|
Se conseguirá una belleza u ornamento natural si
inicialmente se eligen para toda clase de templos unos lugares saludables;
sobre todo con abundante agua si se dedican a Esculapio, a la Salud y a los
dioses con cuyas medicinas parecen sanar muchos enfermos. Así es, cuando los
enfermos hayan sido trasladados desde un lugar insalubre hacia otro más sano y
cuando se les proporcione agua procedente de fuentes curativas, mejorarán
rápidamente; de este modo, se conseguirá que, por la misma situación del lugar,
la divinidad será objeto de opiniones muy positivas y elogiosas, con todo
merecimiento. Asimismo se dará también ornamento natural si hacemos que las
habitaciones y las bibliotecas reciban la luz, orientándolas hacia el este; que
los baños públicos y los invernaderos reciban la luz desde el occidente; que
las pinacotecas y las estancias, que precisan de una cierta luminosidad,
reciban la luz desde el norte, ya que esta parte ni se oscurece ni adquiere más
luminosidad en relación a la posición del sol, sino que mantiene una misma e
inmutable claridad a lo largo de todo el día.
La Distribución consiste en la
administración apropiada de materiales y de terrenos,
unida a unos costes ajustados y razonables de las
obras. Obtendremos esta distribución si el
arquitecto no va persiguiendo lo que no puede
encontrar o preparar sin grandes dispendios. Veamos
un ejemplo: no en todos los lugares se encuentra
abundancia de arena de cantera, piedra para edificar,
abetos, madera limpia y sin nudos, mármol, sino que
cada uno de estos materiales se dan en lugares muy
concretos y diferentes por lo que su transporte
resulta complicado y muy costoso. Por tanto, donde
no haya arena de cantera, utilizaremos arena fluvial
o bien arena marina limpia. Cuando se carece de
abetos o de troncos de madera limpia y sin nudos,
utilizaremos cipreses, álamos, olmos, pinos. Se
alcanzará un segundo tipo de distribución cuando se
levanten edificios de acuerdo con el uso al que van
destinados, de acuerdo con los propietarios, con su
nivel económico o con la dignidad de los inquilinos.
Parece claro que las viviendas urbanas deben
levantarse de una manera y de otra muy distinta las
viviendas rústicas, donde se almacenan los frutos
del campo; no es lo mismo construir para
prestamistas avaros que para personas honestas y
exquisitas; si se trata de ciudadanos influyentes
que dirigen el Estado con sus resoluciones, sus
viviendas se dispondrán para tal uso. En una palabra,
siempre se debe tomar una distribución adecuada a la
personalidad de cada uno de los inquilinos de las
viviendas. |