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La sábana santa de Tromso.
El verano pasado acordé con la arquitecta noruega Annike Romuld el
siguiente juego: ella me enviaría una caja de zapatos y con su contenido yo
tendría que construir, a lo largo del verano, lo que convenimos en llamar
situaciones arquitectónicas. Recibí una caja envuelta en papel de estraza con
una tela blanca plegada de 6 x 0,4 metros, con un dobladillo de 6 milímetros en
todo su perímetro. Annike enviaba un objeto propio de la ortodoxia
arquitectónica. La tela blanca era un objeto depurado, limpio, un poco clásico y
sin aparente ideología. No había rastro del proceso de fabricación, ni de su
valor de mercado, ni de las garantías y riesgos que ofrecía. Era un objeto
autónomo en su concepción, que reivindicaba ser el centro de una realidad
propia. O usando el término acuñado por Donald Judd: un objeto específico.
Durante el verano Claudia Picazo y yo hemos estudiado en qué secuencia se dobló
la tela, observando la dirección de las intersecciones entre pliegues. Dónde se
empezó a hacer el dobladillo y en qué puntos se cambió la bobina de hilo.
Calculamos su valor de mercado y su coste de fabricación Sabemos que en el
proceso intervinieron dos personas, que trabajaron en una mesa de
aproximadamente 1,60 x 0,80 metros, y que en el lugar había un perro. Que
tardaron más de tres horas en cortar, empalmar, rematar y plegar la tela. La
detección de partículas por microscopía electrónica y el análisis de sustancias
por spectrum processing de diferentes fragmentos de la tela desveló el mapa
biológico de una vivienda típica escandinava. Y las pequeñas manchas de vino
tinto, una actitud celebrativa y probablemente toda una ética del trabajo. La
tela, que ahora llamamos la Sábana Santa de Tromso, ya no es blanca ni está
vacía. Hemos bordado y señalado los rastros de las acciones que se han operado
sobre ella. Y también de las asociaciones entre la tela y los procesos de los
que forma parte. Ha perdido su especificidad y probablemente algo de su
respetable y seductora autonomía. Pero a cambio, haciendo uso de la terminología
que ha popularizado Joseph Stiglitz, ha ganado transparencia.
Was in einem Thomson-Gerät so alles drinsteckt. En uno de sus primeros
trabajos, todavía como fotógrafo publicitario, junto a una radio Thomson abierta
y mostrando sus mecanismos internos, Andreas Gursky preguntaba: ¿qué hay dentro
de un aparato Thomson para que todo sea posible? Se trata de una obra-manifiesto
que podría explicar gran parte de su trabajo posterior. Detrás de las pantallas
de leds con las cotizaciones cambiantes de los valores existían salas donde las
compra-ventas se negociaban a gritos, como hace visible su serie de mercados. La
seguridad de los prismas herméticos de los edificios de oficinas de Düsseldorf
dependía de la simple decisión de poner dos conserjes para que se vigilen entre
si, como muestra la serie Vigilantes. La obra de Gursky es, en su conjunto, un
despliegue de los mecanismos organizativos de la sociedad occidental
post-industrial y responde al proyecto de descajanegrizar un contexto que todos
utilizamos sin comprender cómo funciona. Como en la Sábana Santa de Tromso el
trabajo de Gursky no es tanto crear sino desvelar. Y no tanto activar ideologías
como crear el marco o las condiciones para que los funcionamientos ocultos se
hagan visibles. La disolución de la opacidad del objeto ha sido una preocupación
constante en la arquitectura del siglo XX y el término transparencia ha sido
venerado como uno de los pilares de la modernidad. Como señalaban Rowe y Slutgky
en su famoso ensayo de los setenta, tanto en la transparencia asociada a la
traslucided física del material, como en la relacionada con la superposición de
ordenes geométricos de diferente naturaleza, hay un deseo de gestionar la
condición ambigua y ambivalente de los objetos. Para Gyorgy Kepes "La
transparencia implica la percepción simultánea de distintas localizaciones
espaciales".5 Una utilidad de la transparencia, la de simultanear valoraciones y
lecturas diversas sobre la realidad -definidas desde diferentes posiciones-, que
lleva a la actualidad de la arquitectura, preocupaciones ineludibles en el
pensamiento político y ecológico actual, tomados en parte de la economía de la
información. Fabian Muniesa6, haciendo referencia al trabajo de Rowe y Slutgky,
constata la aparición de nuevas formas de transparencia: transparentar no es ya
sólo la transparencia física de los materiales, ni la superposición de sistemas
geométricos contradictorios. Nuevas transparencias que como en su día la del
vidrio, trae nuevas posibilidades para pensar el entorno del hombre. Nuevas
definiciones que centran el debate de la arquitectura en el rol que ésta juega
en la construcción del ciudadano y en la capacidad del medio construido de
convertirse en el soporte de una ciudadanía participativa.
