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Interacción
entre usuario y vivienda. No sólo las preferencias de los ocupantes
condicionan los modelos de vivienda, sino que la relación es interactiva. De
este modo, una familia que se ve obligada a ocupar un tipo determinado de
alojamiento se encontrará con diversas limitaciones para su crecimiento y sus
formas de relación derivadas precisamente de las características de ese espacio
en el que debe habitar, su distribución y las condiciones generales de comodidad
del hogar. La vida de una familia puede así desorganizarse debido a factores
como la falta de espacio. Existen estudios que afirman que una persona necesita
disponer de un espacio mínimo en su hogar para que no peligre su estabilidad
emocional. Este espacio mínimo, según algunas normas, se ha establecido en unos
dieciséis metros cuadrados por persona, mientras otras dan como proporción
deseable el doble de esa cifra. Sin embargo, todavía hoy muchas familias
alrededor del mundo viven en espacios que no superan los ocho metros cuadrados
por persona. En los países menos desarrollados y en los del tercer mundo, las
condiciones de espacio en la vivienda resultan aún más desesperadas, si bien hay
que tener en cuenta que no en todos los países las formas de sociabilidad
familiar se hallan confinadas al interior del hogar (como sucede en las culturas
de raíz anglosajona), sino que, en muchas culturas, como las mediterráneas o
buena parte de las americanas nativas, la vida en sociedad tiene lugar en el
exterior de la vivienda, mientras que ésta queda reducida, en ciertos casos, a
ser sólo un lugar donde dormir o un abrigo frente a condiciones climáticas
desfavorables.
En todo caso, en aquellas culturas en las que la vida
familiar sí se encuentra directamente relacionada con las condiciones de
habitabilidad de su vivienda, se ha observado que no sólo la proporción de
espacio por persona va a ser determinante para la armonía de la vida familiar,
sino que también en este sentido resultan decisivas otras características de
cada vivienda en particular como, por ejemplo, la distribución del espacio
disponible. De este modo, aspectos como el número de habitaciones de que consta
una casa da una idea de su adecuación al número de personas que la habitan. Para
contribuir a la armonía en un hogar, cada individuo dentro del núcleo familiar
necesita disponer de un mínimo espacio privado en el que desarrollar su
intimidad. Esta necesidad no se limita tan sólo a la existencia de una
habitación destinada a cada miembro, sino a aspectos como el número de cuartos
de baño con que cuenta una vivienda. Parece evidente que en los ambientes
urbanos de las modernas sociedades occidentales, donde se construyen hoy en día
la mayoría de las viviendas, la tendencia de las familias a buscar mayores
posibilidades de intimidad para sus miembros se incrementa año tras año. En las
casas urbanas de las familias de clase media suele procurarse actualmente
destinar un dormitorio a cada uno de los hijos, además del que comparten los
padres. Estos dormitorios cumplen, a menudo, la función de servir como cuarto de
estudio. Además, se tiende a otorgar cada vez mayor importancia a las
necesidades específicas de los niños en el hogar. Encontramos, por otra parte,
que, ante la imposibilidad material que muchas familias encuentran para acceder
a casas más espaciosas, la interacción entre vivienda e individuo se manifiesta
a menudo condicionando el número de miembros que componen la unidad familiar y
contribuyendo con ello, junto con otros muchos factores, a producir efectos como
el límite de la natalidad. En otras ocasiones, la distribución de espacios
dentro de una vivienda es, simplemente, un reflejo de las costumbres familiares
dentro de una determinada sociedad, así como de la evolución de estas costumbres
a lo largo del tiempo. Como ejemplo resulta revelador el hecho de que, mientras
que durante años las viviendas de las familias de clase media o de la burguesía
se construyeron dotadas de un comedor, mientras que la cocina se entendía como
un espacio de características exclusivamente prácticas que quedaba, además,
oculto a la vista de los visitantes, hoy en día la menor disponibilidad de
espacio en las ciudades ha ocasionado la aparición de unas cocinas
multifuncionales que no sólo han absorbido las antiguas funciones del comedor,
sino que, dadas las mayores condiciones de sofisticación en los
electrodomésticos y en el mobiliario de que se componen, pueden servir, además,
como lugar de convivencia para la familia y convertirse, en algunos casos, en
una especie de sala de estar alternativa, o incluso única, dentro del hogar.
Otro de los factores que determinan la relación del individuo
con la vivienda que ocupa es el hecho de que la inversión económica más
importante en la vida de una persona o familia sea la compra de una casa,
fenómeno que tiene lugar cada vez con mayor frecuencia dentro de las sociedades
industrializadas urbanas. La vivienda constituye así la parte fundamental del
capital familiar. El presupuesto que una familia dedica a la inversión en
vivienda supone un porcentaje muy elevado de sus ingresos globales. Cuando la
vivienda escasea y, en consecuencia, los precios se elevan exageradamente, se
produce un desequilibrio en la economía familiar que presenta consecuencias
devastadoras tanto sobre el ahorro como sobre el consumo de otros bienes y,
consecuentemente, afecta de una manera muy negativa a la salud económica del
país en general. La consecuencia inevitable será la tendencia de los individuos
o familias a alojarse en viviendas que no llegarán a cubrir sus necesidades o
exigencias. La vivienda, entendida como bien de consumo, constituye, por otra
parte, una elocuente expresión del nivel social y económico de una familia. Así,
dependiendo de las características que presente una casa, podrá llegarse a
conclusiones acerca del status de la familia que la ocupa. Los valores, hábitos
y criterios estéticos propios de cada clase social se reflejarán, de este modo,
en la vivienda. En general, las clases más poderosas económicamente suelen tener
acceso a viviendas más espaciosas y de mayor calidad, sin embargo, factores como
su localización en una determinada zona de la ciudad resultan, en ocasiones, más
significativos que las características de mayor o menor calidad en la
construcción de una vivienda. (Colaborado por: Raul Nolasco Kipes,
Argentina ) |