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EL ESPACIO URBANO COMO LOCUS
LUDUS. Si bien lo que hemos mostrado es la tendencia dominante, el
carácter dialéctico de la sociedad lo pone en pugna con las manifestaciones y
formas lúdicas preservadas y recreadas por aquellos sectores 50c les que no son
los dominantes pero que constituyen la posibilidad de cimentar la identificación
cultural, artística y colectiva. En efecto, la ciudad capitalista no funciona
total y completamente como lo pretendería un acabado diseño de planificación
urbana. A su interior coexisten y se manifiestan otras tendencias que solo
parcial mente logran ser controladas y por tanto generan una dinámica muy fuerte
de renovación constante. La ciudad capitalista, en tanto hecho histórico y en
tanto espacio construido, inevitablemente es un hecho colectivo (Rossi, A.;
1971) y el tipo de relaciones que la población en formas espontánea establece
con sus propias construcciones espaciales está signado por las características
culturales que han logrado consolidarse hasta configurar una identidad. Este
carácter cultural le viene de la tendencia lúdica recreativa que la cotidianidad
impulsa en la ciudad. Desde esta perspectiva la necesidad de una zona especia
para la recreación no tiene ningún sentido porque lo que es lúdico, lo que
recrea es el tipo de relaciones que se establecen entre el devenir ciudadano de
]a población, sus diversos quehaceres y e] espacio que los alberga y que los
relaciona Lo verdaderamente lúdico es la capacidad de ciudadano de apropiarse y
transformar. el espacio . Y es el desarrollo y fortalecimiento de esta capacidad
—un movimiento esencialmente político en tanto ideológico y cultural— lo que se
enfrenta al funcionalismo y a la zonificación propugnadas e impulsadas por el
desarrollo capitalista en el espacio urbano. En esta pugna,
tanto el funcionalismo como la zonificación espacial actúan como los elementos
metodológicos mediante los cuales las tendencias dominantes en las sociedades
capitalistas propenden por la privatización del espacio citadino; sustentan la
materialización de una purificación funcional de los lugares que se lograría
cuando se vacíen de contenidos diversos las distintas parcelas en las que se ha
reventado la ciudad. Frente a ello la tendencia colectiva propende por una
socialización espacial en la que la interrelación de funcionamientos crearía las
posibilidades de una economía y una ecología en las cuales se pudieran mantener
puntos de equilibrio que aseguraran unas condiciones de existencia que
garanticen “e libre juego espiritual” de los ciudadanos (Marx). De esta manera
los parques. por ejemplo, no funciona rían “como pulmones” sino que estarían
integrando el espacio ciudadano como elemento de encuentro de las calles y las
avenidas; y las plazas continuarían la labor de acercamiento, de intercambio
social que la calle, especialmente en los sectores populares, persiste en
mantener. Se concretizan así las dos tendencias que se encuentran en pugna
constante por el espacio de la ciudad capitalista y que le dan dos
significaciones distintas a la problemática urbana de la recreación y a la
configuración de su escenario. 1. Del lado de los sectores dominantes estaría la
tendencia a consolidar, por puro funcionalismo, la zonificación y la parcelación
de la ciudad, para satisfacer así la necesidad de la dominación de mantener al
conjunto de la población ocupado, en recintos cerrados, pro gramados y
jerarquizados para ejercer el más absoluto control sobre las actividades y
movimientos de la ciudadanía propendiendo por una gran economía de movimientos
y, como lo plantea Le Corbusier, tratando de que sea la casa de habitación el
centro de todo el sistema: “El ciclo de funciones cotidianas, habitar, trabajar
y recrearse (recuperación) será regulado por el urbanismo dentro de la más
estricta economía de tiempol5. La vivienda será considerada como el centro mismo
de las preocupaciones urbanísticas y como el puente de unión de todas las
medidas” (Le Corbusier; 1971: 122). La expresión más evidente que puede alcanzar
a nivel espacial este tipo de planteamientos frente al espacio de la recreación
urbana, aparte del espacio que está vinculado al consumo de los llamados
sectores comerciales, se tendría a través de las “zonas recreativas”, parques de
diversión, instalaciones y complejos deportivos y los llamados `centros
culturales”.
Además, dependiendo de las condiciones internas de cada
sociedad, los clubes privados y aquellos que asemejándose a ellos han sido
construidos para los sectores sometidos de la sociedad a través de los
mecanismos institucionales, sean del Estado o del simple capital privado y que,
al menos en nuestro país, tiende a estar ubicados en las afueras de la ciudad.
