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verdaderas alteraciones, y si son
vientos húmedos, causan serios inconvenientes. Por
ello, parece que debe evitarse y anularse este
posible fastidio, con el fin de que no suceda lo que
suele pasar en muchas ciudades. En la isla de Lesbos
se encuentra la ciudad de Mitilene, magníficamente
construida con gran belleza, pero ubicada de un modo
muy imprudente. Por ello, los habitantes de esta
ciudad caen enfermos cuando sopla el viento del sur;
si sopla el viento del noroeste o de poniente,
empiezan a toser, pero cuando sopla el viento del
norte recuperan su buen estado de salud, mas no
pueden permanecer ni en las callejuelas ni en las
plazas, ya que el frío es muy intenso. Se define el
viento como una agitación del aire que sopla con
movimientos variables. El viento surge cuando el
calor choca contra la humedad y el golpe de su
acción hace salir la fuerza y violencia del aire.
Podemos observar que es así a partir de unos vasos
de bronce, llamados eolipilas ( El matemático Herón
de Alejandria (siglo I a.C.) fue el inventor de
estas esferas huecas y metálicas); mediante este
invento artificioso podemos averiguar la realidad de
las ocultas estructuras del cielo. En efecto, las
eolipilas son instrumentos cóncavos de bronce con un
cuellecillo muy angosto por el que se vierte agua;
posteriormente se colocan al fuego. Antes de
calentarse, no emiten nada de aire, pero en cuanto
empieza a hervir el agua arrojan un aire muy
impetuoso. Así podemos formarnos una opinión sobre
los grandes e inmensos secretos del cielo y de los
vientos, a partir de un pequeño y muy insignificante
ingenio.
Si es posible alejarse de los vientos
perjudiciales, se logrará un lugar salubre para los
hombres sanos y robustos, y también, para quienes
padezcan alguna enfermedad, que en otros lugares
salubres lograrán su curación con medicamentos o
antídotos, pero en estos lugares sanarán más
rápidamente por el poder calorífico de los vientos,
ya que hemos excluido los vientos incómodos. Las
enfermedades que se curan con dificultad en las
regiones anteriormente descritas son: faringitis,
tos, pleuritis, tisis, vómitos de sangre y otras,
que solamente se curan ingiriendo remedios, pero no
mediante purgas. Son enfermedades difíciles de curar,
pues se originan por el frío y además porque,
debilitadas las fuerzas de la persona afectada por
la enfermedad, el aire se encuentra convulsionado y
atenúa o debilita sus cuerpos, debido a las fuertes
sacudidas de los vientos, que extraen la fuerza
vital de tales cuerpos enfermos y acaban
consumiéndolos. Por el contrario, al soplar el aire
suave y denso que no posee abundantes flujos y
reflujos, debido a su estática inmovilidad,
reconforta y rehabilita los miembros enfermos. A
muchos autores les satisface clasificar los vientos
exclusivamente en cuatro: al que procede del oriente
equinoccial lo llaman Solano (viento de levante); al
que sopla desde el mediodía, Austral (viento del sur);
al del occidente equinoccial lo llaman Favonio (céfiro
o viento de poniente); al que procede del
septentrión, lo llaman Septentrión (viento del norte).
Pero los autores que investigaron con más rigor nos
dicen que los vientos son ocho; destacaremos a Andrónico de Cirrestres, quien levantó en Atenas,
como demostración, una torre de mármol octogonal y
en cada uno de sus laterales cinceló unas imágenes
que representaban a cada uno de los vientos, frente
a la dirección de cada uno de ellos; sobre la torre
colocó una columna cónica, también de mármol y sobre
ella dispuso un Tritón de bronce, que en su mano
derecha extendida llevaba una vara; estaba situado
de tal manera que giraba por acción del viento y
siempre terminaba por quedarse quieto frente a la
dirección del viento; con su vara indicaba la
dirección, situándola encima de la imagen del viento
en cuestión. Así, entre el viento Solano y el viento
Austral situó el Euro, que sopla desde el levante;
entre el Austral y el Favonio, interpuso el viento
Ábrego, que procede del sudoeste; entre el Favonio y
el Septentrión, el Cauro —que muchos llaman el Coro—.
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