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Capital social, paradigma base para la
construccion de identidades locales. El
presente ensayo toma como cimientos principales de un capitulo del libro citado
, el que lleva por titulo tres mujeres de la feria practicando la sororidad, en
donde cobra relevancia las historias de vida de 3 mujeres, vivenciando ciclos de
desarrollo diferentes, de acuerdo con sus propias características particulares
como lo son sus edades, sus sentimientos e intereses por la vida, pero que
finalmente tienen un trasfondo común que las une, me refiero al esfuerzo,
trabajo, reciprocidad de sus practicas sociales que hacen de su cotidianidad una
rutina de vida. Es por medio de su trabajo que las mujeres van desarrollando un
juego social cargado de transmisiones ancestrales y que se va replicando de
generación en generación. Además, a estas tres mujeres las une su propia
cosmovisión de vida dado por la experiencia de ser una mujer mapuche. Todos
estos elementos van configurando lo que denomino capital social, este concepto
que es vital para comprender la base de lo que significa el desarrollo local
frente a los procesos globalizadores y bajo un sistema neoliberal, en donde es
el mercado quien regula en cierta forma las relaciones sociales. Es por ello,
que en cierta forma se esta dejando los procesos locales productivos cada vez
mas invisibles, frente a un mercado global, como es el caso de las mujeres de la
Feria Pinto, que forman parte de una dinámica socioproductiva local y en donde
se atenta cada día con la desintegración de lo que forma parte de nuestro
patrimonio cultural, por ende desde el punto de vista cultual, la tendencia a la
homogeneidad de la globalización hace que las culturas locales vayan
desapareciendo progresivamente y perdiendo su identidad dando paso a nuevos
patrones de conductas asimilados.
Tres mujeres practicando la sonoridad. Ha quedado demostrado a través de las
vivencias de las mujeres su capacidad de desentrañar ese sentimiento del yo por
el de un nosotros en la Feria Pinto, dado por años de convivencia junto a otros
feriantes en donde se han construyendo redes sociales, de las cuales se van
formando amistades que perduran aun cuando son mediatizadas por la oferta y la
demanda de los productos, a pesar de la inclemencia del tiempo, de los largos
trayectos para llegar a su lugar de trabajo, del cansancio de jornadas
agotadoras, y el poco tiempo que les queda para compartir con sus familias,
producto del triple rol que deben compatibilizar las mujeres, siendo estos el de
trabajadora, madre y dueña de casa. Sumándoseles a lo anterior, la precariedad
de las condiciones laborales en donde las mujeres que viven diariamente de una
economía de carácter informal prácticamente de subsistencia, se les hace
imposible asegurarse dentro del sistema de previsión social con la finalidad de
que se les garantice una jubilación digna producto de años de trabajo y
esfuerzo, permitiéndoles de esta manera una cierta estabilidad a futuro. Es el
alto grado de capital social que poseen las mujeres de la Feria Pinto , lo que
les permite en cierta forma, hacer mas llevadera y amena su vida, que
prácticamente lo constituye su lugar de trabajo, ya que es aquí donde pasan el
mayor tiempo. Permitiéndoles, el capital social desarrollado una mayor confianza
reciproca y cooperar en la formación de nuevos grupos o alianzas para la
realización de acciones en común.
Específicamente en las tres mujeres de la feria Pinto, esta representado la
presencia de las redes y agrupaciones que facilitan las relaciones fundamentadas
en la asociatividad, y la solidaridad. Vinculándose por el efecto y cariño que
configuran relaciones estrechas en el grupo, enlaces de afinidad o compañerismo
basadas en sentimientos de respeto. Es el concepto de sororidad lo que le da
vida al paradigma del capital social, como lo señala Marcela Lagarde, feminista
y antropóloga mexicana: "La alianza de las mujeres en el compromiso es tan
importante como la lucha contra otros fenómenos de la opresión y por crear
espacios en que las mujeres puedan desplegar nuevas posibilidades de vida". Es
importante, comentar que el concepto de capital social, ha resurgido como
respuesta a los fracasos de las ideas economicistas del desarrollo, resaltando
la necesidad de valores como la confianza interpersonal, la asociatividad, la
conciencia cívica, la ética y los valores predominantes en la cultura de una
sociedad, a fin de formular políticas con objetivos de lograr una estrategia de
integración de los países en desarrollo al mundo globalizado. En América Latina
los graves errores en la concepción y aplicación de las políticas de desarrollo,
han contribuido a acrecentar el déficit de capital social de la región.