2. Enfrentando aquella tendencia estarían en nuestras ciudades los sectores
dominados y sometidos de la sociedad, la gran mayoría de la población y quienes
estarían optando por una interpretación más lúdica del espacio urbano. Tendiendo
siempre a una socialización del conjunto social yen particular en lo referente a
la producción, distribución, usos e implementación del espacio urbano. Para
ellos los diferentes sitios y sectores especializados, ya creados y preservados
como elementos identificatorios del entorno, funcionan en la medida en que se
comporten como aglutinantes del movimiento lúdico y se integren al espacio
ciudadano. El espacio lúdico por excelencia de este conjunto de población,
aparte de los parques y plazas, es la calle y su socialización la tendencia
constante de estos sectores: No solamente porque su labor fundamental deviene
socializadora como fuerza de trabajo en el proceso productivo y tiende a ampliar
su esfera de influencia, sino porque además, a! menos en países como Colombia,
las condiciones espacia les de sus viviendas las impulsan a mantener y a
continuar una integración con el espacio ciudadano, con el entorno próximo: la
calle; la cual en tanto espacio socia!, comunal, colectivo, aparece como el
espacio natural de los sectores sometidos así como el espacio privado lo es de
la burguesía y de los sectores dominantes. Las definiciones en la pugna entre
esas dos disposiciones depende, nuevamente en cada caso, del estado que presente
la lucha de clases en el interior de cada formación social en particular.
LA CULTURA URBANA Y LA APARICIÓN DE LA PLANEACIÓN EN LA
CONFORMACIÓN DE LA CIUDAD CAPITALISTA. La idea de configurar zonas en la
ciudad destinadas exclusivamente ala función recreativa (o a cualquiera otra)
así como la consecuente contraposición a esta concepción que propugna por un
urbanismo que permita el disfrute lúdico de la morfología ciudadana sólo surgen
cuando el desarrollo capitalista intenta, como un resultado del fortalecimiento
de su estructuración, un dominio completo del espacio citadino y ha llegado a
estructurar (también para lo mismo) una ideología de su interpretación que
incluso ha dado pie a pensar en la posibilidad de una “civilización urbana”.
Tanto la nueva espacialidad que logra concretizarse como las acciones,
manifestaciones y discursos sociales, ideológicos y políticos en los que se
materializa la pugna entre estas distintas concepciones dependen en lo
fundamental de las condiciones en las cuales el proceso de urbanización ha
tenido lugar al interior de cada formación social y, por tanto, están
determinados por los elementos históricos y estructurales que definieron dicho
proceso. La construcción de una ciudad (y en general de un sistema espacial
urbano) en tanto conformación y configuración de su espacio y de las relaciones
que se establecen entre esa materialidad y la población que la edifica y que la
habita, es esencialmente un hecho histórico y artístico en tanto colectivo y
además (y por lo mismo) está instalado en el terreno de a cultura en la medida
en que es un proceso que indica permanencia ya que integra pasado, presente y
futuro de las formaciones sociales que alberga. Hacemos énfasis en esto porque,
especialmente el último punto, sirve para explicar el porqué de las formas tan
distintas en las que se ha materializado el espacio urbano de la ciudad
capitalista, tanto en aquellos países que en el desarrollo del sistema están
ubicadas como dominantes como en aquellos otros que funcionan como dependientes.
Ciertamente, las ciudades de la Europa Occidental, las norteamericanas y las
latinoamericanas corresponden, a la vez en sus morfologías particulares y, sobre
todo, en su organización y funcionamiento, a las formas urbanas espaciales que
en los diferentes ámbitos ha requerido el desarrollo capitalista para seguir
reproduciéndose. No obstante, la configuración espacial de cada uno de esos
tipos de ciudad es totalmente distinta; y en su interior, para el caso que nos
ocupa, la concretización de la pugna entre la imposición de una determinada
calidad de espacio urbano ye1 rescate y/o preservación de la posibilidad del
disfrute del entorno colectivo no solamente se inauguró en cada una de ellas de
forma diferente sino que sus resultados y continuación han producido
materializaciones difíciles incluso de comparar. Por esto es importante señalar
cuáles fueron las posibilidades que encontraron las nuevas tendencias
capitalistas de configurar definitivamente un espacio en las ciudades cuando su
desarrollo estructural, en cada caso yen tiempos distintos, así lo obligó. ¿Qué
fue lo que tuvo que enfrentar y cuál era la solidez —histórica. colectiva y
cultural— de las morfologías ciudadanas ya constituidas cuando hizo su aparición
el concepto de zonificación y empezaron a formularse las ideologías de la
planificación urbana?. A riesgo de parecer esquemáticos, pero por la necesidad
de agilizar el análisis, simplificaremos en lo que sigue el desarrollo requerido
por la antecedente interrogación para tratar de ubicarnos en el caso concreto de
la formación social colombiana. (Colaborado por: Raul Nolasco Kipes,
Argentina, Fuente: PLAN CONTRA LA RECREACIÓN DE
LA CIUDAD ) |