Tercer libro de Vitrubio



Tercer libro de Vitrubio

Tercer libro de VitruvioEs imposible que un templo posea una correcta disposición si carece de simetría y de proporción, como sucede con los miembros o partes del cuerpo de un hombre bien formado. El cuerpo humano lo formo la naturaleza de tal manera que el rostro, desde la barbilla hasta la parte mas alta de la frente, donde están las raíces del pelo, mida una décima parte de su altura total.

La palma de la mano, desde la muñeca hasta el extremo del dedo medio, mide exactamente lo mismo; la cabeza, desde la barbilla hasta su coronilla, mide una octava parte de todo el cuerpo; una sexta parte mide desde el externon hasta las raíces del pelo y desde la parte media del pecho hasta la coronilla, una cuarta parte. Desde el menton hasta la base de la nariz, mide una tercera parte y desde las cejas hasta las raíces del pelo, la frente mide igualmente otra tercera parte.

Si nos referimos al pie, equivale a una sexta parte de la altura del cuerpo; el codo, una cuarta parte, y el pecho equivale igualmente a una cuarta parte. Los restantes miembros guardan también una proporción de simetría, de la que se sirvieron los antiguos pintores y escultores famosos, alcanzando una extraordinaria consideración y fama. Exactamente de igual manera, las partes de los templos deben guardar una proporción de simetría perfectamente apropiada de cada una de ellas respecto al conjunto total en su completa dimensión.

El ombligo es el punto central natural del cuerpo humano. En efecto, si se coloca un hombre boca arriba, con sus manos y sus pies estirados, situando el centro del compás en su ombligo y trazando una circunferencia, esta tocaría la punta de ambas manos y los dedos de los pies. La figura circular trazada sobre el cuerpo humano nos posibilita el lograr también un cuadrado: si se mide desde la planta de los pies hasta la coronilla, la medida resultante sera la misma que se da entre las puntas de los dedos con los brazos extendidos; exactamente su anchura mide lo mismo que su altura, como los cuadrados que trazamos con la escuadra.

Por tanto, si la naturaleza ha formado el cuerpo humano de modo que sus miembros guardan una exacta proporción respecto a todo el cuerpo, los antiguos fijaron también esta relación en la realización completa de sus obras, donde cada una de sus partes guarda una exacta y puntual proporción respecto a la forma total de su obra. Dejaron constancia de la proporción de las medidas en todas sus obras, pero sobre todo las tuvieron en cuenta en la construcción de los templos de los dioses, que son un claro reflejo para la posteridad de sus aciertos y logros, como también de sus descuidos y negligencias.


Igualmente a partir de otros miembros del cuerpo, concluyeron el calculo de las distintas medidas que son precisas en cualquier construcción, como son el dedo, el palmo, el pie y el codo, y las fueron distribuyendo en un computo perfecto, que en griego se llama teleo. Los autores antiguos fijaron un numero perfecto, que es el llamado diez, pues es el numero total de los dedos de la mano; a partir del palmo, descubrieron el pie.

A Platón le pareció perfecto el numero diez, ya que sumando cada una de las sustancias individuales monadas, se obtiene la decena (es decir el numeroLas principales estructuras de los templos de las que derivan su aspecto o figura exterior son: en primer lugar, el templo in antis, en griego naos en parastasin; a continuación, los llamados prostilo, anfiprostilo, periptero, pseudoperiptero, hipetro. Su diferente estructura obedece a estas características: sera un templo “in antis” cuando posea en la fachada unas pilastras que delimiten las paredes que rodean el santuario y entre las pilastras se levanten dos columnas; en la parte superior, un frontón dispuesto con la simetría que detalladamente describiremos en este libro.

Un ejemplo de templo “in antis” es el que esta junto a las tres Fortunas, próximo a la puerta Collina. El templo “prostilo” es igual que el templo in antis, excepto en las dos columnas angulares levantadas enfrente de las pilastras; sobre ellas, unos arquitrabes, igual que en el templo “in antis”, a la derecha y a la izquierda, uno a cada lado. Tenemos un ejemplo en la isla Tiberina: el templo de Júpiter y de Fauno. El templo “anfiprostilo” posee los mismos elementos que el templo “prostilo” pero además, en la parte posterior tiene unas columnas y un frontón igual que en la fachada. Sera “periptero” cuando posea en la fachada y en la parte posterior seis columnas y once en los lados, incluidas las angulares.

