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Es imposible que un templo posea una correcta
disposición si carece de simetría y de proporción, como sucede con los miembros
o partes del cuerpo de un hombre bien formado. El cuerpo humano lo formo la
naturaleza de tal manera que el rostro, desde la barbilla hasta la parte mas
alta de la frente, donde están las raíces del pelo, mida una décima parte de su
altura total. La palma de la mano, desde la muñeca hasta el extremo del dedo
medio, mide exactamente lo mismo; la cabeza, desde la barbilla hasta su
coronilla, mide una octava parte de todo el cuerpo; una sexta parte mide desde
el externon hasta las raíces del pelo y desde la parte media del pecho hasta la
coronilla, una cuarta parte. Desde el menton hasta la base de la nariz, mide una
tercera parte y desde las cejas hasta las raíces del pelo, la frente mide
igualmente otra tercera parte. Si nos referimos al pie, equivale a una sexta
parte de la altura del cuerpo; el codo, una cuarta parte, y el pecho equivale
igualmente a una cuarta parte. Los restantes miembros guardan también una
proporción de simetría, de la que se sirvieron los antiguos pintores y
escultores famosos, alcanzando una extraordinaria consideración y fama.
Exactamente de igual manera, las partes de los templos deben guardar una
proporción de simetría perfectamente apropiada de cada una de ellas respecto al
conjunto total en su completa dimensión. El ombligo es el punto central natural
del cuerpo humano. En efecto, si se coloca un hombre boca arriba, con sus manos
y sus pies estirados, situando el centro del compás en su ombligo y trazando una
circunferencia, esta tocaría la punta de ambas manos y los dedos de los pies. La
figura circular trazada sobre el cuerpo humano nos posibilita el lograr también
un cuadrado: si se mide desde la planta de los pies hasta la coronilla, la
medida resultante sera la misma que se da entre las puntas de los dedos con los
brazos extendidos; exactamente su anchura mide lo mismo que su altura, como los
cuadrados que trazamos con la escuadra. Por tanto, si la naturaleza ha formado
el cuerpo humano de modo que sus miembros guardan una exacta proporción respecto
a todo el cuerpo, los antiguos fijaron también esta relación en la realización
completa de sus obras, donde cada una de sus partes guarda una exacta y puntual
proporción respecto a la forma total de su obra. Dejaron constancia de la
proporción de las medidas en todas sus obras, pero sobre todo las tuvieron en
cuenta en la construcción de los templos de los dioses, que son un claro reflejo
para la posteridad de sus aciertos y logros, como también de sus descuidos y
negligencias. Igualmente a partir de otros miembros del cuerpo, concluyeron el
calculo de las distintas medidas que son precisas en cualquier construcción,
como son el dedo, el palmo, el pie y el codo, y las fueron distribuyendo en un
computo perfecto, que en griego se llama teleo. Los autores antiguos fijaron un
numero perfecto, que es el llamado diez, pues es el numero total de los dedos de
la mano; a partir del palmo, descubrieron el pie. A Platón le pareció perfecto
el numero diez, ya que sumando cada una de las sustancias individuales
-monadas-, se obtiene la decena (es decir el numeroLas principales estructuras
de los templos de las que derivan su aspecto o figura exterior son: en primer
lugar, el templo in antis, en griego naos en parastasin; a continuación, los
llamados prostilo, anfiprostilo, periptero, pseudoperiptero, hipetro.
Su diferente estructura obedece a estas características: sera un templo “in
antis” cuando posea en la fachada unas pilastras que delimiten las paredes que
rodean el santuario y entre las pilastras se levanten dos columnas; en la parte
superior, un frontón dispuesto con la simetría que detalladamente describiremos
en este libro. Un ejemplo de templo “in antis” es el que esta junto a las tres
Fortunas, próximo a la puerta Collina. El templo “prostilo” es igual que el
templo in antis, excepto en las dos columnas angulares levantadas enfrente de
las pilastras; sobre ellas, unos arquitrabes, igual que en el templo “in antis”,
a la derecha y a la izquierda, uno a cada lado. Tenemos un ejemplo en la isla
Tiberina: el templo de Júpiter y de Fauno. El templo “anfiprostilo” posee los
mismos elementos que el templo “prostilo” pero además, en la parte posterior
tiene unas columnas y un frontón igual que en la fachada. Sera “periptero”
cuando posea en la fachada y en la parte posterior seis columnas y once en los
lados, incluidas las angulares. Estas columnas se disponen de manera que la
distancia del intercolumnio sea la misma que la distancia que guardan respecto a
las paredes en derredor, dejando un paseo en torno al santuario del templo, como
vemos en el pórtico de Metelo, en el templo de Júpiter Stator, levantado por el
arquitecto Hermodoro; aunque sin parte posterior, tambien podemos considerar el
templo del Honor y de la Virtud, levantado por Mucio, que forman los llamados
Monumentos de Mario. El templo “pseudoperiptero” queda dispuesto de manera que
tenga ocho columnas en la fachada y en la parte posterior y a los lados quince
columnas incluyendo las angulares. Las paredes del santuario, en la fachada y en
la parte posterior, quedan frente a las cuatro colunas, que ocupan el centro.
