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Comparacion y critica.
Para que exista el proceso de persuasión interpersonal , es decir el manejo
coordinado del significado se debe tener muy en cuenta el escuchar
adecuadamente, en que en el capítulo primero de Ellis se desarrolla claramente
este tema. Hay una diferencia muy clara entre oír y escuchar, oír es una
actividad pasiva; escuchar es algo activo. Un obstáculo para una escucha
efectiva es el desequilibrio entre la velocidad de los hablante y la capacidad
de los oyentes para procesar los sonidos nuevos, así también ocurre en la
persuasión interpersonal, el persuasor debe hablar claramente y a una velocidad
adecuada para que el persuadido logre entender muy bien sus criterios. Para que
exista la comprensión en el proceso de persuasión debe haber también la
motivación, ya que si el persuasor no demuestra
la suficiente efectividad en lo que habla, el persuadido no va a estar
interesado y fuertemente motivado para escuchar dicha información. Un manejo
coordinado del significado se logra mediante la cooperación de todos los
participantes, de esta manera depende no solo de la habilidad del persuadido a
la hora de salvar obstáculos para escuchar, sino también de la habilidad del
persuasor para hacerse comprender.
La definición de la persuasión que se adopta en este texto
especifica que debe existir el intento consciente para que suceda la actividad
de persuadir. Esta distinción entre persuasión e influencia tiene varias
implicaciones para el estudio de la persuasión no verbal, si una conducta no
verbal no es intencional, es posible sostener que es inadecuada o incoherente,
pero la posibilidad de que esta afirmación genere un cambio en la elección de
normas es mínima. La mayor contribución del estudio de la conducta no verbal al
estudio de la persuasión reside en la codificación consciente por parte del
persuasor y en la decodificación consciente o inconsciente por parte del
persuadido. Esto no significa que la actividad persuasiva no pueda recibir la
influencia de la conducta no verbal no intencionada, Así podemos captar en el
capítulo segundo de Ellis, los signos vocales , expresión facial, gestos,
vestimenta, acento y proxémica son parte de la comunicación no verbal.
El pensamiento es un acto mental puro y el lenguaje su expresión verbal. Al
afirmar la relación directa de las palabras con el pensamiento no se pretende
negar la relación indirecta que guardan con las cosas; a ésta precisamente se
debe la posibilidad de la comunicación y el entendimiento mutuo, y eso es lo que
debe existir en la persuasión. En la medida en que un individuo conoce las
normas y puede crear las condiciones que hacen la interpretación estricta de
esas normas, está en condiciones de convencer a los demás que cambien de
conducta. El hombre sin lenguaje es un ser sin pensamiento o de pensamiento
sumamente rezagado, es un ser deshumanizado. En el signo lingüístico una de las
propiedades es lo arbitrario, y en la persuasión interpersonal también habla del
arbitraje cuando el manejo coordinado del significado se logra mediante la
cooperación de los participantes, algunos permiten discernir entre la
coordinación que se logra por la intrusión de un extraño. El significado depende
de las relaciones entre las distintas partes de los enunciados, y estas
relaciones las determina la estructura del sistema de la lengua. Como las
interacciones personales ofrecen oportunidades de llegar a ser más afines con
las normas de los participantes, cabe emplear con más confianza las apelaciones
a la incoherencia, entonces se debe tener un buen lenguaje, las apelaciones a
las incoherencias respecto a normas personales servirían poco en el proceso de
persuadir al sujeto para que cambie. Como en el capítulo siete, la clasificación
de los oyentes, la gente a veces se deja sugestionar, En primer lugar, los
individuos pueden referir un determinado estímulo a una o varias pautas de
juicio que ellos consideren relevantes para la interpretación. El estímulo
interviene entonces en un contexto mental que se acepta como consistente y sin
contradicción. Así en la persuasión la gente pasa la mayor parte de su vida en
contornos estructurados donde las reacciones emocionales se conciben como
reflejo de debilidad y como disfuncionales para la productividad. Preferimos
pensar en nosotros mismos como en seres racionales, no emocionales. La verdad es
que somos emocionales, y que cogniciones y emociones están estrechamente
relacionadas.