Estas columnas se disponen de manera que la distancia del intercolumnio sea la misma que la distancia que guardan respecto a las paredes en derredor, dejando un paseo en torno al santuario del templo, como vemos en el pórtico de Metelo, en el templo de Júpiter Stator, levantado por el arquitecto Hermodoro; aunque sin parte posterior, tambien podemos considerar el templo del Honor y de la Virtud, levantado por Mucio, que forman los llamados Monumentos de Mario. El templo “pseudoperiptero” queda dispuesto de manera que tenga ocho columnas en la fachada y en la parte posterior y a los lados quince columnas incluyendo las angulares.

Las paredes del santuario, en la fachada y en la parte posterior, quedan frente a las cuatro colunas, que ocupan el centro. Asi, quedara un espacio abierto en derredor de dos intercolumnios mas la anchura del imoscapo, desde las paredes hasta las ultimas filas de columnas. En Roma no tenemos ejemplares de esta clase de templos pero si en Magnesia, el templo de Diana, construido por Hermogenes de Alabanda, y el templo de Apolo, levantado por Menesteo.

El templo “diptero” tiene ocho columnas en el pronao o vestibulo y otras ocho en la parte posterior; rodeando al santuario se levanta una doble fila de columnas, como es el templo dorico de Quirino, y en Efeso el templo jonico de Diana, construido por Ctesifonte. El “hipetro” es un templo de diez columnas den la fachada y otras diez en la parte posterior. Los demas elementos coinciden con los del templo “diptero”, pero en su parte interior posee dos pisos de columnas, alejadas de las paredes, todas en derredor, como el portico de los peristilos donde su parte central queda al descubierto, sin techumbre. Tiene puertas con batientes a uno y otro lado, en el pronao y en la parte posterior.

Tampoco tenemos en Roma ningun ejemplar de esta clase de templos, pero si en Atenas el templo octostilo dedicado a Júpiter Olimpico diez es el total de sumar 1+2+3+4). Si alcanzamos el numero once y el numero doce, como sobrepasan el numero diez, no pueden ser numeros perfectos y ningun numero sera perfecto hasta que alcancemos la segunda decena; en efecto, cada uno de estos numeros son sustancias individuales, son como partes o fracciones de la decena.

Los matemáticos, por el contrario, afirmaron que el numero perfecto es el numero seis, pues posee unas divisiones que suman seis, de la siguiente manera: la sexta parte, es el uno; la tercera parte, es el dos, la mitad del seis, es el tres; dos terceras partes componen el numero cuatro, en griego dimoeron; cinco partes del numero seis pentemoeron, es el numero cinco; y el numero perfecto y final ephectum; formaremos el numero ocho sumando seis mas una tercera parte, que en latin se llama terciarium y en griego epiritos.

Añadiendo al numero seis su mitad se logra el numero nueve, que es un numero sesquilatero, en griego hemiolios; si al numero seis le sumamos dos terceras partes obtenemos la decena, en griego eipidimoeros; el numero once es el resultante de sumar cinco al numero seis, es decir, un quintario, en griego epipemptos; el numero doce se obtiene sumando dos veces el numero seis, el numero elemental, que se denomina diplasios. De igual modo, el pie es la sexta parte de la altura del hombre, o lo que es lo mismo, sumando seis veces un pie delimitaremos la altura del cuerpo; por ello coincidieron en que tal numero el seis es el numero perfecto, y además observaron que un codo equivale a seis palmos, o lo que es lo mismo, veinticuatro dedos.

Da la impresión de que las ciudades griegas también concluyeron, a partir de esta relación -como el codo equivale a seis palmos, que el dracma, que era la moneda que usaban, equivalía a seis monedas de bronce acuñadas, como sucede con el as, que llaman obolo; una cuarta parte del obolo, que algunos llamaban dichalca y otros trichalca, les sirvió para fijar el dracma con una equivalencia de veinticuatro, en correspondencia con los veinticuatro dedos que mide un codo.