Asi, quedara un espacio abierto en derredor de dos intercolumnios mas la anchura
del imoscapo, desde las paredes hasta las ultimas filas de columnas. En Roma no
tenemos ejemplares de esta clase de templos pero si en Magnesia, el templo de
Diana, construido por Hermogenes de Alabanda, y el templo de Apolo, levantado
por Menesteo. El templo “diptero” tiene ocho columnas en el pronao o vestibulo y
otras ocho en la parte posterior; rodeando al santuario se levanta una doble
fila de columnas, como es el templo dorico de Quirino, y en Efeso el templo
jonico de Diana, construido por Ctesifonte. El “hipetro” es un templo de diez
columnas den la fachada y otras diez en la parte posterior. Los demas elementos
coinciden con los del templo “diptero”, pero en su parte interior posee dos
pisos de columnas, alejadas de las paredes, todas en derredor, como el portico
de los peristilos donde su parte central queda al descubierto, sin techumbre.
Tiene puertas con batientes a uno y otro lado, en el pronao y en la parte
posterior. Tampoco tenemos en Roma ningun ejemplar de esta clase de templos,
pero si en Atenas el templo octostilo dedicado a Júpiter Olimpico diez es el
total de sumar 1+2+3+4). Si alcanzamos el numero once y el numero doce, como
sobrepasan el numero diez, no pueden ser numeros perfectos y ningun numero sera
perfecto hasta que alcancemos la segunda decena; en efecto, cada uno de estos
numeros son sustancias individuales, son como partes o fracciones de la decena.
Los matemáticos, por el contrario, afirmaron que el numero
perfecto es el numero seis, pues posee unas divisiones que suman seis, de la
siguiente manera: la sexta parte, es el uno; la tercera parte, es el dos, la
mitad del seis, es el tres; dos terceras partes componen el numero cuatro, en
griego dimoeron; cinco partes del numero seis -pentemoeron-, es el numero cinco;
y el numero perfecto y final ephectum; formaremos el numero ocho sumando seis
mas una tercera parte, que en latin se llama terciarium y en griego epiritos;
añadiendo al numero seis su mitad se logra el numero nueve, que es un numero
sesquilatero, en griego hemiolios; si al numero seis le sumamos dos terceras
partes obtenemos la decena, en griego eipidimoeros; el numero once es el
resultante de sumar cinco al numero seis, es decir, un quintario, en griego
epipemptos; el numero doce se obtiene sumando dos veces el numero seis, el
numero elemental, que se denomina diplasios. De igual modo, el pie es la sexta
parte de la altura del hombre, o lo que es lo mismo, sumando seis veces un pie
delimitaremos la altura del cuerpo; por ello coincidieron en que tal numero -el
seis- es el numero perfecto, y además observaron que un codo equivale a seis
palmos, o lo que es lo mismo, veinticuatro dedos. Da la impresión de que las
ciudades griegas también concluyeron, a partir de esta relación -como el codo
equivale a seis palmos, que el dracma, que era la moneda que usaban, equivalía a
seis monedas de bronce acuñadas, como sucede con el as, que llaman obolo; una
cuarta parte del obolo, que algunos llamaban dichalca y otros trichalca, les
sirvió para fijar el dracma con una equivalencia de veinticuatro, en
correspondencia con los veinticuatro dedos que mide un codo. Nuestros
antepasados se inclinaron, en un principio, por el numero diez y establecieron
el denario con una equivalencia de diez ases de bronce; de aquí la etimología
del termino binario que se mantiene hasta nuestros días. Una cuarta parte del
denario es el sestercio, que equivale a dos ases y medio. Con el tiempo, al caer
en la cuenta de que eran ambos numeros perfectos -el seis y el diez- sumaron
ambos en un nuevo numero, consiguiendo otro numero perfectísimo que es el
dieciséis. Descubrieron el pie, como verdadero origen de este numero. Asi,
cuando restamos dos palmos de un codo, nos queda un pie de cuatro palmos; y el
palmo equivale a cuatro dedos. Por tanto, el pie tiene una equivalencia de
dieciséis dedos, como otros tantos ases equivalen a un denario. En consecuencia,
si es logico y conveniente que se haya descubierto el numero a partir de las
articulaciones del cuerpo humano y a partir de cada uno de sus miembros,
entonces se establece una proporción de cada una de las partes fijadas, respecto
a la totalidad del cuerpo en su conjunto; solo nos queda hacernos eco de
quienes, al construir los templos de los dioses inmortales, ordenaron las partes
en sus obras con el fin de que, por separado y en su conjunto, resultaran
armónicas, en base a su proporción y simetría.
