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Exploración del suelo.
Naturaleza del subsuelo en el valle de México. Formación. La Ciudad
de México está localizada sobre lo que antiguamente fue un gran lago; las
tierras de acarreo, fruto de las corrientes de agua de las regiones montañosas,
el polvo de las tolvaneras, que eran tan frecuentes antes de la actual
vegetación y las lavas de las erupciones volcánicas, fueron llenando el lago,
hasta constituir el terreno actual. La acomodación de todas estas materias fue
lenta, tanto más que su caída era atenuada por el agua. El terreno así formado,
tiene una naturaleza cavernosa y una estructura celular. Sus intersticios están
llenos de agua. Muestras extraídas a los 7 y 10 Mts. de profundidad, tienen
hasta más de 75 % A esta agua, se le da el nombre de freática. El terreno firme
debe tener una gran profundidad, pues en sondeos hechos a 300 ó 400 Mts. aún no
se encuentra. Hay también materias orgánicas. A diferentes profundidades se
encuentran capas de mayor resistencia, constituidas por mantos de arena, grava o
tepetate, o simplemente arcilla más compacta. Generalmente la parte más
superficial, hasta unos dos metros de profundidad, está algo consolidada, y en
ella se apoyan la mayoría de los cimientos, a los que también sirve de
ampliación. Frecuentemente el terreno que cede bajo el peso de un edificio, no
es el de esta capa sino el que se encuentra bajo ella. Los pilotes profundos, en
la mayoría de los casos, se detienen en otras capas que se hallan
aproximadamente entre 30 y 40 Mts. Son casi siempre lo bastante fuertes para
impedirles que penetren más, pero los sondeos indican que muchas veces tienen
sólo hasta 50 Cms. de espesor y después se vuelve a encontrar terreno débil
aunque de mejor consistencia que el de la parte superior. Entre los 50 y 60 Mts.
hay otras zonas resistentes de mayor espesor que las anteriores. De todas
maneras, la localización de todas ellas se tiene que hacer por sondeos, pues su
profundidad, resistencia y espesor varía en los diferentes lugares.
Aproximadamente, a los 100, 200 y 300 Mts., hay capas de arcilla impermeable de
las que provienen los pozos artesianos. Estas tienen grandes ondulaciones que a
veces llegan casi a la superficie. Ya en el terreno superficial, generalmente
más consolidado, se encuentran rellenos que, en determinados lugares, colocaron
los constructores precortesianos y coloniales. Hay también restos de
construcciones de una y otra época y, finalmente, cimientos de casas demolidas
recientemente.
Particularidades. El nivel del agua freática oscila entre 70 y 300 Cms.
de profundidad; en parte, debido a que, por la presencia misma del terreno, no
se lleva a efecto, de una manera completa, la teoría de los vasos comunicantes y
en parte a que las calles de la Ciudad no se encuentran al mismo nivel. Hay en
el subsuelo corrientes de agua que, desde luego, no son francas, salvo en los
casos en que estando encerradas en mantos de arcilla impermeable se les da
salida por medio de pozos artesianos, excavaciones o drenajes, pues en general
su movimiento es muy lento ya que tienen que atravesar el mismo terreno. Cuando
el agua falta en el subsuelo, los intersticios se convierten en vacíos y viene
un enjutamiento que degenera en asentamientos de la parte superficial. Siempre
que se han llevado a efecto obras importantes de drenaje, se han registrado
asentamientos en las construcciones de la Ciudad, y los pozos artesianos, sobre
todo cuando no son profundos, producen en los edificios de sus alrededores,
importantes desperfectos. También, después de hacerse una excavación, aparecen
grietas debidas a la sequedad motivada por la evaporación y escurrimiento del
agua freática. Inmediatamente sobre el nivel de ella, hay un terreno que no se
agrieta tan fácilmente, pues aunque se descubra, se conserva húmedo por
capilaridad. Una característica del subsuelo es su notable impermeabilidad, pues
se han hecho excavaciones de 400 ó 600 m2 de superficie y 5 ó 6 de profundidad
bajo el agua freática, que sólo requieren para su drenaje una bomba, por
ejemplo, de 5 cms. de diámetro en el tubo extractor. La elasticidad es otra de
sus particularidades. Al quitar una construcción, sufre siempre el terreno
levantamientos que muchas veces perjudican las casas colindantes. Por otra
parte, los edificios se asientan frecuentemente, aunque sus cimientos no se
encajen en el terreno donde se apoyan. Esa elasticidad es muy duradera, pues el
levantamiento del terreno, al quitar el peso, se ha verificado al demoler
construcciones muy antiguas (100 ó 200 años) y el asentamiento en los edificios
sigue por varios años después de construidos. La Ciudad de México, de una manera
paulatina, pero constante, se va asentando; se hunden las casas, las calles y
hasta los solares sin construir. Esto se debe, no sólo a la falta de agua en el
terreno sino también a la acomodación de sus partículas, motivadas por las
corrientes de agua, las vibraciones exteriores y movimientos sísmicos, que se
verifican constantemente aún cuando no nos demos cuenta de ellos. Cuando el
terreno no es capaz de soportar un edificio, éste se empieza a hundir y en
general su asentamiento va disminuyendo con el tiempo. Sin embargo, hay que
hacer las siguientes anotaciones:
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Para que el hundimiento se detenga es necesario que pase mucho tiempo. Por
ejemplo, los edificios ligeros que se empiezan a asentar experimentan, aún a los
5 años de construidos, movimientos francamente perceptibles aunque,
naturalmente, en menor escala que al principio.
