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La fabricación deja de ser función exclusiva de la pequeña
industria familiar, o cuanto mas, gremial, para pasar a manos del capital, el
único que puede financiar las grandes instalaciones precisas para una producción
de amplias perspectivas. Esta novedad origina la concentración de obreros y
maquinas en lugares adecuados y, por tanto, la necesidad de grandes espacios
cubiertos y convenientemente iluminados. Una gran conmoción se produce en toda
Europa y en América del Norte. El violento cambio de las estructuras sociales y
las nuevas necesidades hacen que se planteen unos problemas estéticos que no
pueden ser satisfechos por las formas artísticas tradicionales. Mas que los
arquitectos, son los ingenieros los característicos representantes de la
construcción de esta época de la revolución industrial. En un principio los
grandes tramos de cubierta se sostienen mediante gruesas vigas de madera, hasta
que empiezan a utilizarse para este menester las estructuras de hierro fundido.
Este fue el punto de partida. Muy pronto se vio que el hierro constituía la gran
solución que exigían las grandes cubiertas de las fabricas, estaciones de
ferrocarril, locales para exposiciones industriales, mataderos, etc.
Donde se inicia primero esta revolución arquitectónica es en Inglaterra, por ser
el país que con mas ímpetu se lanzo a la industrialización. Los edificios de
hierro y vidrio fueron los que mejor cumplieron con las nuevas exigencias. En su
base estos edificios tenían de común con el neogótico la preocupación mecánica y
la solución plástica por lo lineal. A ello contribuían las propiedades del
hierro. La posibilidad de trabajar este material no solo por presión sino
también por tensión, facilito a estas construcciones un carácter lineal mucho
mas patente que en las neogóticas. Todo quedaba convertido, simplemente, en un
esqueleto estructural delgadísimo, y, sin duda, para dar mejor a entender estas
posibilidades y el aspecto estético que producían, se tendían a cerrar los
espacios entre hierros con la frágil y casi inmaterial apariencia del vidrio.
El hierro empezó a ser empleado por Renard durante la revolución francesa.
Napoleón mando a construir el primer puente de hierro a principios del Siglo XIX.
Labrouste, en la Biblioteca de Santa Genoveva, y Stepheson en el puente Britania,
de 140 metros de luz, prepararon el camino al monumental palacio de Cristal
erigido por Joseph Pastón en Londres en 1851 y a las “Halles” de Paris, modelos
de innumerables salas de exposición industrial, mercados y estaciones de
ferrocarril construidas en todo el mundo, con naves de inmensas luces. Esta
arquitectura consigue sus mayores logros en la torre levantada en Paris por el
arquitecto Eiffel, con sus 333 metros de altura. La mas alta del mundo en aquel
entonces, y en la gigantesca sala de maquinas, proyecto de Dufert y Contamin con
la nave central de 420 metros de longitud y 115 metros de luz. (Fuente oficial del articulo:
Enciclopedia CEAC, del encargado de obras "historia de la
arquitectura".) |