Cinco son las clases de templos cuyos nombres son los siguientes: picnostilo,
cuando tiene columnas muy espesas; sistilo, si sus columnas son mas espaciadas;
diastilo, con las columnas aun mas separadas; areostilo, con las columnas mas
separadas de lo que es conveniente, eustilo, cuando las columnas estan a una
distancia proporcionada entre si. Por tanto, el picnostilo tiene un
intercolumnio de un diámetro y medio de la columna, como son el templo de Julio,
el templo de Venus en el Foro de Cesar y otros templos levantados de manera
similar. El sistilo es el templo en el que las columnas distan entre si el doble
de su diametro y los plintos de las basas de las columnas son cuadrados, como
tambien es cuadrado el espacio que media entre dos plintos; asi es el templo de
la Fortuna Ecuestre, junto al teatro de piedra y otros muchos construidos de
igual forma. Estas dos clases de templos ofrecen algunos defectos,
principalmente para su uso; cuando las matrones suben sus escalones para las
rogativas, no pueden acceder cogidas de la mano a traves de los intercolumnios,
sino solamente una detras de otra; de igual modo, el aspecto de los batientes de
las puertas queda cubierto por la espesura de las columnas e incluso las mismas
estaturas resultan poco visibles; tampoco es posible dar paseos en torno al
santuario, debido a su exagerada estrechez. He aqui la estructura de un templo
diastilo: su intercolumnio equivale a tres diametros de las columnas, como es el
templo de Apolo y de Diana. Tal disposicion ocasiona un serio problema: acaban
rompiéndose los arquitrabes, debido a la gran distancia que hay entre las
columnas. No se pueden utilizar arquitrabes de piedra ni de marmol en los
templos areostilos, sino que deben colocarse unas vigas de madera, de uno a otro
lado. El aspecto exterior de estos templos es muy alargado, tienen mucho peso y
pocas columans que lo sostengan, son poco elevados, anchos y adornan sus
frontispicios al estilo toscano con estatuas de barro o de bronce dorado, como
es el templo de Ceres, junto al Circo Maximo, el templo de Hercules de Pompeyo y
el del Capitolio.
Pasemos ahora a explicar la disposición del templo eustilo que es el que con
toda seguridad, ofrece mas cualidades en cuanto a su utilidad, su aspecto o
figura y su solidez. Entre las columnas debe dejarse un espacio equivalente a
dos diámetros mas un cuarto del imoscapo; el intercolumnio de la parte central,
ubicado en la fachada, y el intercolumnio de la parte posterior tendrán un ancho
igual al diámetro de tres columnas: asi lograremos un agradable aspecto, una
entrada accesible sin ninguna clase de obstáculos y un magnifico paseo en torno
al santuario. Se obtendrán tales proporciones si se procede de la siguiente
manera: el frente del solar donde se levantara el templo, si se tratara de un
tetrastilo, divídase en once partes y media, sin contar los plintos y los
resaltes de las basas de las columnas; si va a ser de seis columnas, dividase en
dieciocho partes; si octostilo, se dividirá en veinticuatro partes y media.