Nuestros antepasados se inclinaron, en un principio, por el numero diez y establecieron el denario con una equivalencia de diez ases de bronce; de aquí la etimología del termino binario que se mantiene hasta nuestros días. Una cuarta parte del denario es el sestercio, que equivale a dos ases y medio. Con el tiempo, al caer en la cuenta de que eran ambos numeros perfectos el seis y el diez sumaron ambos en un nuevo numero, consiguiendo otro numero perfectísimo que es el dieciséis. Descubrieron el pie, como verdadero origen de este numero.

Asi, cuando restamos dos palmos de un codo, nos queda un pie de cuatro palmos; y el palmo equivale a cuatro dedos. Por tanto, el pie tiene una equivalencia de dieciséis dedos, como otros tantos ases equivalen a un denario. En consecuencia, si es logico y conveniente que se haya descubierto el numero a partir de las articulaciones del cuerpo humano y a partir de cada uno de sus miembros, entonces se establece una proporción de cada una de las partes fijadas, respecto a la totalidad del cuerpo en su conjunto; solo nos queda hacernos eco de quienes, al construir los templos de los dioses inmortales, ordenaron las partes en sus obras con el fin de que, por separado y en su conjunto, resultaran armónicas, en base a su proporción y simetría.

Cinco son las clases de templos cuyos nombres son los siguientes: picnostilo, cuando tiene columnas muy espesas; sistilo, si sus columnas son mas espaciadas; diastilo, con las columnas aun mas separadas; areostilo, con las columnas mas separadas de lo que es conveniente, eustilo, cuando las columnas estan a una distancia proporcionada entre si. Por tanto, el picnostilo tiene un intercolumnio de un diámetro y medio de la columna, como son el templo de Julio, el templo de Venus en el Foro de Cesar y otros templos levantados de manera similar.

El sistilo es el templo en el que las columnas distan entre si el doble de su diametro y los plintos de las basas de las columnas son cuadrados, como tambien es cuadrado el espacio que media entre dos plintos; asi es el templo de la Fortuna Ecuestre, junto al teatro de piedra y otros muchos construidos de igual forma. Estas dos clases de templos ofrecen algunos defectos, principalmente para su uso; cuando las matrones suben sus escalones para las rogativas, no pueden acceder cogidas de la mano a traves de los intercolumnios, sino solamente una detras de otra; de igual modo, el aspecto de los batientes de las puertas queda cubierto por la espesura de las columnas e incluso las mismas estaturas resultan poco visibles; tampoco es posible dar paseos en torno al santuario, debido a su exagerada estrechez.

He aqui la estructura de un templo diastilo: su intercolumnio equivale a tres diametros de las columnas, como es el templo de Apolo y de Diana. Tal disposicion ocasiona un serio problema: acaban rompiéndose los arquitrabes, debido a la gran distancia que hay entre las columnas. No se pueden utilizar arquitrabes de piedra ni de marmol en los templos areostilos, sino que deben colocarse unas vigas de madera, de uno a otro lado.

El aspecto exterior de estos templos es muy alargado, tienen mucho peso y pocas columans que lo sostengan, son poco elevados, anchos y adornan sus frontispicios al estilo toscano con estatuas de barro o de bronce dorado, como es el templo de Ceres, junto al Circo Maximo, el templo de Hercules de Pompeyo y el del Capitolio. Pasemos ahora a explicar la disposición del templo eustilo que es el que con toda seguridad, ofrece mas cualidades en cuanto a su utilidad, su aspecto o figura y su solidez.

Entre las columnas debe dejarse un espacio equivalente a dos diámetros mas un cuarto del imoscapo; el intercolumnio de la parte central, ubicado en la fachada, y el intercolumnio de la parte posterior tendrán un ancho igual al diámetro de tres columnas: asi lograremos un agradable aspecto, una entrada accesible sin ninguna clase de obstáculos y un magnifico paseo en torno al santuario. Se obtendrán tales proporciones si se procede de la siguiente manera: el frente del solar donde se levantara el templo, si se tratara de un tetrastilo, divídase en once partes y media, sin contar los plintos y los resaltes de las basas de las columnas; si va a ser de seis columnas, dividase en dieciocho partes; si octostilo, se dividirá en veinticuatro partes y media.