Tejido automático o tarde de pic-nic con una techno-gheisa. Hace un año
trabajamos durante unos meses en la construcción de un traje que contenía en
parte las claves de la ciudad contemporánea. Era un traje con una pradera de
césped en la tradición de los parques urbanos y una cápsula que se hinchaba para
crear un espacio de intimidad. Tenía una botella de gas conectada al quemador de
una cocina, un sistema de iluminación autónomo y un almacén de objetos. Desde el
principio decidimos llamarlo Tejido Automático porque, en lugar de asignar
recintos espaciales a las diferentes actividades, el traje se adaptaba activando
diferentes infraestructuras que creaban las condiciones en las que, de forma
automática, diferentes usos eran posibles. Le pedimos ayuda a la artista
conceptual Alicia Ríos, autora del primer protocolo de urbanofagia, para hacer
un primer ensayo en un pic-nic colectivo en la galería Doméstico. Alicia
manipulaba el traje en una secuencia de usos urbanos. Era la anfitriona de la
ciudad que, como una techno-gheisa, modificaba su atuendo en un programa de
utilidades disponibles. Nuestro trabajo no fue tanto construir un traje, si no
un rol de anfitrión. O, dicho de otro modo, diseñar un agente que actuaba
creando vínculos entre los participantes. Un agente con una misión: construir
asociaciones entre los participantes en al evento, el café, los bollos y un
traje transformable. Una asociación que duraría hasta que la asociación dejase
de ser favorable para todos, o dicho de otro modo hasta el momento en que los
intereses, deseos, sensibilidades de alguno de los agentes dejase de estar
representado en el acuerdo. Cuando el deseo de diversión de los participantes
terminase, o cuando el café se enfriase, o cuando apareciese un evento con mayor
capacidad de seducción, la construcción evolucionaría hasta encontrar un nuevo
acuerdo.
Nos gustaba pensar en el pic-nic como una construcción arquitectónica
transparente. Transparencia como lo explicaba Kepes, como la reunión de
localizaciones, de sistemas de referencia, de descripciones diversas. Como la
convivencia de agentes con diferentes deseos y necesidades, con diferentes
formas de entender y construir su medio. Un objeto transparente como el acuerdo
que estabiliza y aporta consenso, sin homogeneizar. Durante mucho tiempo la
arquitectura se ha preocupado por crear nuevas realidades, descuidando si los
objetos que producía estaban en si mismos cargados de realidad. La Sábana Santa
de Tromso o Tejido Automático no son el vehículo de un nuevo comienzo, ni de un
horizonte utópico. Son contratos en los que los actores que construyen un
contexto, del usuario al sistema postal europeo, o de un depósito de gas al
deseo compartido por tumbarse en una pradera de césped, pactan asociaciones
temporales. Una arquitectura de las relaciones que da nuevos significados a los
términos de siempre. Construir no es edificar, si no crear las condiciones para
que lo ya existente emerja. Durabilidad no es ya la durabilidad de los
materiales, sino en qué medida una asociación representa la naturaleza, deseos e
intereses de diferentes actores y lo seguirá haciendo frente a nuevas
circunstancias. Trasparencia no es ya la de los materiales, si no la simetría en
la información. Un estado en el que todas las partes implicadas en un proceso
dispongan de voz, información y competencia para comprenderlo. Y es también un
encuentro no resuelto entre diferentes posiciones. O, con otras palabras, una
controversia desvelada, pero no resuelta.
Sobre el autor: Andrés Jaque Email de
contacto: oficina@andresjaque.com
Este texto está publicado en Pasajes de Arquitectura y Crítica.
N.66 Abril 2005 (pp. 44-47)
© Andrés Jaque - Duque Fernán Núñez, 2 28012 Madrid t.f. +34 91 4201008 oficina@andresjaque.com
. Andrés Jaque es arquitecto y profesor de Proyectos Arquitectónicos en la
Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Desde octubre de 2000,
dirige en Madrid la oficina de arquitectura Andrés Jaque Arquitectos, cuya
trabajo ha sido publicado y expuesto en numerosos foros de debate
arquitectónico, como la Casa Encendida en Madrid, la Bienal de Venecia o la
Bienal Iberoamericana de Arquitectura.
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