Tanto si se trata de un tetrastilo, hexastilo como un octostilo, tomese una
parte como unidad que servirá de modulo. El modulo sera igual al diámetro de las
columnas. Cada uno de los intercolumnios, excepto los intercolumnios centrales,
sera de dos módulos y cuarto; los intercolumnios centrales, situados en la
fachada y en parte posterior, tendrán tres módulos. La altura de las columnas se
elevara una justa proporcion de módulos. En Roma no tenemos ningun templo de
estas caracteristicas, pero si en Asia, como es el templo hexastilo dedicado al
Dios Baco, en Teos. Hemogeners fue quien fijo estas relaciones de simetría e
incluso fue el primero que estableció la estructura del templo pseudodiptero, en
griego exo stylon. Elimino las filas interiores de columnas, en numero de
treinta y cuatro de los templos dipteros, con lo que ahorro abundantes gastos y
trabajo. En la parte central dejo Hemogenes un extraordinario espacio abierto
para pasear, en torno al santuario, sin desvirtuar absolutamente nada su aspecto
exterior, sino que mantuvo la calidad modélica de la obra en su totalidad,
precisamente por su distribución sin dejar espacios inútiles. Descubrió la
proporción y medida del ala de un edificio y la distribución de las columnas en
torno al santuario, de manera que su aspecto exterior posea belleza, debido al
mayor contraste que ofrecen los intercolumnios; además, si una tormenta de agua
cayera con violencia e impidiera la salida a la multitud, no habría ningún
problema, pues en el templo, y junto al santuario, queda un ancho espacio donde
esperar el cese de la lluvia. Asi es la disposición del templo “pseudoperiptero”.
Con esta habilidad Hermogenes consiguió la eficacia perfecta de sus obras y nos
dejo una fuente donde las generaciones puedan beber los métodos de sus
enseñanzas. En los templos aerostilos las columnas deben levantarse de modo que
sus diámetros sean una octava parte respecto a su altura. Igualmente, en el
diastilo la altura de la columna, debe medir ocho partes y media respecto a su
anchura, tomando su diametro como una parte. En el sistilo la altura de la
columna divídase en nueve partes y media y una parte será el diámetro de la
columna. En el picnostilo debe dividirse la altura de la columna en diez partes,
y una parte sera igual a su propio diámetro. Las columnas del templo eustilo y
las del sistilo se dividirán en nueve partes y media, siendo una parte el grosor
del imoscapo. Lograremos la proporción de los intercolumnios siguiendo estas
medidas. Según va aumentando los espacios entre las columnas, asi ira creciendo,
en proporción, la anchura o diámetro del fuste de la columna. Si en el areostilo
la altura fuera nueve o diez partes del diámetro, la columna parecera como algo
pequeño, pobre y reducido; debido a los espacios de los intercolumnios, el vano
libre disminuye y reduce aparentemente la anchura de las coludas, en su aspecto
exterior. Por el contrario, si el diámetro fuera una octava parte de su altura,
en los picnostilos, debido a la espesura y estrechez de los intercolumnios, se
conseguirá un aspecto pomposo y sin gracia. Por ello, es muy conveniente
mantener las exigencias de la simetría en cualquier clase de obra. Las columnas
angulares deben levantarse bastante mas gruesas que las otras, una quincuagesima
parte mas que el diámetro de las columnas, pues quedan exentas y parecen mas
esbeltas y delgadas a los espectadores. Lo que erróneamente se puede percibir,
debe solventarse por medio del arte. Deben hacerse contracturas o disminuciones
en los hipotraquelios superiores de las columnas, de manera que si la columna
tiene altura menor de quince pies, el diametro del imoscapo se dividirá en seis
partes y se daran al sumoscapo cinco partes. Igualmente, si la columna tiene de
altura de quince a veinte pies, divídase el imoscapo en siete partes y la
contractura del sumoscapo constara de seis de estar partes. En las columnas con
una atura entre treinta y cuarenta pies, divídase el imoscapo en siete partes y
media y la contractura superior constara de seis partes y media. En las columnas
que midan de cuarenta a cincuenta pies, igualmente debe dividirse el imoscapo en
ocho partes y la contractura en el sumoscapo, debajo del capitel, medira siete
de estas partes. Si la columna tiene una altura mayor disminuirá su diámetro
según estas proporciones manteniendo el mismo método. Cuando se mira a una
columna de abajo a arriba, su altura engaña a la vista y por ello debe
subsanarse este error aumentando el diámetro de la columna. Lo que persigue la
vista siempre es la belleza y si no favorecemos este autentico placer mediante
la proporción y las adiciones que se van añadiendo, con el fin de ir
acrecentando lo que inducía a engaño, ofrecerá un aspecto exterior desagradable,
falto de elegancia para quienes lo contemplen. A final del libro daremos una
explicación sobre lo que se añade en la parte intermedia de las columnas, que en
griego se llama entasis, y describiremos como se consigue que sea delicado y
apropiado.
