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LAS MAQUETAS DEL PROYECTO ESTÁN EXPUESTAS EN LA GALERÍA
DE ARQUITECTURA EL CROQUIS, EN SAN LORENZO DEL ESCORIAL. La TEDDY
HOUSE en Coruxo (Vigo), utiliza la experiencia acumulada con el uso veraniego de
una casa de los años 40 para establecer estrategias que definen un nuevo
programa de uso. El proyecto supone un desplazamiento de la visión moderna de la
casa como prototipo ejemplar a la casa como construcción política.
Siempre es verano en la Teddy House. En 1946 Demetrio Méndez, notario de
Villalba de Lugo, y su mujer Celia Apenela compraron Villa Quintanilla en Coruxo
(Vigo), como parte de un proyecto vital: pasar los veranos con sus cuatro hijos
frente a las Islas Cíes. Una casa sencilla de muros de sillares de granito
gallego, ventanas de guillotina con contraventanas pintadas de verde y cubierta
de teja plana. Con el tiempo la casa ha servido de centro de vacaciones a una
familia que a medida que crecía encontraba la forma de intensificar la
explotación del espacio interior y sistematizaba la invasión del jardín; con una
colección de muebles que desplazan y recolocan a diferentes horas del día
buscando las condiciones adecuadas para jugar al parchís, leer el periódico o
reunirse a cenar. Recientemente, Ana, una de las hijas de Demetrio y Celia, ha
heredado la casa de Coruxo y, junto a su marido Enrique, ha decidido vivir en
ella durante todo el año. El encargo que hemos recibido es hacer lo necesario
para que, sin perder la experiencia acumulada en el uso histórico de la casa,
abordemos las transformaciones necesarias para que la vivienda pase de ser una
vivienda de verano a ser una vivienda eficaz en su uso continuo durante todo el
año.
Existen tres hechos singulares que debíamos considerar en el proceso de
diseño:
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Comunidad de expertos. Los Méndez-Apenela, en el tiempo que han utilizado
la casa, se han convertido en expertos en su uso y manipulación. Saben cuanto
tarda en secarse un bañador en el tendedero, cual es el rosal que florece
primero, o en qué momento aparecerá la furgoneta del pescadero. Utilizan
lenguajes específicos para nombrar cada zona de la casa y del jardín, manejan
descripciones propias del paisaje próximo y también procedimientos para
evaluarlo. En definitiva, son capaces de movilizar el medio con mecanismos
propios y asociarse con él creando condiciones que les son propicias. O dicho de
otra manera, disponen de una posición privilegiada desde la que determinadas
formas de vinculación con otros agentes, lo que podríamos con muchas reservas
llamar el contexto, son posibles.
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Lab-house. El conocimiento acumulado es resultado de una insistencia en
la experimentación. En las culturas occidentales el verano ha sido
tradicionalmente un paréntesis en el que las convenciones sociales se relajan.
Para los Méndez-Apenela, Coruxo ha sido un ámbito de especulación permanente.
Utilizando diferentes formatos de búsqueda y rastreo, hemos registrado y
estudiado numerosos juegos a través de los cuales exploraban formas de recorrer
el jardín en triciclo, bicicleta, patines; dónde colocaban la mesa para comer o
qué posición era más favorable en un partido de badminton. En este caso los
acuerdos con el medio no son resultado de un proceso deductivo, ni científico,
ni siquiera racional. Como el dominio de la Play Station 2, son el poso
acumulado de una cultura de ensayo lúdico. Una cotidianeidad de crítica,
evaluación y ensayo de alternativas, en la que las innovaciones, en una especie
de parlamento del daily live, se consolidan y se celebran por consenso y, en
cualquier caso, son siempre provisionales. Como en las cocinas-oficina de
Silicon Valley o en las comunidades de hackers1, vivir en la casa de Coruxo
implica participar en un escepticismo juguetón. A todo se le busca alternativas
mejores, porque resulta divertido hacerlo.
