Mies van der Rohe


   

Mies van der Rohe

Mies van der RoheLlega a decidir plantas en función de las dimensiones y propiedades de un solo elemento. Tal es el caso de la pared de ónice del pabellón de Alemania en la Exposición Universal de Barcelona de 1929; había previsto utilizar mármol, pero por diversas circunstancias se ve obligado a cambiar de parecer, y ello le hace reestructurar la planta del pabellón según las medidas de la nueva pieza.

Experimenta con las posibilidades de los distintos materiales –con el ladrillo, al principio- y empieza a plantear en los muros los juegos de los planos casi lisos. Su primera obra, la casa Riehl (Berlín-Neubabelsberg, 1907), realizada antes de entrara a colaborar en el taller de Peter Behrens –donde no coincide con Gropius y apenas con Le Corbusier, a pesar de que es aún una obra clásica, anticipa un tipo de solución que más tarde ofrece en otros proyectos: construye una pared de carga apaisada para cubrir el desnivel que separa la fachada del jardín.

Sigue aplicando esta solución en los siguientes encargos que recibe, en los que entra de lleno en la ponderación del ladrillo, trabajado como elemento estético. Obras como el monumento a Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht (1926), erigido en Berlín y posteriormente derribado, o la casa de ladrillo, proyectada en 1923, son dos ejemplos de un concepto distinto de lo que hasta entonces podía ser el acabado en arquitectura. Mies provoca y desafía dejando este material al descubierto, elevándolo así a la categoría de un material noble.

La obra que desarrolla a lo largo de la década de los veinte es un avance de su devenir arquitectónico, y define los principios que caracterizarán toda su producción. Trabaja en proyectos para rascacielos, villas o viviendas unifamiliares y pabellones, y tiene la oportunidad de conocer su proyección internacional, al tiempo que recibe un reconocimiento oficial a través de las exposiciones de Stuttgart (1927) y de Barcelona (1929). Es la década de su afirmación como arquitecto de prestigio, rica en experiencias y satisfacciones.

Uno de sus trabajos es el proyecto de un edificio de oficinas ubicado en el centro de Berlín, en la Fiedrichstrasse. Su propuesta, consistente en dos rascacielos revestidos de cristal, que nunca llegan a construirse, tiene el valor de introducir un tipo de estructura ligera, en una planta irregular, en la que los materiales son fundamentales: hormigón, acero y cristal, paradigmas de la posterior edificación de rascacielos.

Mies no es un innovador en la adopción del cristal –su uso ya ha sido ponderado por los miembros de Die Glässerne Kette, pero se convierte en pionero desde el momento en que sus fachadas a gran escala están así revestidas, ofreciendo un concepto distinto no sólo en cuanto a los exteriores, sino también en la disposición de plantas libres con iluminación natural.

Trabaja con el hormigón en todas sus posibilidades, bien como elemento estructural, bien como material de acabado exterior. El proyecto de 1924 para una casa de campo de hormigón armado define una estructura de gran fuerza expresiva, que le separa de los neoplasticistas al no tratar las superficies como planos abstractos que necesitan de un tratamiento estético; su estética viene dada por el mismo material, en el que halla continuidad y homogeneidad entre los diferentes planos que componen el proyecto de la casa.

Los encargos recibidos de particulares para otras villas, la casa Wolf (Guben, 1926), la casa Esters y la casa Lange (ambas en Krefeld y de 1928), e incluso la casa Kempfeld (Berlín, 1921), son un estudio de juegos de volúmenes y de planos yuxtapuestos, siempre enfatizados por los materiales elegidos. Los planos rectos de fachada se cortan con los amplios ventanales de cristal o con marquesinas sobre las puertas de acceso.

Van der Rohe tiende cada vez más a la simplicidad, a la abstracción de elementos, en búsqueda de plantas racionales que formen un todo continuo. La máxima expresión de su estilo la alcanza en el pabellón de Alemania (Barcelona, 1929), donde los materiales tienen importancia capital, ya que constituyen la definición del edificio, y en la villa Tugendhat (Brno, Checoslovaquia, 1928-1930), cuyas paredes exteriores se revisten de estuco.

En ambos casos desaparece el ladrillo, y se dan paralelismos con proyectos simultáneos, asimismo, en ambos se pone de manifiesto su preocupación por el mobiliario y demás elementos decorativos –en lo que es parte esencial la diseñadora Lilly Reich-, que deben ser diseñados para cada conjunto con objeto de lograr una unidad estética completa. En la misma época, la Deutscher Werkbund organiza la Weissenhof Siedlung en Stuttgart y Mies van der Rohe recibe el encargo de coordinar la sección denominada “La casa moderna”, a la que, en palabras de Peter Bruckmann, presidente de la Werkbund, “sólo pueden ser invitados a participar aquellos arquitectos que trabajen bajo un estilo progresista”.

Con este criterio de selección, y en calidad de director artístico, invita a un total de veintitrés arquitectos, entre los que se encuentran Behrens, Gropius, Mendelsohn, Oud, Van Doesburg, Scharoun, Le Corbusier, Taut, Hilberseimer, Van de Velde y Berlage, entre otros. Se construyen veintiuna edificaciones independientes, integradas por sesenta viviendas, que logran mantener un cierto tono unitario gracias a las soluciones de las fachadas –rectilíneas, lisas y de color blanco, cubiertas planas y barandillas redondeadas de los balcones.

Para la exposición, Van der Rohe se reserva un espacio a fin de levantar un bloque de viviendas colectivas de tres pisos. Este edificio de apartamentos es el ensayo para la aplicación de una estructura metálica, recubierta de muros extremadamente ligeros, en los que las aberturas están tan hábilmente dispuestas y mantienen un ritmo, enfatizado por los tejados planos de los aseos, ubicados en la cubierta, y por las barandillas de los balcones, único elemento que sobresale del plano de la fachada.

La aceptación de la vanguardia racionalista llega con la dirección de la Bauhaus en su último período. Mies aporta a la escuela el estudio de la construcción en sí misma, en su intrínseco contenido de estructura y de materiales.

Mientras está al frente de la Bauhaus (1930-1933) es nombrado miembro de la Academia Prusiana de las Artes y de las Ciencias (1931), y ese mismo año participa en la Exposición de la Edificación de Berlín como responsable de la sección “La vivienda de nuestro tiempo”, en la que presenta una casa para soltero, resultado, de reducidas dimensiones, de la fusión de la villa Tugendhat y del pabellón de Barcelona.

Las últimas obras –algunas no construidas- de la etapa anterior a su exilio norteamericano, como la casa Gericke (1930), el club de Campo (1930), la casa en hilera (1931), la fábrica de sedería (1932-1933), los proyectos para el Reichsbank (1933), la casa con patio y garaje y la casa con cinco patios (1934) no dejan de ser estudios reiterativos de sus planteamientos espaciales y estructurales de la década anterior; estudios que a su vez plante a sus alumnos de la Bauhaus, quienes trasladan miméticamente las mismas soluciones a sus ejercicios.

Mies van der Rohe asimila perfectamente los cánones del Movimiento Moderno, y las obras más representativas de su etapa europea en las que los aplica son las realizadas entre 1927 y 1930, tres años que han sido una lección para la arquitectura posteriormente desarrollada, así como una inspiración para las siguientes generaciones.

Estas obras fueron presentadas en su conjunto en la exposición que Henri Russel Hitchcock y Philip Johnson organizaron en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1932, un año antes de la instalación definitiva de Van der Rohe en Chicago, donde fue nombrado director de la Escuela de Arquitectura. (Enviado por: Chema Villanueva Juarez. forense_86@hotmail.com)




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