Si es posible encontrar un terreno sólido, la cimentación de estos edificios se
excavara sobre terreno firme en una extensión que se ajuste proporcionalmente a
las exigencias del volumen de la construcción; se levantara la obra lo mas
sólida posible, ocupando la totalidad del suelo firme. Se erigiran unas paredes
sobre la tierra, debajo de las columnas, con un grosor que sobrepase en la mitad
al diámetro de las columnas que posteriormente se levantaran, con el fin de que
las inferiores, que se llaman esterobatae (en su sentido etimológico significa
el apoyo firme y sólido en el que descansa una columna) por soportar todo el
peso, sean mas sólidas que las situadas encima de ellas. Los resaltos de las
basas no sobresaldrán mas allá de la base; debe mantenerse con la misma
proporción el grosor de las paredes superiores. El espacio que quede en medio se
abovedara o bien se consolidara mediante relleno, con el fin de que todo quede
bien compactado. Si, por el contrario, no se encuentra un terreno sólido sino
que es de tierra de relleno en gran profundidad, o bien, si se trata de un
terreno palustre, entonces se excavara, se vaciara y se clavaran estacas
endurecidas al fuego de álamo, de olivo, o de roble y se hundiran como puntales
o pilotes, en el mayor numero posible, utilizando unas maquinas; entre los
pilotes se rellenara el espacio con carbones; asi, quedaran llenos los cimientos
con una estructura muy consistente. Una vez dispuestos los cimientos, deben
colocarse a nivel los estilóbatos. Se levantaran las columnas sobre los
estilobatos, como anteriormente dijimos, segun se trate de un templo picnostilo,
sistilo, diastilo o eustilo. No obstante, en los templos areostios queda toda la
libertad para que cada uno establezca las medias como guste. En los templos
peripteros se colocaran las columnas de manera que los intercolumnios de los
lados sean el doble de los intercolumnios de la fachada o frente, y asi su
longitud sera el doble que su anchura. En efecto, los arquitectos que han
levantado doble numero de columnas, se han equivocado porque da la impresión que
en su longitud hay un intercolumnio mas de lo que debe ser. En la fachada, las
gradas o escalones deben ser siempre impares, pues al empezar a subir se coloca
el pie derecho sobre el primer escalón y solo asi el pie derecho sera el que
pisara el escalón mas alto, a ras de suelo del templo. En mi opinión, la altura
de las gradas o escalones no debe ser ni mas de un palmo de diez pulgadas ni
menos de un palmo de doce pulgadas: asi su ascenso sera suave. El ancho de las
gradas no debe ser menos de un pie y medio, ni mayor de dos pies. Si han de
hacerse escalones en torno al santuario, respétense estas medidas. Pero si se va
a construir una plataforma que rodee el santuario por tres lados, debe guardar
proporción con los plintos, con las basas de las columnas, fustes, cornisas,
cimacios respecto al estilobato situado bajo las basas de las columnas. Es
conveniente nivelar el estilobato de modo que tenga un aumento por su parte
central mediante plintos desiguales, pues si esta completamente allanado dara la
impresión que esta ahondado o acanalado. Al final del libro describiremos la
estructura y la figura para lograr unos plintos que guarden la conveniente
correspondencia.
