo preparan para que calcule sus propios
edificios".
La jungla arquitectónica. Aunque feliz de saber que su idea ha gustado entre
sus colegas, el joven de 27 años lamenta que en la arquitectura utilicen la
computadora solo para dibujar y medir planos y no para generar las nuevas cosas
que permite ese aparato tecnológico. "Se dice que la arquitectura es como una
jungla de concreto, pero hay también quienes creen que se puede hacer más
dinámica. Ojalá se pueda hacer ese tipo de cosas (como el auditorio) más allá de
los planos y la maqueta, y que la sociedad lo acoja, porque aquí tu tienes que
usar lentes y tener canas para que te crean las cosas". El joven se lamenta de
que pueda ser cierto aquello de que "la vida del arquitecto empieza después de
los 50".
LA MAQUETA. El auditorio, de forma ovoide cortada, consta de todos los
componentes que requiere una sinfónica, y se divide en dos grandes bloques
independientes, uno que corresponde a la sala mutante y otra sala "normal" que
es libre a todo público. El edificio tiene estructuras metálicas con vigas, que
se colocan de manera única e independiente, y se cruzan de un extremo a otro
para lograr la forma irregular. Las paredes llevan un recubrimiento con paneles
de concreto modulados o cerámica, para lograr una mejor curvatura. Aunque con la
idea y la documentación necesarias para darle forma al proyecto, al momento de
presentar su propuesta, Jorge Santiago decidió simplificar su creación y exhibir
una maqueta de un edificio, cuya pantalla prende luces diferentes acorde con la
música, y que dependiendo de las frecuencias de las vibraciones, será el color y
la intensidad de dichas luces. Por: Tania Molina
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