Principios de iluminacion



Principios de iluminacion.  Por eso no sorprende que ya pronto junto a la luminotecnia de orientación cuantitativa se desarrollen los principios para una teoría de planificación, que se ajusta más a la iluminación arquitectónica y sus necesidades. En parte estos conceptos se forman dentro del propio marco de la luminotecnia; aquí hemos de nombrar sobre todo a Joachim Teichmüller, el fundador del primer instituto alemán de luminotecnia, en Karlsruhe.

Teichmüller definió el concepto de la «iluminación arquitectónica» como una arquitectura que entiende la luz como material de construcción, incluyéndolo conscientemente en toda la configuración arquitectónica. No por último y seguramente también siendo el primero, hace referencia a que la luz artificial puede superar a la luz diurna en la iluminación arquitectónica, si se diferencian y utilizan conscientemente sus posibilidades. Más fuerte en cambio que dentro de la luminotecnia, que en general más bien se inclina hacia una filosofía cuantitativa de iluminación, se crean por los propios arquitectos nuevos conceptos en la iluminación arquitectónica. Para la arquitectura ya desde mucho antes eran conocidos el efecto de la luz sobre formas mejor marcadas y estructuradas procedentes de la iluminación diurna, así como el significado del juego entre luz y sombra.

Con la creación de fuentes de luz eficaces, se añaden a estos conocimientos en la técnica de luz diurna las posibilidades de la luz artificial. La luz ya no sólo tiene el efecto desde el exterior hacia el interior, sino que puede iluminar a gusto los espacios interiores e incluso dispersarse desde el interior hacia el exterior. Si Le Corbusier denominaba la arquitectura «el sabio, adecuado y maravilloso juego de los cuerpos en la luz», esto ya no sólo se refiere a la luz solar, sino que también incluye el espacio interior iluminado artificialmente.  De este nuevo conocimiento sobre la luz queda especialmente afectado el significado de grandes superficies de ventanas en la arquitectura de acristalamientos, que no sólo representan la apertura para facilitar la penetración al interior de la luz diurna, sino que por encima de ello determinan el efecto nocturno de la arquitectura artificialmente iluminada.

Sobre todo por parte de los arquitectos «amantes del vidrio» se considera el edificio como una figura cristalina y luminiscente. Ideas utópicas de una arquitectura de cristal, ciudades luminosas de torres de luz y edificaciones acristaladas, tal como las de Paul Scheerbart, de momento se proyectan en los mismos términos visuales planos y dibujos sobre cúpulas y cristales luminosos. No mucho después, en los años veinte del siglo XX, estas ideas en la arquitectura de cristal ya se realizan concretamente: grandes edificios o almacenes aparecen por la noche como articuladas figuras luminiscentes debido a la cambiante imagen de oscuras paredes y las más claras superficies acristaladas. La luminotecnia va claramente más allá de una simple creación de iluminancias, incluye las estructuras de la arquitectura iluminada en sus reflexiones. A pesar de ello, también este comienzo se queda aún atrás, debido a que el edificio se considera sólo como una totalidad, sobre todo si se mira como una vista exterior nocturna, donde se sigue ignorando al hombre observador en el interior del edificio.

Hasta la Segunda Guerra Mundial, por tanto, los edificios destacan en parte por su muy bien diferenciada iluminación exterior, pero la tendencia hacia una iluminación reticulada de orientación cuantitativa y sin imaginación en los interiores del edificio prácticamente no tiene éxito. Para llegar hasta los conceptos trascendentes de la iluminación arquitectónica, además de la luz y la arquitectura, se debe considerar también al hombre como tercer factor en el triángulo de actividad de la iluminación. Iniciativas hacia este reconocimiento proceden sobre todo de la psicología perceptiva. A diferencia de lo que ocurre en la investigación fisiológica, aquí no sólo se pregunta por el ojo, por los valores límites cuantitativos para la percepción abstracta de «tareas visuales».  En el centro se encuentra más bien el hombre perceptivo, la idea de cómo se compone concretamente la realidad percibida en el proceso de la visión. A través de estos estudios se reconoce muy pronto que la percepción no es un simple proceso de reproducción visual, no es sacar fotografías del entorno. Numerosos fenómenos ópticos muestran más bien que en la percepción se realiza una compleja interpretación de los estímulos del entorno, que ojo y mente reproducen menos nuestra realidad que construyéndola.