Además de los templos ya estudiados, se construyen otros templos circulares:
unos, se llaman monópteros, sin cella y únicamente con columnas; otros,
perípteros. Los templos que carecen de cella poseen un estrado y un acceso con
gradas que ocupan una tercera parte del diámetro del templo. Sobre los
pedestales se levantan las columnas cuya altura coincide con el diámetro de los
pedestales, desde un extremo hasta el otro extremo de la pared; su ancho sea una
décima parte de su altura, incluyendo los capiteles y las basas. El arquitrabe
tenga una altura coincidente con la mitad del diámetro de la columna. El friso y
los demás elementos que se colocan sobre el arquitrabe, se dispondrán tal como
hemos descrito en el libro tercero, al tratar sobre las proporciones. Por el
contrario, si se construye un templo períptero, colóquense dos gradas y los
pedestales se asentarán a ras del suelo. Posteriormente se levantará la pared de
la celia, apartándola del pedestal aproximadamente una quinta parte de su
anchura; en su parte central se dejará un vano para la puerta de dos hojas, que
posibilite el acceso. El diámetro de la cella, sin contar las paredes ni la
galería de circunvalación, coincidirá con la altura de las columnas. Sobre los
pedestales se distribuirán las columnas, que irán rodeando la cella, con unas
mismas proporciones. La techumbre, que se extendrá en medio, tendrá un diámetro
igual a la totalidad de la obra que se va a construir; la mitad del diámetro se
dará a la altura de la cúpula, exceptuando la flor de adorno, cuya altura será
igual al capitel de la columna, sin contar la pirámide. Los restantes elementos
deben construirse con la misma proporción y simetría que anteriormente hemos
descrito. También se construyen templos de otros órdenes distintos, pero
organizados con la misma simetría; no obstante, poseen una distribución muy
diferente, como es el templo de Cástor en el Circo Flaminio y el templo de
Veyove levantado entre dos bosques sagrados; el templo —mucho más fino— de Diana
de los Bosques posee unas columnas añadidas a ambos lados, en los costados del
pronaos. El primer templo del estilo del templo de Cástor en el Circo Flaminio
fue el de Minerva en la ciudadela de Atenas y el de Palas en Atica, en la cima
del Sunio: ambos tienen las mismas proporciones. La longitud de las cellas es el
doble que su anchura, como sucede con otros templos; todos los elementos que
aparecen en las fachadas, en estos templos aparecen también en sus costados.
Algunos arquitectos toman del estilo toscano la disposición de sus columnas y la
trasladan a construcciones de estilo corintio y jónico; y en los mismos lugares
donde sobresalen las pilastras en el pronaos, ellos colocan dos columnas frente
a las paredes de la cella y así consiguen una distribución análoga entre el
estilo toscano y las construcciones griegas. Pero hay otros que retiran de en
medio las paredes del templo y las adosan a los intercolumnios, con lo que se
consigue un espacio más amplio para la cella, al añadir el espacio que han
ganado; en los restantes elementos mantienen la misma proporción y la misma
simetría y así da la impresión que han originado un templo diferente, de un
nuevo aspecto, el «pseudodíptero». Estos nuevos estilos se van transformando,
debido a la práctica de los sacrificios. pues no deben construirse unos mismos
templos a divinidades distintas, ya que cada divinidad proporciona su eficacia
mediante una diversa variedad de ritos sagrados. He puesto de manifiesto todas
las proporciones de los templos y he diferenciado sus distintos órdenes, sus
simetrías, así como las variaciones de su configuración exterior y la
heterogeneidad que los hace dispares: todo ello lo he dejado expuesto por
escrito, como mejor me ha sido posible indicarlo. A continuación voy a tratar
sobre las aras de los dioses inmortales, con el fin de que tengan una adecuada
disposición para los sacrificios.
La longitud del templo se fijará de modo que sea el doble de su anchura; la
celia será una cuarta parte más larga que ancha, incluyendo la pared donde se
colocarán los batientes de la puerta. Las otras tres partes se extenderán hasta
las pilastras embutidas en las paredes del pórtico; estas pilastras deben tener
el mismo diámetro que el de las columnas. Si el templo va a tener una anchura
mayor de veinte pies, colóquense dos nuevas columnas entre las dos pilastras,
que separan las alas del templo de la superficie del pronaos. Igualmente, los
tres intercolumnios, que quedarán entre las pilastras y las columnas, se
cerrarán mediante galerías de mármol, construidas de forma delicada, con sus
propias puertas que faciliten el acceso al pronaos. Si la anchura va ser mayor
de cuarenta pies, colóquense por la parte interior unas columnas frente a las
otras columnas, situadas entre las pilastras. Las columnas interiores tengan la
misma altura que las columnas colocadas en la fachada, pero sus diámetros irán
disminuyendo de la siguiente manera: si el diámetro de las que están en la
fachada fuera una octava parte de su altura, las interiores tengan una décima
parte; si tienen un diámetro de una novena o décima parte, las interiores
tendrán una parte proporcional, pues al ser interiores no se notará si algunas
columnas son más delgadas. Por el contrario, parecerán más esbeltas si tienen
veintiocho o treinta y dos estrías, cuando las columnas exteriores tengan veinte
o veintitrés estrías. Así, no se percibirá lo que se reste del fuste de la
columna, al ir añadiendo más estrias, sino que dará la impresión que miden más
por la proporción de estrías y, de este modo, siendo en realidad diferentes,
quedará igualado el diámetro de las columnas. Se debe a que el ojo humano, al
observar muchos y abundantes objetos, amplía extensivamente su círculo de
visión. Si se rodean dos columnas de igual diámetro mediante unos hilos o
cordeles y una de ellas tiene estrías y la otra columna no, bordeando el cordel
la cavidad y los ángulos de las estrías, aunque las columnas —repito— fueran de
igual diámetro, los cordeles que las rodeen no tendrán la misma longitud, pues
al ir bordeando las estrías o canales hace que sea mayor la longitud del cordel.
