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El uso, en los últimos tiempos del gótico, del arco conopial con su doble curva,
da entrada a una nueva etapa en la tracería gótica. El entrecruzamiento de sus
líneas crea una serie de curvas y contracurvas que, por parecerse al ondulante
movimiento de la llama, el gótico en que se emplea, se conoce con el nombre de
gótico flamígero. Los motivos ornamentales, hasta entonces circulares o
triangulares, se transforman en una serie de óvalos apuntados, de las mas
diversas proporciones. Mas acusadas son las diferencias en el empleo de los
ornamentos de carácter vegetal. En los edificios góticos las formas vegetales se
esculpen sin transformarlas, es decir, de manera realista. Las preferidas, sobre
todo en los primeros tiempos del estilo, son las hojas de hiedra, la vid, de
roble y el trébol. Paralelamente, es utilizada la hoja de cardo, que termina
siendo el tema vegetal corrientemente para la ornamentación de arquivoltas,
jambas y capiteles. Al igual que la románica, la ornamentación gótica se
concentra en las puertas, ventanas y claustros, aunque los capiteles son mucho
menos importantes desde el punto de vista decorativo. En cambio, el interior del
templo se enriquece con las vidrieras de los grandes ventanales, el retablo y la
sibería del coro. Las puertas góticas son abocinadas, como las románicas, pero
el tímpano suele estar dividido en varias franjas horizontales. La ornamentación
gótica de las arquivoltas por medio de escultura no se dispone radialmente, como
se estilla en el románico, sino en el sentido de su curva. Tanto las escultura
de las alquivoltas como las de las jambas suelen protegerse con doseletes. La
forma apuntada de la portada gótica acostumbra completarse con el gablete o
moldura angular que le sirve de coronamiento.
Plantas y sección. Las principales
innovaciones introducidas en la planta del templo gótico se deben a las
características de la cubierta. En la planta gótica desaparecen las formas
curvas a causa de las dificultades que presenta la construcción de grandes
ventanales en muros de esa forma. Donde son mayores estas dificultades es,
naturalmente, en la parte de la cabecera. El ábside, la nave que los rodea, esto
es, la girola y las capillas de esta y del crucero dejan de ser semicirculares y
se convierten en poligonales. La adopción de la forma poligonal en la capilla
mayor da lugar a una serie de tramos trapeciales en la girola, que al cubrirse
con bóvedas de crucería obligan a que la clave no se encuentre en el centro o a
que las ojivas se quiebren para que su cruce se produzca en él. Una solución
interesante de este ultima caso, es la de Nuestra Señora de Paris, consistente
en tramos trapezoidales con nervios en triangulo. Por lo que respecta a la
sección del templo, es frecuente que la nave central se eleve mucho las
laterales exteriores. Como quiera que loa arbotantes convierten en innecesarias
las bóvedas laterales de contrarresto, que el románico aprovecha en la segunda
planta para la tribuna, esta pierde importancia y en el gótico se convierte en
simple galería o triforio a través del espesor de los pilares, puesto que la
presión de las bóvedas se transmite en buena parte por las molduras adosadas a
ellos. En algunas catedrales francesas, el triforio se continua exteriormente en
la fachada principal. En la torre abandonada el sistema de conservar la misma
planta en toda su altura, estableciéndose una acusada diferencia entre el cubo o
parte inferior y el campanario. En este, la planta cuadrada pasa a ser octogonal
o bien recibe grandes vanos que aligeran su masa. En determinadas escuelas tiene
por remate un cuerpo de forma apiramidada mas o menos definida, que constituye
el chapirel, y que a veces se enriquece con caladas tracerías. (Fuente oficial del articulo:
Enciclopedia CEAC, del encargado de obras "historia de la
arquitectura".)
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