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ANTONIO SANT’ELIA (1888-1916) redacta el
Manifiesto de la Arquitectura Futurista, firmado en Milán el 11 de junio de
1914, y publicado en la revista Lacerba el 10 de agosto del mismo año; ésta es
su principal aportación al movimiento. En el mes de mayo de ese mismo año
participa como miembro fundador del grupo Nuove Tendenze en la exposición
celebrada en los salones de la Famiglia Artistica, con dibujos y proyectos sobre
la Ciudad Nueva. En el catálogo de esta exposición Sant’Elia publica un texto “Messaggio”,
que hace referencia a los problemas de la arquitectura y del urbanismo modernos;
este texto es básicamente idéntico al del posterior manifiesto futurista. Hay
dudas sobre la autoría de este último; unos lo atribuyen a Marinetti, mientras
que otros adjudican la idea a Sant’Elia y la redacción a Nebbia. El manifiesto
se ajusta a los principios generales del futurismo, ya que en él se proclama,
entre otras cosas, el rechazo de todos los estilos profesionales, de las líneas
perpendiculares y horizontales, de las formas cúbicas y piramidales por su
estatismo y pesadez, y la destrucción de la arquitectura existente. Declara que
la arquitectura futurista es la arquitectura del cálculo y de la audacia, la de
los nuevos materiales (cemento armado, hormigón, vidrio, hierro, cartón, etc.);
afirma que la decoración es un absurdo, que han de usarse las líneas dinámicas,
oblicuas y elípticas, que se debe buscar la inspiración en el mundo mecánico y,
por último, que ha de ser una arquitectura caduca que obligue a una renovación
constante del entorno arquitectónico. El gran tema de sus proyectos es la
ciudad, y una de sus grandes preocupaciones, la organización del tráfico de la
misma. Hace una defensa de la nueva arquitectura en tono apasionado, observable
en sus dibujos, pero que, en cambio, no se ve reflejada en sus obras, inspiradas
principalmente en el Art Nouveau, en la línea de Wagner y Hoppe. Sin embargo,
estos textos se han de considerar una importante anticipación a las futuras
utopías tecnológicas del siglo XX.
MARIO CHIATTONE (1891-1957) participa en la
exposición del grupo Nuove Tendenze con los proyectos de tres obras, de las
cuales sólo una está dedicada al tema de la ciudad futura. Sus trabajos no
provocan comentario alguno, al contrario de lo sucedido con los de Sant’Elia,
que son discutidos por numerosos críticos. Puede afirmarse incluso que sus
dibujos se asemejan a los de éste en el tratamiento de los volúmenes, pero sin
tener su dinamismo. VIRGILIO MARCHI (Livorno, 1895-Roma, 1960) es el único que
llega a construir con un diseño futurista al recibir, en 1921, el encargo de
Anton Giulio Bragaglia para reformar la Casa de Arte y teatro de los
independientes de Roma. Para este edificio proyecta un bar de teatro en el
laberinto de bóvedas subterráneas y pasadizos de las termas romanas de la vía
degli Avignonesi, en el que crea una planta libre, las paredes van forradas con
hormigón e introduce luces indirectas. Esta obra se puede relacionar con las de
Finsterlin y Gaudí. Marchi expone sus ideas en dos libros, Architettura
futurista (1919) e Italia nuova architettura (1931), en los que se refiere
continuamente a los escritos clásicos del futurismo, aunque él esté abogando por
algo distinto. Curiosamente, por su adhesión al Duce, las ideas de Marinetti y
de su grupo cambian, y se convierten en esos años en los defensores del
clasicismo que tanto han atacado en los años precedentes. (Colaborado por:
luis uzcátegui luisuzc@hotmail.com ) |