En este trasfondo la iluminación recibe un significado totalmente nuevo. La luz no es ya sólo una fuerza prácticamente fototécnica, que se ocupa de proporcionar una exposición suficiente, sino que se convierte también en un factor decisivo para nuestra percepción. Por otra parte, la iluminación no sólo se ocupa de proporcionar la visibilidad general de nuestro entorno, sino que determina, como condición de percepción central, con qué prioridad y de qué modo se observan los diferentes objetos de nuestro entorno visual. Los impulsos esenciales para una luminotecnia, que apunta hacia el hombre perceptor, pueden recibirse de la planificación de iluminación del alumbrado escénico. En este caso queda totalmente en segundo plano la cuestión de la iluminancia y la uniformidad de la iluminación, incluso el remarcar estructuras de edificios existentes no es importante. El objetivo de la iluminación escénica no es hacer visible el escenario real existente con sus instalaciones técnicas, lo que se pretende que se perciba son imágenes y ambientes cambiantes. Horas del día y cambios de tiempo, ambientes románticos o amenazantes se hacen visibles dentro de un solo decorado mediante una iluminación dirigida.


El alumbrado escénico, en cuanto a sus intenciones, traspasa con creces los objetivos de la iluminación arquitectónica —apunta hacia la creación de ilusiones—, mientras que en la iluminación arquitectónica se trata de hacer visibles estructuras reales. No obstante, el alumbrado escénico puede servir como ejemplo a la iluminación arquitectónica; dispone de métodos para crear diferenciados efectos luminosos y de instrumentos para producir estos efectos, ámbitos ambos en los que la planificación de iluminación arquitectónica ha de recuperar un gran retraso. Así, no es de extrañar que el alumbrado escénico tenga una gran influencia sobre la evolución de la planificación de iluminación y numerosos luminotécnicos procedan del alumbrado escénico. Una nueva filosofía de iluminación, que ya no se interesa exclusivamente por los aspectos cuantitativos, surge en Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. Entre sus pioneros hay que nombrar especialmente a Richard Kelly, quien reúne en un concepto unificado las sugerencias existentes procedentes de la psicología perceptiva y del alumbrado escénico.

Kelly se desentiende del dato de una iluminancia uniforme como criterio central de la planificación de iluminación. Sustituye la cuestión de la cantidad de luz por la de las calidades individuales de la luz, después de una serie de funciones de la iluminación, que están centradas hacia el observador perceptor. Kelly distingue tres funciones básicas: ambient light (luz para ver), focal glow (luz para mirar) y play of brilliance (luz para contemplar). Ambient light corresponde aproximadamente a la hasta entonces usual idea cuantitativa de la luz. Se facilita una iluminación básica, que es suficiente para la percepción de las tareas visuales dadas: la percepción de objetos y estructuras de edificios, la orientación en un entorno o la orientación en movimiento. Focal glow va más allá de esta iluminación básica y tiene en cuenta las necesidades del hombre perceptor en el entorno correspondiente. A través de la luz para mirar se destacan conscientemente determinadas informaciones de la iluminación general; zonas significativas se acentúan, mientras que lo menos importante queda en segundo término. A diferencia de lo que ocurre con la iluminación uniforme, se estructura el entorno visual, que se puede entender de modo rápido y unívoco.

Adicionalmente se puede orientar la mirada del observador hacia determinados objetos, de modo que una iluminación focal no sólo aporta algo para la orientación, sino que también puede ser útil en la presentación de mercancías y complementos estéticos. Play of brilliance tiene en cuenta el hecho de que la luz no sólo ilumina objetos y destaca informaciones, sino que también puede convertirse en objeto de contemplación, en una fuente de información. En esta tercera función la propia luz aporta algo al efecto estético de un entorno; desde el reflejo de una sencilla llama de vela hasta una escultura luminosa se puede dar vida y ambiente a un espacio representativo mediante luz para contemplar. Mediante estas tres categorías fundamentales de la iluminación se ha creado un efectivo tramado que posibilita una iluminación que hace justicia a la arquitectura iluminada y a los objetos de un entorno, así como a las necesidades del hombre perceptor. Partiendo de Estados Unidos, la planificación de iluminación se transforma poco a poco de una disciplina puramente técnica a una disciplina equitativa e indispensable en el proceso de la configuración arquitectónica; por lo menos para el área de grandes obras representativas se puede mientras tanto considerar la colaboración de un luminotécnico competente como algo normal. Gracias al colaborador Tomas Matias Rodriguez por enviarnos este material para ser publicado. [ Equipo arquitectura y construcción de ARQHYS.com ].

Para citar este articulo en formato APA: Revista ARQHYS. 2012, 12. Principios de iluminacion. Equipo de colaboradores y profesionales de la revista ARQHYS.com. Obtenido , de http://www.arqhys.com/contenidos/principios-iluminacion.html.