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Pet-house. En 1987, tras veinticuatro años de trabajo, finalmente se dio
por fracasado el proyecto de la red de trenes personales guiados para París: el
sistema Aramis. En un famoso híbrido entre libro de detectives e investigación
científica, Bruno Latour ha desmenuzado la historia del proyecto, ha releído las
actas de las reuniones, ha estudiado sus presupuestos y las controversias que
desencadenó. Aramis fracasó por falta de amor por el proyecto. Porque los
políticos querían que fuese lo que no era, porque los ingenieros querían
mantenerlo como un proyecto complicado y puro, porque nadie se tomó la molestia
de facilitarle el camino. Porque en definitiva todos los implicados trabajaban
en el proyecto para poder conseguir otra cosa diferente, no sentían afecto por
él y no atendían sus necesidades. La casa de Coruxo no es el soporte neutral
sobre el que se da la vida. No existe un divorcio entre la actividad y su
organización espacial y física.3 La vivienda es uno más de los actores. La
comunidad de veraneantes cada año repinta las partes deterioradas de la casa,
poda los árboles, toma decisiones con los vecinos sobre la vegetación
compartida. La casa, su transformación y mantenimiento, es objeto de cuidados y
negociaciones. Cuenta con derechos adquiridos que tanto los Méndez-Apenela, como
sus vecinos, respetan y protegen. La vivienda tiene carta de ciudadanía e impone
condiciones, posibilidades y limitaciones en el desarrollo de las situaciones.
Al mismo tiempo está dotada de significados y, como una mascota, sus usuarios
han desarrollado vínculos afectivos con ella. Sirva como ejemplo que, ante la
inminente transformación, hay amigos que se fotografían junto a la casa en un
ritual de despedida. Por este motivo, recordando los muñecos que acompañan a los
niños mientras duermen, decidí llamarla TEDDY HOUSE.
Arquitectura Relacional. La casa de Coruxo es ya un encuentro de
sensibilidades y expertizajes, es un laboratorio que contiene un pacto de
renovación permanente, y es también un actor que consolida asociaciones
duraderas con los usuarios, el clima y hasta el Ayuntamiento de Vigo. Desde hace
un tiempo estoy desarrollando proyectos que exploran el papel que los objetos
arquitectónicos pueden jugar en lo que Peter Berger y Thomas Luckman han llamado
la construcción social de la realidad.4 Con otras palabras, intento diseñar
artefactos arquitectónicos que participen en la consolidación de los
conocimientos que orientan la conducta en la vida cotidiana, cargándola de
cualidades democráticas. Objetos que contribuyen a construir esa trama de
posibilidades que llamamos realidad representativa. En la casa de Coruxo me
encontré con la situación inversa. Existe una realidad ya consolidada, una
cultura que orienta diferentes formas de cotidianeidad representativa, pero el
objeto que podría prolongar su vigencia estaba sin diseñar. Mi trabajo ha
consistido en proporcionar los filtros y envolventes que aporten el control
atmosférico y el equipamiento infraestructural necesarios para que, en la
vivienda existente y en volúmenes de nueva construcción, las mismas
utilizaciones que se daban durante el verano, en muchos casos en el jardín,
puedan relocalizarse en espacios con condiciones modificadas que resulten
adecuados también durante el resto del año. Como el volumen de duchas que
permite reunirse en torno al abeto y prolongar las conversaciones del camino de
vuelta de la playa, de la misma manera que durante años ha hecho posible una
manguera del jardín. O las habitaciones alejadas de los recorridos habituales,
similares a las antiguas hamacas colgadas de los árboles. O la burbuja que
protege la zona donde durante tanto tiempo se ha colocado la mesa para comer,
debajo de los tilos.
