Casas dominicanas


   


Casas dominicanas.

Habremos pagado inicial, de solo un 10%, con un “tarjetazo” y obtenido financiamiento inmediato del resto a un plazo de cinco años, seguro full inmediato, radio full, caja de CD. Todo ello en unas horas. El dealer nos proveerá de una matricula, placa y marbete provisionales, ni siquiera comprueba si tenemos licencia de conducir. Salgamos en cambio, a comprar una vivienda, del mismo valor del automóvil o la jeepeta, sentémonos en la sala de espera de una Asociación de Ahorros y Préstamos o un banco.

Luego de una espera saldremos con un instructivo de requisitos: Un examen médico, radiografía del tórax propio, y del tórax de su mujer, constancia de ingresos, impuestos al día, seguro de vida, certificado de matrimonio, etc. Si cumplimos todo ello, al cabo de un par de meses, con suerte, estaremos firmando el contrato y nuestro título de propiedad lo veremos si acaso dentro de nueve meses: Luego de un parto.

Esta fútil comparación ilustra la abismal diferencia de un sistema que promueve el automóvil, un ente congestionador del espacio público, contaminador del ambiente y causante de la mayor cantidad de muertes accidentales, mutilaciones, discapacidades y consumidor voraz de una alta cuota del presupuesto de sus tenedores. La “vivienda” posee organismos oficiales que la regulan, promueven, financian y la consignan como un “derecho universal.” Pura palabrería populista, politiquería barata. La mayoría de las familias dominicanas tiene que agenciarse su vivienda por su cuenta, apropiándose de un terreno sin título y construirse una casucha precaria para guarecerse -el clima lo permite- mientras la mejora lentamente.

La mayoría no accede al financiamiento formal y no puede convertir su inversión en un activo negociable o instrumento de crédito o garantía. Mientras eso ocurre, el parque vehicular urbano se incrementa a una tasa mucho mayor que el crecimiento poblacional urbano, y la vivienda urbana en cambio, registra un déficit creciente desde hace cuarenta años. El futuro urbano apunta a una ciudad con un centro “habanizado” como decíamos en el anterior foro, con una periferia “nairobizada” pero eso sí, muchas jeepetas, conchos destartalados y enjambres de motoconchos en cada esquina.

Parece una locura -lo es- no nos detenemos a pensar cuales son nuestras opciones. Mientras tanto nuestras entidades ofrecen, sentadas en sus escritorios, cómodos y lujosos: financiamiento, bonos habitacionales o “pisos de tierra. “No hay en cambio, una oferta de tierra urbana, es decir, infraestructura básica y tierra con títulos, real, significativa y accesible. La vivienda genera mayor cohesión familiar, capacidad de ahorro y calidad de vida que el automóvil. Mientras no lo veamos claro – y actuemos en consecuencia- estamos perdiendo el tiempo y la oportunidad de desarrollarnos. Por: Arq. Pedro Mena. Revista habitat. DiarioLibre, version digital.


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