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El título de este Foroabiero es homónimo de un libro
escrito por Frederich Engels hace más de un siglo, y trae al debate un
problema viejo, pero a la vez actual, porque no se está resolviendo. Comencemos
con una ligera disquisición: Si Usted y yo decidimos salir a comprar un vehículo
de motor, un automóvil mediano o una jeepeta, hoy por la mañana, en unas horas,
al mediodía, el reluciente vehículo es nuestro, y estaremos paseando en él, por
la atestada 27 de febrero o luciéndolo por “la Lincoln.” |
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Habremos pagado inicial, de solo un 10%, con un “tarjetazo” y obtenido
financiamiento inmediato del resto a un plazo de cinco años, seguro full
inmediato, radio full, caja de CD. Todo ello en unas horas. El dealer nos
proveerá de una matricula, placa y marbete provisionales, ni siquiera comprueba
si tenemos licencia de conducir. Salgamos en cambio, a comprar una vivienda, del
mismo valor del automóvil o la jeepeta, sentémonos en la sala de espera de una
Asociación de Ahorros y Préstamos o un banco. Luego de una espera saldremos con
un instructivo de requisitos: Un examen médico, radiografía del tórax propio, y
del tórax de su mujer, constancia de ingresos, impuestos al día, seguro de vida,
certificado de matrimonio, etc. Si cumplimos todo ello, al cabo de un par de
meses, con suerte, estaremos firmando el contrato y nuestro título de propiedad
lo veremos si acaso dentro de nueve meses: Luego de un parto. Esta fútil
comparación ilustra la abismal diferencia de un sistema que promueve el
automóvil, un ente congestionador del espacio público, contaminador del ambiente
y causante de la mayor cantidad de muertes accidentales, mutilaciones,
discapacidades y consumidor voraz de una alta cuota del presupuesto de sus
tenedores.
La “vivienda” posee organismos oficiales que la regulan, promueven, financian y
la consignan como un “derecho universal.” Pura palabrería populista,
politiquería barata. La mayoría de las familias dominicanas tiene que agenciarse
su vivienda por su cuenta, apropiándose de un terreno sin título y construirse
una casucha precaria para guarecerse -el clima lo permite- mientras la mejora
lentamente. La mayoría no accede al financiamiento formal y no puede convertir
su inversión en un activo negociable o instrumento de crédito o garantía.
Mientras eso ocurre, el parque vehicular urbano se incrementa a una tasa mucho
mayor que el crecimiento poblacional urbano, y la vivienda urbana en cambio,
registra un déficit creciente desde hace cuarenta años. El futuro urbano apunta
a una ciudad con un centro “habanizado” como decíamos en el anterior foro, con
una periferia “nairobizada” pero eso sí, muchas jeepetas, conchos destartalados
y enjambres de motoconchos en cada esquina. Parece una locura -lo es- no nos
detenemos a pensar cuales son nuestras opciones. Mientras tanto nuestras
entidades ofrecen, sentadas en sus escritorios, cómodos y lujosos:
financiamiento, bonos habitacionales o “pisos de tierra. “No hay en cambio, una
oferta de tierra urbana, es decir, infraestructura básica y tierra con títulos,
real, significativa y accesible. La vivienda genera mayor cohesión familiar,
capacidad de ahorro y calidad de vida que el automóvil. Mientras no lo veamos
claro - y actuemos en consecuencia- estamos perdiendo el tiempo y la oportunidad
de desarrollarnos. Por: Arq. Pedro Mena. Revista habitat. DiarioLibre, version
digital. |