El tardo academicismo en la arquitectura


   


Al influjo de la evolución económica, política y social, pudimos observar hasta aquí, como se desarrolló en nuestro medio el academicismo: de una producción a comienzos del siglo XIX sobria, de finos rasgos y proporciones, acompañando la República incipiente; derivó en expresiones exultantes, mundanas y asaz ostentosas en la segunda mitad con un país lanzado sin freno al fasto que permitió el éxito agro-exportador. Finalizando dentro de las primeras décadas del siglo XX en formas de cuño clasicista, con preferencia por la sobriedad ornamental, pero monumental y grandilocuente a la vez, al influjo de ideologías de fuerte cuño nacional y centralista.

Esta última Arquitectura de estilo la denomino “Tardo Académica”, y se desarrolló aproximadamente más allá de 1940, siendo uno de sus principales y más versátiles creadores el arquitecto Alejandro Bustillo. Las obras que mejor reflejan esta etapa del pensamiento Académico en nuestro medio son: El casco neoclásico de la estancia “Abril” que fuera de los Pereyra Iraola en la Provincia de Buenos Aires. El Casino y Hotel Provincial de Mar del Plata.

La Casa Central del Banco de la Nación Argentina en Plaza de Mayo (ya citado al final de “La Ciudad Capital”) con su inmensa cúpula sobre la sala de operaciones y en el baricentro de la manzana. El Museo Nacional de Bellas Artes, (reciclaje de una anterior Usina de Aguas) y la Facultad de Derecho, ambas en Palermo. La Fundación INTRODUCCIÓN A LA ARQUITECTURA CONTEMPORÁNEA Eva Perón (Facultad de Ingeniería de la UBA); y la mole del Ministerio de Guerra, ambas en el sur de la ciudad. Se adapta con éxito diverso en la composición de fachadas de “propiedad horizontal” como el conjunto Mihanovich en Buenos Aires, y en la proliferación de residencias de clase media alta conocidas como “Hotel Particulier”, uno de cuyos ejemplos es la actual Embajada del Perú en la avenida capitalina Del Libertador… Culmino este breve listado citando la solemne edilicia del Monumento Nacional a la Bandera en la ribera del Paraná rosarino, en la Provincia de Santa Fe.

La conformación de un Estado fuerte luego de la crisis del 30, dio lugar a la edificación de numerosas obras administrativas oficiales (aparte de las ya citadas) con un denominador expresivo casi común, tipológico y distintivo: el de ser “modernas” e imponentes Arquitecturas de mármol travertino y granito puntano. Surgieron así la casi totalidad de las sedes del oficialismo gubernamental: La Dirección Nacional de Vialidad y la Casa de la Moneda en el Retiro, la Dirección Nacional de Arquitectura; la Caja Nacional de Ahorro Postal (hoy Banco Caja): la Casa Central del Banco de la Provincia de Buenos Aires en la Capital Federal.

Y las laberínticas sedes de ministerios y secretarias del Estado que rodean por el lado Sur la Plaza de Mayo. También podemos incluir al entonces Aeropuerto Internacional Pistarini, en la localidad bonaerense de Ezeiza. En este lapso de muy variadas ofertas estilísticas (como podemos comprobarlo observando el apéndice de obras por fecha de este libro) soplaban ya otros vientos ideológicos referidos al acto de “diseñar la Arquitectura”, es decir ideas estéticas y tecnológicas relacionadas con una modernidad proclive a la abstracción formal y utilitaria; que comenzaron a imponer un importante repertorio de novedades edilicias, propiciatorio de lo que finalmente fue el “funcionalismo” en nuestro medio.  Gracias a María Perez Montolla por colaborarnos este artículo para ser publicado en ARQHYS.com.


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