Esto parece razonable y no será improcedente levantar en lugares estrechos y en
espacios cerrados columnas más esbeltas, ya que contamos con la ayuda de la
posibilidad de las estrías. Conviene que el grosor de las paredes de la cella
sea proporcionado a sus dimensiones, siempre que sus pilastras tengan el mismo
diámetro que las columnas. Si las paredes van a ser de piedra y argamasa, se
utilizarán piedras muy pequeñas; si las paredes van a ser de piedras talladas o
de mármol, deben levantarse con piedras de mediano tamaño, muy iguales, pues al
mantenerse unidas las piedras sobre las junturas que median entre las piedras de
la hilera inferior, conseguirán una ejecución de la obra mucho más sólida. De
igual modo, en torno a las uniones y en torno a los asientos, donde se apoyan
las piedras, se labrarán unos resaltos —graphicoteran— para conseguir un aspecto
más agradable.
La orientación de los templos de los dioses inmortales debe establecerse de la
siguiente forma: si no hay ningún obstáculo y si se presenta la oportunidad, la
imagen sagrada, que será colocada en la cella, se orientará hacia el occidente,
con el fin de que quienes se acerquen al altar para inmolar o sacrificar
víctimas, miren hacia el oriente y hacia la imagen sagrada situada en el templo;
así, quienes dirijan sus súplicas contemplarán al mismo tiempo el templo y el
oriente y dará la impresión de que las mismas imágenes son las que contemplan a
los que elevan sus súplicas y sacrifican sus víctimas, por lo que es preciso que
los altares de los dioses queden orientados hacia el este. Si el lugar
presentara un serio obstáculo, debe entonces cambiarse la orientación siempre
que desde el templo pueda contemplarse la mayor parte de la ciudad. Si, como
sucede en Egipto junto al Nilo, va a levantarse un templo junto a un río, se
orientará hacia las márgenes del río. De igual modo, si van a situarse cerca de
las vías públicas, levántense de modo que los viandantes puedan contemplarlo de
un golpe de vista y hacer sus reverencias. Consideremos en primer lugar de qué
orden han de ser para fijar las proporciones de las puertas exteriores y de sus
jambas. Los órdenes o estilos de las puertas son tres: dórico, jónico y ático.
Las proporciones que se observarán en el orden dórico son: la parte superior de
la cornisa, colocada encima de las jambas de arriba, estará al mismo nivel que
la parte superior de los capiteles de las columnas, levantadas en el pronaos. La
abertura del portal (hipetro) quedará fijada de modo que la altura del templo,
desde el pavimento hasta los artesones del techo, se divida en tres partes y
media: dos de estas partes serán para la altura del vano de las hojas de la
puerta; divídase esta altura en doce partes: cinco partes y media serán para el
ancho de la abertura o vano, en su parte inferior; en la parte superior, el vano
se estrechará así: si el vano tiene dieciséis pies de altura desde la parte más
baja, la anchura de la jamba se reducirá una tercera parte; si es de dieciséis a
veinticinco pies, la parte superior del vano se reducirá una cuarta parte de la
jamba; si tiene una altura de veinticinco a treinta pies, redúzcase la parte
superior una octava parte de la jamba. Cuanto más altos sean los vanos, conviene
colocar las jambas en vertical, en perpendicular. Las jambas se estrecharán en
su parte superior una decimocuarta parte de su anchura. La altura del dintel
será la misma que la anchura de las jambas, en su parte más alta. El cimacio
debe medir una sexta parte de la jamba, y su resalto debe medir lo mismo que su
altura. Ha de esculpirse un cimacio lesbio con un astrágalo. Sobre el cimacio
del dintel debe colocarse el friso, con la misma altura que el dintel; en el
friso se esculpirán un cimacio dórico, un astrágalo lesbio con una moldura
ligera. La cornisa será plana y tendrá su propio cimacio: su resalto medirá lo
mismo que la altura del friso. Los resaltos, que sobresalen a derecha e
izquierda del dintel, han de labrarse de forma que sus basas se prolonguen y se
unan perfectamente («a uñas») con el cimacio.