La vivienda paradigmática de la modernidad5 era un prototipo ejemplar; una
máquina moral, estética y económica que contenía las claves de una conducta
normalizada y que, en un proceso de repetición y sistematización, venía a
estructurar el territorio. Por encima de las disputas circunstanciales, los
discursos de una parte de la modernidad promovían la fe en la eficacia
definitiva de la razón, la ciencia y la tecnología como canales privilegiados de
relación entre el individuo y la naturaleza.6 El conflicto entre diferentes
perspectivas no existía en último término, se trataba de apreciaciones erróneas
que se resolvían profundizando en la lectura de uno de los canales e insistiendo
en la unificación de criterios.7 Si no nos ponemos de acuerdo recurramos a la
ciencia que nos dirá quien se equivoca. Creo sin embargo que el creciente
reconocimiento legal de los agentes no humanos, la dimensión pública que han
tomado los canales de prestigio (por ejemplo la ciencia ya no es sólo ciencia,
es ciencia que asume los intereses y las agendas de sus sponsors)8 y la
consiguiente disolución de la figura del experto (de las perspectivas
cristalinas) como interpretación y ubicación de acción privilegiada sobre la
realidad,7 hacen de la vivienda actual una construcción política. Ya no es
posible pensar que existen soluciones mejores, entendemos que lo que para un
agente es deseable empeora las condiciones de vida de otros agentes. Y que
diferentes expertos trabajan para defender intereses diferentes. Las condiciones
de vida de las comunidades vegetales en las márgenes del Miño mejorarían con el
incremento del caudal del río, pero los habitantes de zonas urbanas tendemos a
alargar nuestra ducha diaria porque nos produce placer y porque no sufrimos
directamente las consecuencias globales de esta acción individual. La
arquitectura es el artefacto que media y estabiliza las relaciones entre actores
con intereses interrelacionados y contrapuestos. Y creo en una práctica
profesional que no crea metalenguajes, que no utiliza marcos de referencia fijos
en los que encajar los datos de la realidad. Y que no considera al resto de
agentes como informantes, sino como actantes. Algo que, inspirado en el famoso
escrito de Nicolas Bourriaud,10 me gusta llamar arquitectura relacional.
Políticas del dayly live. Carl Schmitt11 define la política como el foro en
el que se gestionan las enemistades y en el que los desencuentros pasan a
convertirse, por un proceso negociado de enrolamiento y desarrollo de alianzas,
en amistades y contratos duraderos. Un proceso incómodo, aunque también
divertido. Que, en cualquier caso, es siempre deseable porque la alternativa es
la imposición de los criterios de una de las partes (lo que conduce a la crisis
de representatividad)12 o el enfrentamiento violento. No es un proceso de
unificación moral, ni estética, ni ideológica. La política es el arte de lo
posible, Bismark dixit, y también el arte de hacer amigos, pero amigos con ideas
propias. En paralelo a la transformación del estado preindustrial hemos asistido
a una extensión de la política a las esferas en las que la realidad social se
construye. Y si son muchos los arquitectos modernos que asumieron una agenda
democrática en su práctica profesional, recordemos por ejemplo el llamamiento de
Heinrich Tessenow invitando a los habitantes de la Hellerau Gartenstadt a
transformar sus viviendas haciendo visible la organización de su
cotidianeidad,13 la arquitectura ha sido durante mucho tiempo deudora de
practicas políticas más propias de la aristocracia prusiana que inauguró la
Deutsche Werkbund.14 Walter Lippman señala cómo la crisis de representatividad
de las sociedades occidentales, ese proceso que aleja respectivamente a los
parlamentos y a los edificios de sus votantes y de sus usuarios, no se ha
resuelto nunca inyectando más democracia directa. No se trata de votar más a
menudo, ni de pedir a los usuarios que se pongan a diseñar. Sino de encontrar
fórmulas que nos permitan revisar el papel de los expertos,15 pasando de ser los
protectores de la ciencia, la razón y la tecnología, para convertirse en
gestores de una experiencia de permanente toma de decisiones representada.16
Gestores de un contexto en el que entre todos negociamos cómo actualizar la
cotidianeidad.
