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se colocará un cuadrante de
mármol en medio de la ciudad, perfectamente nivelado,
o bien alisaremos un lugar y lo nivelaremos de modo
que no sea preciso el cuadrante; sobre su parte
central, en el medio, se colocará un gnomon de
bronce, como indicador de la sombra —en griego,
sciotheres—. Aproximadamente unas cinco horas antes
del mediodía se marcará el extremo de la sombra del
gnomon, que señalaremos con un punto; después, con
ayuda del compás, situado junto al punto que señala
la longitud de la sombra del gnomon, trazaremos una
circunferencia. Debe observarse, igualmente, la
sombra creciente del gnomon después del mediodía y,
cuando dicha sombra alcance la línea trazada por el
compás y se iguale con la sombra de antes del
mediodía, allí mismo debe señalarse otro punto.
Desde estos dos puntos, con el compás trazaremos una
figura en forma de aspa y por el punto donde se
corten las dos líneas del aspa, exactamente por ese
punto, debe trazarse una línea hasta el extremo, y
así quedarán señaladas tanto la parte o región
meridional como la septentrional. A continuación,
debe tomarse la decimosexta parte de la
circunferencia y debe situarse el centro de la línea
meridional donde corta la circunferencia; desde allí
señalaremos a derecha y a izquierda —en la misma
circunferencia— dos puntos: el de la parte
meridional y el de la septentrional.
A continuación, desde estos
cuatro puntos se trazarán unas líneas por el centro
donde se juntan los dos trazos del aspa, desde un
extremo hasta el otro extremo. Así, la indicación
del austro y del septentrión ocuparán una octava
parte cada uno. Las partes restantes, tres a la
derecha y tres a la izquierda, deben distribuirse
por igual en la totalidad de la circunferencia, con
el fin de que queden plasmados en el gráfico unos
espacios iguales para los ocho vientos. Siguiendo
los ángulos, entre las dos zonas de los vientos, se
alinearán los trazados de las plazas y de las calles.
Siguiendo esta estructuración descrita, los vientos
perjudiciales quedarán excluidos de las viviendas y
de las calles. Efectivamente, cuando las plazas se
dispongan directamente frente a la dirección de los
vientos, la intensidad del viento continuo se
extenderá desde el cielo abierto con fuerte
violencia y se potenciará al estar encerrado en las
angostas callejuelas. Por ello, es necesario
orientar los barrios atendiendo a las direcciones de
los vientos, con el fin de que al llegar a las
esquinas de los bloques de casas se debiliten y,
repelidos, terminen disipándose. Quizá no salgan de
su asombro quienes hayan conocido muchos más nombres
de vientos, dado que nosotros simplemente hemos
hablado de ocho vientos. Ahora bien, si observan el
giro de la Tierra siguiendo el curso del Sol y las
sombras del gnomon equinoccial según la inclinación
del cielo, ya Eratóstenes de Cirene, apoyándose en
argumentos matemáticos y en métodos geométricos,
descubrió que dicho giro mide 252.000 estadios, que
equivalen a 31.500.000 pasos; ahora bien, la octava
parte de este total, que es la que ocupa una clase
concreta de viento, medirá 3.937.500 pasos, por lo
que no deberán asombrarse si un solo viento, al
propagarse en un espacio tan amplio, logra diversas
orientaciones en su dirección, al desviarse y al
replegarse. Así pues, a la derecha e izquierda del
Austro normalmente soplan el Leuconoto y el Altano;
a la derecha e izquierda del Africo, el Libonoto y
el Subvespero; acompañando al Favonio suele soplar
el Argestes (viento de poniente) y, en ocasiones,
los vientos etesios; junto al Cauro, el Circias y el
Coro; el Septentrión sopla acompañado con el viento
de Tracia y el Galico; a derecha e izquierda del
Aquilón, el viento del Adriático y el Cecias; al
viento Solano lo acompañan el Carbas y, en ocasiones,
el Omitias (vientos septentrionales); cuando el Euro
ocupa la parte intermedia, a sus lados soplan el
Eurocircias y el Volturno.
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