Tanto si se trata de un tetrastilo, hexastilo como un octostilo, tomese una parte como unidad que servirá de modulo. El modulo sera igual al diámetro de las columnas. Cada uno de los intercolumnios, excepto los intercolumnios centrales, sera de dos módulos y cuarto; los intercolumnios centrales, situados en la fachada y en parte posterior, tendrán tres módulos. La altura de las columnas se elevara una justa proporcion de módulos. En Roma no tenemos ningun templo de estas caracteristicas, pero si en Asia, como es el templo hexastilo dedicado al Dios Baco, en Teos.

Hemogeners fue quien fijo estas relaciones de simetría e incluso fue el primero que estableció la estructura del templo pseudodiptero, en griego exo stylon. Elimino las filas interiores de columnas, en numero de treinta y cuatro de los templos dipteros, con lo que ahorro abundantes gastos y trabajo. En la parte central dejo Hemogenes un extraordinario espacio abierto para pasear, en torno al santuario, sin desvirtuar absolutamente nada su aspecto exterior, sino que mantuvo la calidad modélica de la obra en su totalidad, precisamente por su distribución sin dejar espacios inútiles.

Descubrió la proporción y medida del ala de un edificio y la distribución de las columnas en torno al santuario, de manera que su aspecto exterior posea belleza, debido al mayor contraste que ofrecen los intercolumnios; además, si una tormenta de agua cayera con violencia e impidiera la salida a la multitud, no habría ningún problema, pues en el templo, y junto al santuario, queda un ancho espacio donde esperar el cese de la lluvia. Asi es la disposición del templo “pseudoperiptero”. Con esta habilidad Hermogenes consiguió la eficacia perfecta de sus obras y nos dejo una fuente donde las generaciones puedan beber los métodos de sus enseñanzas.

En los templos aerostilos las columnas deben levantarse de modo que sus diámetros sean una octava parte respecto a su altura. Igualmente, en el diastilo la altura de la columna, debe medir ocho partes y media respecto a su anchura, tomando su diametro como una parte. En el sistilo la altura de la columna divídase en nueve partes y media y una parte será el diámetro de la columna. En el picnostilo debe dividirse la altura de la columna en diez partes, y una parte sera igual a su propio diámetro. Las columnas del templo eustilo y las del sistilo se dividirán en nueve partes y media, siendo una parte el grosor del imoscapo.

Lograremos la proporción de los intercolumnios siguiendo estas medidas. Según va aumentando los espacios entre las columnas, asi ira creciendo, en proporción, la anchura o diámetro del fuste de la columna. Si en el areostilo la altura fuera nueve o diez partes del diámetro, la columna parecera como algo pequeño, pobre y reducido; debido a los espacios de los intercolumnios, el vano libre disminuye y reduce aparentemente la anchura de las coludas, en su aspecto exterior.

Por el contrario, si el diámetro fuera una octava parte de su altura, en los picnostilos, debido a la espesura y estrechez de los intercolumnios, se conseguirá un aspecto pomposo y sin gracia. Por ello, es muy conveniente mantener las exigencias de la simetría en cualquier clase de obra. Las columnas angulares deben levantarse bastante mas gruesas que las otras, una quincuagesima parte mas que el diámetro de las columnas, pues quedan exentas y parecen mas esbeltas y delgadas a los espectadores. Lo que erróneamente se puede percibir, debe solventarse por medio del arte.

Deben hacerse contracturas o disminuciones en los hipotraquelios superiores de las columnas, de manera que si la columna tiene altura menor de quince pies, el diametro del imoscapo se dividirá en seis partes y se daran al sumoscapo cinco partes. Igualmente, si la columna tiene de altura de quince a veinte pies, divídase el imoscapo en siete partes y la contractura del sumoscapo constara de seis de estar partes. En las columnas con una atura entre treinta y cuarenta pies, divídase el imoscapo en siete partes y media y la contractura superior constara de seis partes y media.

En las columnas que midan de cuarenta a cincuenta pies, igualmente debe dividirse el imoscapo en ocho partes y la contractura en el sumoscapo, debajo del capitel, medira siete de estas partes. Si la columna tiene una altura mayor disminuirá su diámetro según estas proporciones manteniendo el mismo método. Cuando se mira a una columna de abajo a arriba, su altura engaña a la vista y por ello debe subsanarse este error aumentando el diámetro de la columna.