"Vanguardismo es forzar a todos los miembros de una sociedad a decidirse sobre
una propuesta que no proviene de ella"17. La casa, en los discursos de la
modernidad, era una máquina para una sociedad que creía en la eficacia redentora
de los procesos de superación. La segunda mitad del siglo XX ha sido un desfile
de nuevos canales de asociaciones naturales: el canal de lo vernáculo, el de la
memoria, el de los lenguajes, el de la democracia representativa, el de las
prácticas extradisciplinares, el de la negociación entre perspectivas
cristalinas, el de los procesos públicos. Y la emergencia también de canales de
doble dirección, que han dado voz a nuevos ciudadanos. Canales que como las
normativas de protección del medio ambiente o los observatorios naturales han
concedido el estatus de actante a las comunidades animales, a la biomasa
terrestre o a la capa de ozono. La TEDDY HOUSE es un objeto político. Político
porque establece una negociación entre actores con ideologías, estéticas y
economías diversas, dotándoles a todos ellos de la categoría de expertos y
permitiéndoles acceder a las esferas en las que se toman las decisiones.
Política porque segrega la negociación de la amistad y la disidencia, de
procesos de unificación estética, moral o ideológica; y porque crea alianzas sin
necesidad de unificar o definir perspectivas privilegiadas. Las diferencias
morales, tecnológicas y estéticas crean enemistades, pero la gestión de la
enemistad no es moral, tecnológica o estética, es política. La TEDDY HOUSE es un
vehículo que cristaliza asociaciones duraderas. Y política también porque, en
lugar de un prototipo ejemplar, es la arena de una experimentación y una
negociación permanente. La arena en que tiene lugar la gran ocupación del
ciudadano contemporáneo. Aquello que Sloterdijk, releyendo a Heidegger, describe
como la actividad fundamental del hombre, lo que nos hace estar en el mundo:
experimentar con uno mismo y darle a esta rutina una dimensión pública.18.Una
rutina que nos conecta con la realidad o, dicho de otra manera, nos hace ser
reales.
Andrés Jaque es arquitecto y profesor de Proyectos Arquitectónicos en la Escuela
Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Ha sido investigador residente de la
Alfred Toepfer Stiftung en Hamburgo y desde octubre de 2000 dirige en Madrid la
oficina de arquitectura Andrés Jaque Arquitectos. Su obra Casa Sacerdotal
Diocesana de Plasencia forma parte de la selección de la VIII Bienal Española de
Arquitectura.
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Himanen, Pekka. La ética del hacker y el espíritu de la era de la información.
(Barcelona: Ediciones Destino. 2001).
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Latour, Bruno. Aramis or the love of technology. (Cambridge MA y Londres R.U.:
Harvard University Press. 1996).
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En este sentido la experiencia de la Teddy House se aleja del estudio de caso
más famoso de la cultura arquitectónica de la segunda mitad de siglo. Un estudio
de caso que ya forma parte de la ortodoxia arquitectónica: el análisis histórico
de Manhattan y del desarrollo de la cultura que Rem Koolhaas bautizó como
manhattanismo. En el que Koolhaas detecta un divorcio entre las estructuras
edificatorias y los regímenes de actividad que regulan las pautas de utilización
y los procedimientos de actualización en la isla urbana de Manhattan. Es
importante señalar, como han explicado tantas veces los sociólogos vinculados a
lo que ha venido llamándose la Sociología Simétrica, que aproximaciones como la
de Koolhaas son deudoras del modelo de análisis heredado del pensamiento
marxista; basado en la autonomía de las infraestructuras físicas, respecto de
las superestructuras culturales. Es un modelo de análisis que sin embargo ha
eludido siempre la descripción detallada de la cadena de acontecimientos que
puede explicar la anatomía de los procesos de dominio. Frente a estas
aproximaciones y ante la necesidad de encontrar fórmulas capaces de operar en
las zonas de crisis del paradigma marxista, la sociología simétrica ha optado
por centrar la atención en una extensión del concepto de actor social a los
agentes no humanos y a la caracterización de los pactos que entre todos ellos se
consolidan. Koolhaas, Rem. Delirious New York: retroactive manifesto for
Manhattan (Nueva York: Oxford University Press. 1978).
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Berger, Peter L. y Luckmann, Thomas. La construcción social de la realidad.
(Buenos Aires: Amorrortu Editores. 1968).
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La utilización en este texto del término 'modernidad' corresponde al uso que de
él se ha hecho en los trabajos vinculados a la Escuela de Frankfurt, que no es
completamente coincidente con su uso habitual en arquitectura.
