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Más tarde, a finales del siglo XIX en arquitectura y a
mediados del siglo XX en pintura y escultura, los maestros y escuelas artísticas
estadounidenses iban a ejercer una decisiva influencia sobre el arte y la
arquitectura mundiales. Este periodo coincide con la creciente supremacía
económica y política en el ámbito internacional y pone de manifiesto la
prosperidad del país. Debido a la gran extensión geográfica del país, dentro de
una línea básica de evolución artística se generaron diferencias estilísticas.
Las regiones colonizadas por los diferentes países europeos reflejan una
temprana herencia colonial en sus formas artísticas, sobre todo en arquitectura,
aunque en menor medida desde mediados del siglo XIX. Las variaciones
climatológicas también determinan distinciones regionales en las tradiciones
arquitectónicas. Además, existen diferencias entre el arte urbano y el rural
dentro de las distintas regiones: debido a su aislamiento, los artistas rurales
se mantuvieron apartados de la influencia de las principales corrientes
artísticas y desarrollaron modos de expresión individuales, imaginativos y
directos, al margen de las convenciones formales establecidas. Este tipo de arte
se engloba en la tradición del arte popular o arte naïf. Las artes decorativas,
en especial la metalistería y el mobiliario, también son una importante forma de
expresión artística durante el periodo colonial. La orfebrería, en el siglo XVII,
y el mobiliario, en el siglo XVIII, fueron quizá las formas artísticas
estadounidenses más significativas y encarnaron las tradiciones más vivas y
sofisticadas. LA ÉPOCA COLONIAL.
El arte y la arquitectura de las colonias angloamericanas revelan las
diversas tradiciones nacionales de los colonizadores europeos, aunque adaptadas
a los peligros y duras condiciones de un vasto territorio indómito. Las
influencias españolas prevalecen en el oeste, mientras que los estilos ingleses,
mezclados con los franceses y alemanes, predominan en el este. En los siglos
XVII y XVIII, los colonizadores españoles del actual suroeste estadounidense se
encontraron con una tradición constructiva autóctona, en la que el principal
material era el adobe, utilizado en combinación con otros materiales adecuados
al clima de la región. Las iglesias coloniales españolas en Arizona y Nuevo
México, y la cadena de misiones desde San Diego a San Francisco, en California,
muestran una fusión en el campo de la arquitectura y el diseño entre las
tradiciones indígenas americanas y las tradiciones cristianas. En Nuevo México,
los indios pueblo aplicaron su tradición del adobe al estilo colonial para crear
de este modo la más notable y genuina forma de la primera arquitectura de una
región que se convertiría en parte de Estados Unidos. En otras áreas, los
estilos autóctonos no iban a ejercer una influencia duradera en el arte y la
arquitectura coloniales. La historia de la arquitectura en el resto de Estados
Unidos corre paralela al desarrollo de la europea, particularmente de la
inglesa, cuyos estilos fueron adoptados en Estados Unidos después de cierto
tiempo. Del mismo modo que la arquitectura, la pintura colonial del siglo XVII
recuerda los estilos ingleses que se habían implantado en las áreas rurales
ocupadas por los colonos al menos un siglo antes. Las primeras pinturas, todas
retratos, se realizaron en Nueva Inglaterra y datan de la década de 1660, una
generación posterior a la fundación de la colonia. La pintura y la decoración
religiosas se desarrollaron en el suroeste durante este siglo. En la costa este,
las únicas manifestaciones escultóricas que se conservan de este periodo
surgieron subordinadas a las artes decorativas, como la ebanistería y la
metalistería en hierro y plata. (Enviado por: Pedro
de Jesus A., Fuente oficial:
Archivo de consulta personal..) |