Lo que persigue la vista siempre es la belleza y si no favorecemos este autentico placer mediante la proporción y las adiciones que se van añadiendo, con el fin de ir acrecentando lo que inducía a engaño, ofrecerá un aspecto exterior desagradable, falto de elegancia para quienes lo contemplen. A final del libro daremos una explicación sobre lo que se añade en la parte intermedia de las columnas, que en griego se llama entasis, y describiremos como se consigue que sea delicado y apropiado.

Si es posible encontrar un terreno sólido, la cimentación de estos edificios se excavara sobre terreno firme en una extensión que se ajuste proporcionalmente a las exigencias del volumen de la construcción; se levantara la obra lo mas sólida posible, ocupando la totalidad del suelo firme. Se erigiran unas paredes sobre la tierra, debajo de las columnas, con un grosor que sobrepase en la mitad al diámetro de las columnas que posteriormente se levantaran, con el fin de que las inferiores, que se llaman esterobatae (en su sentido etimológico significa el apoyo firme y sólido en el que descansa una columna) por soportar todo el peso, sean mas sólidas que las situadas encima de ellas.

Los resaltos de las basas no sobresaldrán mas allá de la base; debe mantenerse con la misma proporción el grosor de las paredes superiores. El espacio que quede en medio se abovedara o bien se consolidara mediante relleno, con el fin de que todo quede bien compactado. Si, por el contrario, no se encuentra un terreno sólido sino que es de tierra de relleno en gran profundidad, o bien, si se trata de un terreno palustre, entonces se excavara, se vaciara y se clavaran estacas endurecidas al fuego de álamo, de olivo, o de roble y se hundiran como puntales o pilotes, en el mayor numero posible, utilizando unas maquinas; entre los pilotes se rellenara el espacio con carbones; asi, quedaran llenos los cimientos con una estructura muy consistente.

Una vez dispuestos los cimientos, deben colocarse a nivel los estilóbatos. Se levantaran las columnas sobre los estilobatos, como anteriormente dijimos, segun se trate de un templo picnostilo, sistilo, diastilo o eustilo. No obstante, en los templos areostios queda toda la libertad para que cada uno establezca las medias como guste. En los templos peripteros se colocaran las columnas de manera que los intercolumnios de los lados sean el doble de los intercolumnios de la fachada o frente, y asi su longitud sera el doble que su anchura.

En efecto, los arquitectos que han levantado doble numero de columnas, se han equivocado porque da la impresión que en su longitud hay un intercolumnio mas de lo que debe ser. En la fachada, las gradas o escalones deben ser siempre impares, pues al empezar a subir se coloca el pie derecho sobre el primer escalón y solo asi el pie derecho sera el que pisara el escalón mas alto, a ras de suelo del templo. En mi opinión, la altura de las gradas o escalones no debe ser ni mas de un palmo de diez pulgadas ni menos de un palmo de doce pulgadas: asi su ascenso sera suave.

El ancho de las gradas no debe ser menos de un pie y medio, ni mayor de dos pies. Si han de hacerse escalones en torno al santuario, respétense estas medidas. Pero si se va a construir una plataforma que rodee el santuario por tres lados, debe guardar proporción con los plintos, con las basas de las columnas, fustes, cornisas, cimacios respecto al estilobato situado bajo las basas de las columnas.

Es conveniente nivelar el estilobato de modo que tenga un aumento por su parte central mediante plintos desiguales, pues si esta completamente allanado dara la impresión que esta ahondado o acanalado. Al final del libro describiremos la estructura y la figura para lograr unos plintos que guarden la conveniente correspondencia. Además de los templos ya estudiados, se construyen otros templos circulares: unos, se llaman monópteros, sin cella y únicamente con columnas; otros, perípteros.

Los templos que carecen de cella poseen un estrado y un acceso con gradas que ocupan una tercera parte del diámetro del templo. Sobre los pedestales se levantan las columnas cuya altura coincide con el diámetro de los pedestales, desde un extremo hasta el otro extremo de la pared; su ancho sea una décima parte de su altura, incluyendo los capiteles y las basas. El arquitrabe tenga una altura coincidente con la mitad del diámetro de la columna.

El friso y los demás elementos que se colocan sobre el arquitrabe, se dispondrán tal como hemos descrito en el libro tercero, al tratar sobre las proporciones. Por el contrario, si se construye un templo períptero, colóquense dos gradas y los pedestales se asentarán a ras del suelo. Posteriormente se levantará la pared de la celia, apartándola del pedestal aproximadamente una quinta parte de su anchura; en su parte central se dejará un vano para la puerta de dos hojas, que posibilite el acceso.