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Sobre este tema he tenido en cuenta: Habermas, Jürgen en Technik und Wissenchaft
als Ideologie (Frankfurt am Main. 1968) y Guiddens, Anthony Consecuencias de la
modernidad (Madrid: Alianza Editorial. 1993).
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Sobre este tema: Latour, Bruno War of the worlds: what about peace? (Chicago:
Prickly Paradigm Press 2002).
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Baste pensar la importancia que han tomado las asociaciones específicas o los
lobbies con un proyecto ético en la definición de las agendas de investigación
científica. Como ejemplo del primer caso pensemos en la importancia que tuvieron
las asociaciones de grupos con alto riesgo de contagio del VIH, hemofílicos y
homosexuales, en la movilización de fondos públicos para la investigación de
vacunas y tratamientos paliativos. Del segundo caso, recordemos la importancia
que ha tenido la oposición de numerosos grupos de filiación religiosa a la
investigación con células madre en la exclusión de determinados programas
científicos.
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Sobre este tema, por no irnos muy lejos, tenemos un claro ejemplo en las
recientes polémicas en torno a las dimensiones de la vivienda social en España.
Lejos de convertirse en una polémica intraprofesional entre arquitectos, el
debate público ha sobrepasado los círculos de los expertos oficiales para
convertirse en un debate a muchas voces, en el que todos los ponentes -usuarios,
políticos, promotores y arquitectos- cuentan con una perspectiva de análisis y
evaluación propia, todos ellos son expertos con una perspectiva singular e
intereses interrelacionados y, en parte, contrapuestos.
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Bourriaud, Nicolas. Relational Aesthetics (Dijon FR:les Presses du Reel. 1998)
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Schmitt, Carl. El concepto de lo político. (Madrid: Alianza Editorial)
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Susan Sontag ha denunciado cómo lo kitsch, lo cursi, lo femenino y lo afeminado
han sido excluidos sistemáticamente de las construcciones estéticas de la alta
cultura. Hablando de tecnología podríamos decir lo mismo de lo no optimizado o
de las soluciones oportunistas. Y, hablando de moral, de los trampantojos, la
figuración metafórica o el ornamento. En este sentido es importante señalar el
interés creciente, inaugurado por Venturi y Scott-Brown, entre los arquitectos
por encontrar prácticas que fomenten la representatividad de sus productos.
Sontag, Susan. Against interpretation and other essays. (Nueva York: Picador.
1967).
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Tessenow, Heinrich. Heinrich-Tessenow-Archiv. Kunstbibliothek, Berlin.
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Wellmer, Albrecht. Art and industrial production. (Cambridge MA: The MIT Press.
1991)
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Lippman, Walter. The phantom public. (Nueva York: Harcourt, Brace and Company)
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Sobre las fallas del sistema de expertos asociado a la ilustración es
interesante leer: Chazanovskij, Karcev. Warum irrten die Experten? (Berlín:
Verlag Technik GMBH. 1980)
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Sloterdijk, Peter. Esferas I. Burbujas. Microesferología. (Madrid: Ediciones
Siruela. 2003).
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Sloterdijk, Peter y Oliveira, Carlos. Experimentos con uno mismo.
(Valencia: Pre-Textos. 2003).
Sobre el autor: Andrés Jaque Email de contacto:
oficina@andresjaque.com
Este texto está publicado en Pasajes de Arquitectura y Crítica. N.66 Abril 2005
(pp. 44-47)
© Andrés Jaque - Duque Fernán Núñez, 2 28012 Madrid t.f. +34 91 4201008 oficina@andresjaque.com
. Andrés Jaque es arquitecto y profesor de Proyectos Arquitectónicos en la
Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Desde octubre de 2000,
dirige en Madrid la oficina de arquitectura Andrés Jaque Arquitectos, cuya
trabajo ha sido publicado y expuesto en numerosos foros de debate
arquitectónico, como la Casa Encendida en Madrid, la Bienal de Venecia o la
Bienal Iberoamericana de Arquitectura.
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