El paradigma de capital social plantea que los términos y niveles de intercambio
no sólo dependen de nuestro deseo por bienes, servicios físicos y por activos
productivos; sino también por la búsqueda de bienes socio-emocionales que
siempre estarán presentes en todas las relaciones humanas. El capital social es
importante porque contribuye, en forma determinante a mejorar la calidad de vida
de los individuos y las comunidades, viéndose a los actores como agentes
protagónicos en la solución de sus problemas y articuladores de la dinámica
socio-cultural de la región. Es por ello, que el capital social es uno de los
pilares fundamentales del desarrollo local, adquiriendo importancia la dimensión
cultural, que entiende que en un territorio operan identidades locales que se
revelan y se niegan a desaparecer ante la fuerza de las tendencias globales
homogeneizantes. Sobre esos particularismos; se constituyen actores que pueden
impulsar procesos de desarrollo localmente controlados y gestionados. Respecto a
lo señalado es importante expresar: ¨Lo global no puede prescindir de lo local,
ni lo local puede expandirse o aún sobrevivir, desconectado de los movimientos
globalizadores ¨(Garcia Canclini 1998:50).
Por tanto, es necesario revalorar y visibilizar el papel de la mujer
indígena-trabajadora en el manejo de los recursos naturales, sus capacidades, en
la transmisión de valores, en la conservación y transmisión del conocimiento
ancestral, y en la conservación de la diversidad cultural y natural, que
conforman un capital social como una forma contrarrestar los efectos negativos
de la globalización, promoviéndose de esta manera un desarrollo notablemente
endógeno. No hacerlo, invisibiliza, desconoce, y no ayuda la construcción de la
identidad. Reconocer y reconocerse favorece la construcción del sujeto social.
Toda persona se constituye como sujeto social desde el reconocimiento de su
nombre, identidad, demandas, necesidades, deseos y temores. Por otro lado, el
empoderamiento de las mujeres indígenas pasa por la recuperación, reconocimiento
y valoración de los saberes indígenas previos como base para la incorporación de
nuevos saberes. Es a partir de este reconocimiento que las mujeres indígenas
pueden trascender el espacio privado y acceder a mayores espacios de decisión
sin perder de vista la identidad de género y la identidad étnica que crean
condiciones para el desarrollo de capacidades propias con dignidad.
En condiciones de subdesarrollo, como las nuestras el modelo neoliberal, como
proceso se hace mas desencarnado, ya que la mayoría de las personas se vuelven
objeto del poder económico de una minoría. Además, hay que ser concientes que
bajo este modelo económico no todos somos competentes, ya que la mayoría de las
personas no cuenta con las habilidades y recursos para entrar a competir en el
sistema, como es el caso de las mujeres de la feria pinto, ya que no sólo tienen
mayores dificultades para acceder a los servicios educativos, sino más aun
dificultades para salir de la pobreza por las responsabilidades familiares y el
cuidado de los niños, la discriminación para acceder al mercado de trabajo, la
segmentación de las ocupaciones y los menores salarios. Hay una
complementariedad entre la dominación étnico-cultural y la de género, es decir
las mujeres indígenas son consideradas inferiores no sólo por ser mujeres, sino
también por ser pobres e indígenas. Pareciera ser que el modelo económico esta
diseñado solo para favorecer a cierto segmento de la población en desmedro de
otros. Es por ello que el modelo neoliberal resultaría eficiente si todas las
personas contaran con recursos y capacidades para moverse en un sistema
competente e individualista, y esto lamentablemente pasa a ser solo una mera
utopía.
Es por ello que a partir de ésta reflexión se hace necesario pensar en la
importancia del desarrollo local, sin dejar de tomar en cuenta los procesos
globalizadores y sus efectos sobre lo local. Este desarrollo al cual hago
alusión, busca privilegiar el fomento del capital social y la microeconomía, con
la finalidad de promover el desarrollo a partir de las propias necesidades y
riquezas de la población local. Como un mecanismo para enfrentar todos los
elementos e impulsos de carácter exógenos que cotidianamente nos bombardea
desestructurando nuestras pautas identitarias. Es por esta razón que se requiere
engendrar una nueva reconstrucción respecto a la formación de identidades
locales, como símbolos de un desarrollo endógeno, en donde participan de manera
activa y comprometida los diferentes actores sociales. Un desarrollo en el cual
se dependa de las propias capacidades locales para generar iniciativas y
compatibilizar esfuerzos y en donde se revalorice la importancia del capital
social en un contexto global, como fuente de relaciones en donde se recrean las
praxis sociales locales de muchos actores, que forman parte de una cultura
identitaria que no esta destinada a desaparecer si se les deja de considerar
invisibles. Sobre el autor y
colaborador de este articulo: Maria loreto Perez Solis
Email de contacto: loreine_p@hotmail.com
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