Si las puertas van a ser de estilo jónico, la altura de la
abertura sea la misma que la del estilo dórico. Así quedará fijada su anchura:
divídase su altura en dos partes y media y una de estas partes quede para la
anchura inferior de la abertura. Para su contracción procédase como en el estilo
dórico. Una decimocuarta parte de la altura de la abertura o vano en el frente
medirá el ancho de las jambas y su cimacio una sexta parte. Exceptuando el
cimacio, divídase lo restante en doce partes. La primera faja, junto con su
astrágalo, ocupará tres de estas partes; la segunda faja ocupará cuatro partes y
la tercera cinco partes; las fajas con sus astrágalos formarán un círculo en
torno a las jambas. Como se ha descrito en el estilo dórico, procédase de igual
manera respecto a los frisos sobre la puerta, conservando una proporcionada
dimensión. Las ménsulas (o parotides) se tallarán a derecha e izquierda y
quedarán colgando hasta el mismo nivel de la parte inferior del dintel,
excluyendo las hojas. En su parte frontal, las ménsulas tendrán una anchura
equivalente a una tercera parte de las jambas, y en su parte inferior serán una
cuarta parte más delgadas que en la parte superior. Las puertas se harán de
forma que los maderos de los quicios tengan una anchura equivalente a una
duodécima parte de la altura del vano. Entre los dos maderos de los quicios, los
entrepaños ocuparán tres de estas doce partes. Estos travesaños de la puerta se
distribuirán de modo que, dividida su altura en cinco partes, los travesaños
superiores ocupen dos de estas partes y tres, los inferiores. En la parte
intermedia se colocarán dos travesaños. Los restantes se ensamblarán
estrechamente en la parte de arriba y en la parte baja. La anchura de los
travesaños será equivalente a una tercera parte de los entrepaños de la puerta;
el cimacio medirá una sexta parte de los travesaños. La anchura de los maderos
de los quicios será la mitad de la de los travesaños; igualmente la anchura de
los batientes de la puerta será la mitad más una sexta parte de la de los
travesaños. Los maderos de los quicios, que están colocados al lado de las
jambas, tendrán la mitad de anchura que los travesarios. Si las puertas tienen
batientes, mantendrán esta altura aunque a su anchura se añadirá la anchura de
las hojas. Si la puerta va a ser de cuatro hojas, increméntese un poco más su
altura. Tratándose del orden ático las puertas tendrán la misma proporción que
las del orden dórico, exceptuando las fajas del cimacio que circunvalan las
jambas y que deben dividirse de modo que tengan dos de las siete partes de la
anchura de las jambas, exceptuando el cimacio. No deben hacerse enrejados, ni
tampoco de dos hojas, sino con batientes que se abran hacia afuera. He ido
explicando las proporciones que conviene respetar en la construcción de los
templos dóricos, jónicos y corintios y lo he expuesto como mejor he podido,
haciéndome eco de las costumbres y usos establecidos. Pasaré ahora a tratar cómo
conviene construir los templos de estilo toscano. Los altares estarán orientados
hacia el este y siempre a un nivel más inferior que las imágenes que vayan a
situarse en el templo, para que, quienes realicen sus súplicas y sus
sacrificios, puedan contemplar la divinidad ocupando distintas alturas conforme
al respeto y al decoro de cada divinidad. La altura de los altares dedicados a
Júpiter y a los dioses celestes será la más elevada posible; para Vesta, la
Tierra y el Mar, serán más bajos. De esta forma, siguiendo este método se
llevará a cabo la configuración de los recintos, sin caer en desconsideraciones. (Enviado por:
Jesus Antonio Quiroz Sanchez arq_ibiza@hotmail.com)
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