El diámetro de la cella, sin contar las paredes ni la galería de circunvalación, coincidirá con la altura de las columnas. Sobre los pedestales se distribuirán las columnas, que irán rodeando la cella, con unas mismas proporciones. La techumbre, que se extendrá en medio, tendrá un diámetro igual a la totalidad de la obra que se va a construir; la mitad del diámetro se dará a la altura de la cúpula, exceptuando la flor de adorno, cuya altura será igual al capitel de la columna, sin contar la pirámide. Los restantes elementos deben construirse con la misma proporción y simetría que anteriormente hemos descrito.

También se construyen templos de otros órdenes distintos, pero organizados con la misma simetría; no obstante, poseen una distribución muy diferente, como es el templo de Cástor en el Circo Flaminio y el templo de Veyove levantado entre dos bosques sagrados; el templo —mucho más fino— de Diana de los Bosques posee unas columnas añadidas a ambos lados, en los costados del pronaos. El primer templo del estilo del templo de Cástor en el Circo Flaminio fue el de Minerva en la ciudadela de Atenas y el de Palas en Atica, en la cima del Sunio: ambos tienen las mismas proporciones.

La longitud de las cellas es el doble que su anchura, como sucede con otros templos; todos los elementos que aparecen en las fachadas, en estos templos aparecen también en sus costados. Algunos arquitectos toman del estilo toscano la disposición de sus columnas y la trasladan a construcciones de estilo corintio y jónico; y en los mismos lugares donde sobresalen las pilastras en el pronaos, ellos colocan dos columnas frente a las paredes de la cella y así consiguen una distribución análoga entre el estilo toscano y las construcciones griegas.

Pero hay otros que retiran de en medio las paredes del templo y las adosan a los intercolumnios, con lo que se consigue un espacio más amplio para la cella, al añadir el espacio que han ganado; en los restantes elementos mantienen la misma proporción y la misma simetría y así da la impresión que han originado un templo diferente, de un nuevo aspecto, el «pseudodíptero». Estos nuevos estilos se van transformando, debido a la práctica de los sacrificios. pues no deben construirse unos mismos templos a divinidades distintas, ya que cada divinidad proporciona su eficacia mediante una diversa variedad de ritos sagrados.

He puesto de manifiesto todas las proporciones de los templos y he diferenciado sus distintos órdenes, sus simetrías, así como las variaciones de su configuración exterior y la heterogeneidad que los hace dispares: todo ello lo he dejado expuesto por escrito, como mejor me ha sido posible indicarlo. A continuación voy a tratar sobre las aras de los dioses inmortales, con el fin de que tengan una adecuada disposición para los sacrificios. La longitud del templo se fijará de modo que sea el doble de su anchura; la celia será una cuarta parte más larga que ancha, incluyendo la pared donde se colocarán los batientes de la puerta.

Las otras tres partes se extenderán hasta las pilastras embutidas en las paredes del pórtico; estas pilastras deben tener el mismo diámetro que el de las columnas. Si el templo va a tener una anchura mayor de veinte pies, colóquense dos nuevas columnas entre las dos pilastras, que separan las alas del templo de la superficie del pronaos. Igualmente, los tres intercolumnios, que quedarán entre las pilastras y las columnas, se cerrarán mediante galerías de mármol, construidas de forma delicada, con sus propias puertas que faciliten el acceso al pronaos. Si la anchura va ser mayor de cuarenta pies, colóquense por la parte interior unas columnas frente a las otras columnas, situadas entre las pilastras.

Las columnas interiores tengan la misma altura que las columnas colocadas en la fachada, pero sus diámetros irán disminuyendo de la siguiente manera: si el diámetro de las que están en la fachada fuera una octava parte de su altura, las interiores tengan una décima parte; si tienen un diámetro de una novena o décima parte, las interiores tendrán una parte proporcional, pues al ser interiores no se notará si algunas columnas son más delgadas. Por el contrario, parecerán más esbeltas si tienen veintiocho o treinta y dos estrías, cuando las columnas exteriores tengan veinte o veintitrés estrías.

