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Las posadas, generalmente pequeñas, ofrecían un alojamiento
bastante rudimentario que incluía establos para los caballos. Las tabernas sólo
servían comida y bebida, generalmente a la población local. No alojaban
huéspedes. Además de cerveza, en las cervecerías se ofrecían bebidas
refrescantes y apenas se comía. Se introdujeron leyes para controlar los precios
de las posadas y tabernas, así como para garantizar la calidad de los servicios.
A mitad del siglo XVI las tabernas y posadas crecieron en importancia como
consecuencia del desarrollo del comercio en la Inglaterra de los Tudor. Las
carreteras y la vías fluviales seguían siendo esenciales para los viajes, por lo
que las posadas se establecieron en puntos claves a lo largo de los ríos y en
poblaciones cercanas a las carreteras. Las posadas se hicieron más grandes y
algunas tenían capacidad para albergar hasta cien viajeros e incluso disponían
de habitaciones individuales, aunque lo usual era que se compartieran los
cuartos. Las posadas disponían de grandes establos para caballos y carretas, así
como de amplios patios que servían como escenario para diversiones nocturnas,
como podía ser una representación teatral de obras de Shakespeare o Marlowe. En
el siglo XVII las diligencias se convirtieron en un medio de transporte bastante
rápido. Las posadas ofrecían hospitalidad y la posibilidad de cambiar caballos
para continuar hasta la próxima parada. Se establecieron servicios de diligencia
en las rutas principales que unían la capital con ciudades de provincias.
Algunos de estos servicios pertenecían a los mismos propietarios de las posadas.
En el siglo XVIII la diligencia pasó a ser el medio más importante para viajar,
en un momento en que el crecimiento del comercio aumentaba la necesidad de
trasladarse de un lugar a otro. Pero los viajes todavía resultaban demasiado
lentos y en los trayectos largos se hacían varias paradas para pernoctar. En el
siglo XVIII se vivió el desarrollo de instalaciones de recreo como los baños, en
principio con fines terapéuticos, pero que con el tiempo se convirtieron en
lugares de reunión social y de vacaciones. Los niveles a los que llegó la
hostelería se debieron a las necesidades surgidas de la frecuencia cada vez
mayor de viajeros adinerados. El transporte de viajeros no se desarrolló por
motivos sociales o de placer, sino más bien por exigencias del comercio y por
necesidad.
Las instalaciones costeras crecieron en la segunda mitad del siglo XVIII a causa
de la creencia popular en las propiedades terapéuticas de los baños de mar. Una
parte de los primeros hoteles y albergues se construyeron durante esta época en
los puertos y playas. La aparición de la locomotora y la extensión de las vías
férreas en el siglo XIX revolucionaron el transporte y posibilitaron un
crecimiento extraordinario de las ciudades costeras. Por primera vez la extensa
población trabajadora que vivía en las ciudades industriales podía acudir con
facilidad a lugares de vacaciones y a precios razonables. Los hoteles y
pensiones se construyeron a miles. En las ciudades, y sobre todo en las
estaciones terminales, se levantaron grandes hoteles, en algunos casos
palaciegos. Muchas veces eran propiedad de las mismas compañías ferroviarias que
ofrecían prestigiosos servicios de alojamiento a los viajeros más acomodados.
Algunos eran grandes establecimientos de medio millar de camas. Otros
empresarios se dedicaron a la construcción de grandes hoteles de lujo en las
capitales, como el Savoy, en 1889, y el Ritz, a principios del siglo siguiente.
La competencia entre los hoteles provocó la mejora del servicio y el aumento de
la comodidad. Los nuevos establecimientos ofrecían comida de lujo preparada por
cocineros franceses, a disposición de los residentes y de los clientes
ocasionales. Los hoteles se convirtieron en centros sociales para almuerzos
privados y banquetes para grupos. El auge de los automóviles como medio de
transporte en el siglo XX provocó un nuevo desarrollo que contribuyó en gran
medida a la modernización de las posadas de carretera tradicionales, y amplió el
acceso a lugares en los que se iban a construir numerosos hoteles y posadas. En
la segunda mitad del siglo XX, el automóvil y el avión llegaron a ser los medios
de transporte más importantes. Ello hizo que surgiesen nuevas formas de demanda
de servicios de hostelería. Los complejos hoteleros y los hoteles de las
ciudades tienden a ser más grandes, en especial cuando están pensados para
satisfacer las necesidades de los viajeros procedentes de vuelos
internacionales. Este tipo de hoteles suele dirigirse a un determinado mercado
de consumidores. En general, se pueden clasificar por el nivel de los servicios
ofrecidos y sus precios se ajustan a la capacidad económica de los segmentos de
población a los que están orientados. Hay gran diversidad de hoteles para
quienes viajan en automóvil; desde mansiones rurales de lujo con restaurantes
elegantes, hasta los económicos y modernos moteles que ofrecen alojamiento y
servicios sencillos. Las asociaciones y consorcios turísticos proporcionan al
consumidor información diversa sobre hoteles y precios, lo que facilita la
elección. La competencia entre establecimientos y grupos hoteleros ayuda a
mantener el nivel de los precios para los distintos servicios que se ofrecen.
ÚLTIMAS TENDENCIAS EN LOS HOTELES. Los
modelos de restauración sufrieron cambios profundos en la segunda mitad del
siglo XX. Antes de la II Guerra Mundial salir a comer o a cenar era una
actividad reservada a las clases más adineradas. A partir de 1950 se produjo un
desarrollo espectacular de los restaurantes populares que ofrecen comidas a
precios económicos. El transporte público ha extendido la costumbre de comer
fuera del hogar. Hoy se ofrece comida barata en una gama amplia de
establecimientos como cadenas de restaurantes, bares y restaurantes típicos de
otros países o especializados. La hostelería vivió un auge especial en la década
de 1980 al aumentar la variedad de elección del consumidor e introducirse con
éxito nuevas ofertas como el servicio a domicilio. Con la incorporación de la
mujer al trabajo se ha incrementado y se ha hecho más asequible la comida fuera
del hogar y los servicios a domicilio. El futuro desarrollo de la hostelería
depende en gran medida de la evolución de la economía, pero ciertos factores
sociales, como el empleo de la mujer, tienen considerable influencia. Es posible
que esos factores, junto con el aumento de los viajes, irán empujando a la
industria de la hostelería a ofrecer mayor variedad de servicios y calidad a los
clientes dentro de su evolución.
(Enviado por: Juan Lopez E, Fuente oficial:
Biblioteca de Consulta Encarta..) |