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EN EUROPA: LA CULTURA URBANA
RESISTE A LA PLANEACIÓN. Cuando a principios de la segunda mitad del
siglo pasado las manifestaciones definitivas del inicio de la construcción de la
nueva ciudad empezaron a evidenciarse en París, con la realización de los
proyectos viales diseñados y desarrollados por Haussmann, se inauguró un
movimiento que en términos de la conformación de la urbe capitalista iba a
signar la historia de este sistema. Ese movimiento mareaba también la
finalización de la vigencia de la espacialidad que como resultado de las
transformaciones determinadas por prácticamente toda la historia de la sociedad
occidental durante siglos había logrado configurarse en los países europeos.
Esto significa que la estructura urbana propuesta por el capitalismo se encontró
con la realidad estructurada históricamente de otros urbanismos a los que no
podía ignorar. Es más, la aparición del funcionalismo, el planteamiento de la
zonificación que le sigue y la implementación política de la planificación
urbana que los materializa sólo surgen cuando el desarrollo capitalista se
adentra en su etapa imperialista. Toda la historia previa de la dominación
capitalista ha transcurrido en un ambiente espacial con el cual se ha tenido que
relacionar, como si dijéramos, partiendo de la situación del advenedizo. Sólo
sus connotaciones de movimiento históricamente fundado le permitieron adaptarse
a tal espacialidad y, como en todo hecho colectivo, en su consolidación
encontrar la manera de (él también) transformarla y constituirse así, por pura
dialéctica, en coproductor de esa morfología urbana. Esto ubicó desde el
principio las pugnas que hemos mencionado en el terreno de la lucha política
pues se trataba, en ultima instancia, del intento definitivo del capitalismo por
privatizar el espacio urbano, enfrentando los intereses (ideológicos y
culturales) que antes le habían dado a la ciudad una connotación de espacio
público. Connotación que habla encontrado su materialización en los espacios
colectivos de las ciudades, pero sobre todo en la calle. Esta
ubicación definitiva de a construcción de a ciudad capitalista ene1 terreno de
la lucha política enfrentó a la tendencia del capital no sólo con as
concepciones ancestrales ya constituidas y materializadas en una espacialidad
históricamente definida, sino también con los intereses del proletariado que no
sólo les daba vigencia a os ya constituidos sino que los enriquecía con sus
propios desarrollos: especialmente la socialización coherente del espacio. De
esta manera la vivencia de las ciudades europeas actuales se ha presentado como
pérdida en momentos de descenso de la lucha de clases o como rescate en aquellos
de auge: de riqueza de las posibilidades lúdicas y recreativas del espacio
urbano. En gran parte por esto es por lo que siempre ha existido en Europa una
reserva, una cierta capacidad para propender por un disfrute lúdico del espacio
urbano; por ello, la calle, por decirlo así, siempre se ha mantenido viva.
Incluso se ha tenido la posibilidad de reinterpretar las realizaciones
típicamente capitalistas Hasta el punto de que todavía las ciudades europeas
pueden ser reconocidas por sus plazas y paseos, es decir, por aquella
espacialidad creada, preservada, rescatada y definida por la población: es la
defensa colectiva de la cultura lo que refleja la presencia de lo artístico en
las ciudades, alerta constantemente a los ataques interminables de ]a dominación
y e] espacio fraccionado y zonificado de] capital. Por eso lo que se plantea
ahora en el contexto de los países europeos por parte de lo que puede ser
llamado la vanguardia de] pensamiento arquitectónico y urbanístico es la
reconstrucción de las ciudades, enfrentando de esta manera la tarea
desestabilizadora y destructora llevada a cabo por la zonificación funcionalista
y la planificación urbana. Se entrecruzan así los trabajos de investigación y
los contra proyectos presentados por arquitectos como Leo Krier y Aldo Rossi que
presentan como elemento centra] el rescate del espacio público y colectivo. Es
lo que se mantiene latente también en expresiones como las de Schimidt y Stahr.
“La ciudad no es un parque parad tiempo libre de el que además se debe pagar
para la distracción. Ese1 receptáculo de todas las actividades necesarias para
la vida cotidiana. Es magnifico si además queda espacio libre para el desarrollo
de la actividad cotidiana o para fiestas, pero en lugar de planificar ese
espacio para Juegos con dudosos elementos de madera, piedra o vegetales, la
tarea del arquitecto consiste en arreglar y formar el espacio recién liberado de
tal manera que se adapte de nuevo a las personas, lo que significa que está
desarrollándose la vida social sin trabas”. (Schi-midt y Stahr: 1979: 79-81). (Colaborado por: Raul Nolasco Kipes,
Argentina, Fuente: PLAN CONTRA LA RECREACIÓN DE
LA CIUDAD ) |