Así, no se percibirá lo que se reste del fuste de la columna, al ir añadiendo más estrias, sino que dará la impresión que miden más por la proporción de estrías y, de este modo, siendo en realidad diferentes, quedará igualado el diámetro de las columnas. Se debe a que el ojo humano, al observar muchos y abundantes objetos, amplía extensivamente su círculo de visión.

Si se rodean dos columnas de igual diámetro mediante unos hilos o cordeles y una de ellas tiene estrías y la otra columna no, bordeando el cordel la cavidad y los ángulos de las estrías, aunque las columnas —repito— fueran de igual diámetro, los cordeles que las rodeen no tendrán la misma longitud, pues al ir bordeando las estrías o canales hace que sea mayor la longitud del cordel. Esto parece razonable y no será improcedente levantar en lugares estrechos y en espacios cerrados columnas más esbeltas, ya que contamos con la ayuda de la posibilidad de las estrías.

Conviene que el grosor de las paredes de la cella sea proporcionado a sus dimensiones, siempre que sus pilastras tengan el mismo diámetro que las columnas. Si las paredes van a ser de piedra y argamasa, se utilizarán piedras muy pequeñas; si las paredes van a ser de piedras talladas o de mármol, deben levantarse con piedras de mediano tamaño, muy iguales, pues al mantenerse unidas las piedras sobre las junturas que median entre las piedras de la hilera inferior, conseguirán una ejecución de la obra mucho más sólida.

De igual modo, en torno a las uniones y en torno a los asientos, donde se apoyan las piedras, se labrarán unos resaltos —graphicoteran— para conseguir un aspecto más agradable. La orientación de los templos de los dioses inmortales debe establecerse de la siguiente forma: si no hay ningún obstáculo y si se presenta la oportunidad, la imagen sagrada, que será colocada en la cella, se orientará hacia el occidente, con el fin de que quienes se acerquen al altar para inmolar o sacrificar víctimas, miren hacia el oriente y hacia la imagen sagrada situada en el templo; así, quienes dirijan sus súplicas contemplarán al mismo tiempo el templo y el oriente y dará la impresión de que las mismas imágenes son las que contemplan a los que elevan sus súplicas y sacrifican sus víctimas, por lo que es preciso que los altares de los dioses queden orientados hacia el este.

Si el lugar presentara un serio obstáculo, debe entonces cambiarse la orientación siempre que desde el templo pueda contemplarse la mayor parte de la ciudad. Si, como sucede en Egipto junto al Nilo, va a levantarse un templo junto a un río, se orientará hacia las márgenes del río. De igual modo, si van a situarse cerca de las vías públicas, levántense de modo que los viandantes puedan contemplarlo de un golpe de vista y hacer sus reverencias.

Consideremos en primer lugar de qué orden han de ser para fijar las proporciones de las puertas exteriores y de sus jambas. Los órdenes o estilos de las puertas son tres: dórico, jónico y ático. Las proporciones que se observarán en el orden dórico son: la parte superior de la cornisa, colocada encima de las jambas de arriba, estará al mismo nivel que la parte superior de los capiteles de las columnas, levantadas en el pronaos.

La abertura del portal (hipetro) quedará fijada de modo que la altura del templo, desde el pavimento hasta los artesones del techo, se divida en tres partes y media: dos de estas partes serán para la altura del vano de las hojas de la puerta; divídase esta altura en doce partes: cinco partes y media serán para el ancho de la abertura o vano, en su parte inferior; en la parte superior, el vano se estrechará así: si el vano tiene dieciséis pies de altura desde la parte más baja, la anchura de la jamba se reducirá una tercera parte; si es de dieciséis a veinticinco pies, la parte superior del vano se reducirá una cuarta parte de la jamba; si tiene una altura de veinticinco a treinta pies, redúzcase la parte superior una octava parte de la jamba.

Cuanto más altos sean los vanos, conviene colocar las jambas en vertical, en perpendicular. Las jambas se estrecharán en su parte superior una decimocuarta parte de su anchura. La altura del dintel será la misma que la anchura de las jambas, en su parte más alta. El cimacio debe medir una sexta parte de la jamba, y su resalto debe medir lo mismo que su altura. Ha de esculpirse un cimacio lesbio con un astrágalo. Sobre el cimacio del dintel debe colocarse el friso, con la misma altura que el dintel; en el friso se esculpirán un cimacio dórico, un astrágalo lesbio con una moldura ligera.

