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Termas romanas. La edad media. En épocas antiguas se
consideraban inmorales tanto las termas romanas como los que asistían a ellas,
esto porque la iglesia cristiana consideraba imperante la limpieza del alma
antes que la del cuerpo. A pesar de estas creencias, debido al frío, en la
Europa septentrional, se consideraba poco sana y superficial tanta limpieza. Una
gran cantidad de ciudades medievales carecían de agua y alcantarillado,
convirtiendo, los factores anteriores, el aseo en algo poco común en la
población. En otros lugares, como es el caso de Escandinavia, pese a su no
relación con la civilización romana y a la poca imposición del cristianismo, las
casas contaban con una habitación de madera con bancos a lo largo de las
paredes, a la cual denominaban sauna. Las familias entraban a esta habitación
para tonificar la piel y al finalizar se daban un
baño de agua fría para regenerar la circulación
de la sangre. Cuando los musulmanes conquistaron las zonas del sur de Europa
donde imperaba el cristianismo, impusieron baños públicos en todas las ciudades,
hasta el reinado de los Reyes Católicos, quienes expulsaron a hebreos y
musulmanes. En las regiones de Granada y Córdoba, para la época islámica
española, se destacaron con estos baños el palacio Alhambra, el cual poseía tres
distintas habitaciones para las diferentes temperaturas, además estaba el
palacio de Medinat al-Zahara.
Los baños de vapor de la civilización romana se conocen en ciertas regiones como
baños turcos, puesto que estos los perfeccionaros, ejemplo de esto se da en
Constantinopla, donde se arraigaron costumbres romanas. En lugares como Turquía,
el aseo llegaba a tomarse un día completo, como parte de su ocupación social. En
Japón cada casa poseía su baño privado, que podía estar en el interior o ser una
piscina externa, el momento del aseo se consideraba algo, muy personal.
El mundo moderno occidental. En las colonias americanas y el mundo
occidental cristiano, el aseo no era parte de la tradición, puesto que fue
prohibido por la Reforma protestante y la Contrarreforma católica siglo XVI. Al
retomarse la cultura de las aguas medicinales, ya en los siglos XVIII y XIX,
eran solo los de clase alta quienes podian costear viajes de una semana al año a
balnearios de moda como eran: Bath en Inglaterra, Vichy en Francia, Baden-Baden
en Alemania o La Toja en España, los cuales mas tarde ofrecían hoteles de lujo,
tiendas y casinos. Para finales de 1800, las familias de alcurnia poseían en sus
casas baños con agua corriente y bañeras. Hoy en día contamos con más de un
cuarto de baño por vivienda, con agua caliente, duchas y otros efectos
sanitarios, considerándose ya la higiene personal como cuestión de salud.
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