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Esto se debe a que el asentamiento que va disminuyendo al comprimirse
determinada capa del terreno se vuelve a verificar en el momento en que su
estructura se rompe y así sucesivamente.
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El asentamiento exagerado de los edificios pesados, en la Ciudad de México,
prácticamente disminuye muy poco con el tiempo.
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Se distingue también el subsuelo del Valle, por su ligereza, debida en primer
lugar, a su misma constitución y en segundo, al poco peso de sus componentes en
los que, como ya se dijo, intervienen polvo y cenizas.
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Hay muestras extraídas a 7 u 8 mts de profundidad que pesan sólo 1135 kgs/m3.
Además de los asentamientos que provoca la compresión del terreno, hay otros que
son motivados por el desalojamiento del mismo.
Muchas veces el hundimiento de un edificio, parece más exagerado de lo que
realmente es, debido a que las banquetas, por el mismo desalojamiento, han
subido de nivel. El subsuelo es bastante uniforme por lo general, pero a veces
su resistencia cambia de un lugar a otro, aunque lo hace de una manera
paulatina, salvo el caso de que, como se ha dicho antes, se encuentre algún
manto de arena, grava o tepetate o bien restos de antiguas construcciones. Un
fenómeno muy digno de notarse es la disminución marcada de resistencia que el
terreno experimenta al ser modificada su estructura. Si se toma un pedazo entre
los dedos y se comprime, se da uno cuenta inmediata de que, al principio es más
difícil hacerlo que después, a pesar de que ya deformado, su constitución es más
compacta. El hundimiento paulatino de la Ciudad de México, a últimas fechas,
parece haberse acentuado y está teniendo cada día peores consecuencias. En
nuestro concepto, no sólo es debido a la desecación del terreno, sino también a
la progresiva acomodación del mismo. La desecación se debe a las malas
condiciones de los albañales, que inclusive se han roto por los mismos
asentamientos y permiten que por ellos se vaya el agua freática, y a la
perforación de pozos artesianos, que por falta de agua entubada, se han tenido
que hacer en gran número y cuyos aguas, en vez de reintegrarse al terreno, como
sería de desear, se van en su mayor parte por las redes generales de albañales.
En la parte superior de los tubos correspondientes a esos mismos pozos, el
fenómeno es notabilísimo, pues como llegan generalmente a 100 mts, o más, a
medida que se hunde el subsuelo, las bombas e instalaciones superficiales quedan
a nivel, sobresaliendo del piso frecuentemente, y sufren roturas, si para
evitarlo no se han tomado las debidas providencias. Lo mismo se nota en los
edificios construidos sobre pilotes profundos, aunque éstos sólo estén
generalmente a unos 30 mts, bajo el nivel de la calle. Por otra parte, el
enjutamiento por la desecación es tan notable que los edificios colindantes a
los dedicados a baños, casi invariablemente se hunden e inclinan, debido a que
estos últimos, por necesitar tanta agua, generalmente, han tenido que dotarse de
pozos artesianos. Por nuestra parte creemos que, al menos para disminuir el
hundimiento de la Ciudad, sería muy benéfico inyectar las demasías del agua de
los albañales al subsuelo, por medio de pozos de absorción, Fig. 5, que se
distribuyeran debidamente logrando, a la vez, mejorar las condiciones y
descargar en parte a dichos albañales. No hay que preocuparse de que, por este
procedimiento, se contaminaran las aguas de los pozos artesianos, en primer
lugar porque, como ordinariamente son mucho más profundos, las aguas llegarían
ya muy filtradas y en segundo porque, dado el mal estado de las redes, debe
haber ya varias contaminaciones y de hecho, ninguna agua de pozo debe ser
empleada como potable, sin las debidas pruebas o tratamiento. (Colaborado por:
Pedro E. Montesco) |