La cornisa será plana y tendrá su propio cimacio: su resalto medirá lo mismo que la altura del friso. Los resaltos, que sobresalen a derecha e izquierda del dintel, han de labrarse de forma que sus basas se prolonguen y se unan perfectamente («a uñas») con el cimacio. Si las puertas van a ser de estilo jónico, la altura de la abertura sea la misma que la del estilo dórico. Así quedará fijada su anchura: divídase su altura en dos partes y media y una de estas partes quede para la anchura inferior de la abertura. Para su contracción procédase como en el estilo dórico.

Una decimocuarta parte de la altura de la abertura o vano en el frente medirá el ancho de las jambas y su cimacio una sexta parte. Exceptuando el cimacio, divídase lo restante en doce partes. La primera faja, junto con su astrágalo, ocupará tres de estas partes; la segunda faja ocupará cuatro partes y la tercera cinco partes; las fajas con sus astrágalos formarán un círculo en torno a las jambas. Como se ha descrito en el estilo dórico, procédase de igual manera respecto a los frisos sobre la puerta, conservando una proporcionada dimensión.

Las ménsulas (o parotides) se tallarán a derecha e izquierda y quedarán colgando hasta el mismo nivel de la parte inferior del dintel, excluyendo las hojas. En su parte frontal, las ménsulas tendrán una anchura equivalente a una tercera parte de las jambas, y en su parte inferior serán una cuarta parte más delgadas que en la parte superior. Las puertas se harán de forma que los maderos de los quicios tengan una anchura equivalente a una duodécima parte de la altura del vano.

Entre los dos maderos de los quicios, los entrepaños ocuparán tres de estas doce partes. Estos travesaños de la puerta se distribuirán de modo que, dividida su altura en cinco partes, los travesaños superiores ocupen dos de estas partes y tres, los inferiores. En la parte intermedia se colocarán dos travesaños. Los restantes se ensamblarán estrechamente en la parte de arriba y en la parte baja. La anchura de los travesaños será equivalente a una tercera parte de los entrepaños de la puerta; el cimacio medirá una sexta parte de los travesaños.

La anchura de los maderos de los quicios será la mitad de la de los travesaños; igualmente la anchura de los batientes de la puerta será la mitad más una sexta parte de la de los travesaños. Los maderos de los quicios, que están colocados al lado de las jambas, tendrán la mitad de anchura que los travesarios. Si las puertas tienen batientes, mantendrán esta altura aunque a su anchura se añadirá la anchura de las hojas. Si la puerta va a ser de cuatro hojas, increméntese un poco más su altura.

Tratándose del orden ático las puertas tendrán la misma proporción que las del orden dórico, exceptuando las fajas del cimacio que circunvalan las jambas y que deben dividirse de modo que tengan dos de las siete partes de la anchura de las jambas, exceptuando el cimacio. No deben hacerse enrejados, ni tampoco de dos hojas, sino con batientes que se abran hacia afuera. He ido explicando las proporciones que conviene respetar en la construcción de los templos dóricos, jónicos y corintios y lo he expuesto como mejor he podido, haciéndome eco de las costumbres y usos establecidos. Pasaré ahora a tratar cómo conviene construir los templos de estilo toscano.

Los altares estarán orientados hacia el este y siempre a un nivel más inferior que las imágenes que vayan a situarse en el templo, para que, quienes realicen sus súplicas y sus sacrificios, puedan contemplar la divinidad ocupando distintas alturas conforme al respeto y al decoro de cada divinidad. La altura de los altares dedicados a Júpiter y a los dioses celestes será la más elevada posible; para Vesta, la Tierra y el Mar, serán más bajos. De esta forma, siguiendo este método se llevará a cabo la configuración de los recintos, sin caer en desconsideraciones.  (Enviado por: Jesus Antonio Quiroz Sanchez arq_ibiza@hotmail.com)

Para citar este articulo en formato APA: Revista ARQHYS. 2012, 12. Tercer libro de Vitrubio. Equipo de colaboradores y profesionales de la revista ARQHYS.com. Obtenido , de http://www.arqhys.com/contenidos/vitrubiolibro-tercer.html.