La comunicación interpersonal permite a quienes participan en ella compartir,
modificar y crear normas en el curso de la relación. En la medida en que una
persona desea ejercer influencia sobre otra para que acepte su propia versión de
una norma, existe la probabilidad de persuasión. La persuasión interpersonal es
un intento de poner de acuerdo las normas del otro u otros participantes con las
propias, como tal, es una forma de manejo coordinado del significado; entonces
si tiene relación con el primer capítulo del significado lingüístico, la
pragmática se ha concentrado en el análisis de cómo producimos significado
intencional, es decir, en el análisis de cómo decimos lo que queremos decir, y
cómo lo comprendemos cuando nos lo dicen. El objetivo de la persuasión
interpersonal no es modificar la serie de normas de otro individuo, por lo que
se debe tomar en cuenta lo que dice en el significado lingüístico: Al parecer,
cuanto más indirecto es un acto de habla, sobre todo si se trata de actos de
habla como pedir, ordenar, etc, que buscan el provecho del hablante (en este
caso del persuasor), más cortés y más afortunado, o sea, más eficiente resulta.
Según el segundo capitulo: Decir, querer decir y decir sin querer; el lenguaje
sería un instrumento de comunicación temible si los seres hablantes no
viniéramos equipados para usarlo con cierta felicidad, de manera adecuada al
contexto, por ende, vemos que el persuasor que sabe lo que puede esperar del
sujeto a persuadir puede controlar la conversación, y con una destreza adicional
orientarla hacia sus propios fines, y es muy útil tener la capacidad de
construir pautas de interacción para lograr la persuasión, y aún para el manejo
coordinado del significado en términos generales.
La pragmática estudia el significado intencional, lo que uno quiere decir,
mientras que la persuasión interpersonal es el manejo coordinado del
significado. De acuerdo con el capítulo tercero, el uso lingüístico está
regulado de tal manera que hace posible que los hablantes no solo descodifiquen
oraciones, sino que infieran el sentido y la fuerza de los enunciados en que
aparecen las oraciones; tales inferencias son posibles porque el uso del
lenguaje responde a un acuerdo previo de colaboración entre los hablantes; en la
persuasión interpersonal sucede algo parecido, para que exista una buena
comunicación se debe tener muy en cuenta el rol. Un rol consiste en una serie de
normas. Algunas de esas normas son inequívocamente decisivas para las
definiciones del rol, mientras que otras son secundarias. Las normas decisivas
gozan de un mayor grado de consenso entre lo miembros de un medio social
determinado. Además de que existe el principio de cooperación que se compone de
ciertas máximas que son muy importantes para el buen funcionamiento del
lenguaje. Máxima de cantidad, que sea todo lo informativa que se requiere;
máxima de relación, sea relevante; máxima de calidad, que su contribución sea
verdad; máxima manera, sea claro. Sin esta actitud de los hablantes, no habría
implicaturas, y no habría conversación posible y menos aún llegar a la
persuasión. En suma, si bien el intento de provocar un cambio debe existir al
menos por parte de una persona percibida originalmente como sujeto a persuadir
puede actuar también como persuasor, especialmente en interacciones
interpersonales en las que son frecuentes las oportunidades de realimentación.
De igual manera ocurre con el capítulo cuarto de Graciela Reyes, el hablante es
en primer lugar, el que tiene necesidades comunicativas: debe transmitir
significados. En segundo lugar, el hablante es el que manipula el lenguaje. Por
eso una lengua en uso es la misma y no es la misma a la vez, ahí es cuando se
habla de realimentación en que el persuasor debe actuar también como sujeto a
persuadir y viceversa. En el capítulo quinto, los hablantes que tratan con
recelo sus enunciados, tratando de certificar su autenticidad, se sienten
incómodos porque no les queda más remedio que usar formulas que, de tanto
repetirse, han perdido valor comunicativo, han perdido la capacidad de expresar
cabalmente algo. Las fórmulas son palabras dichas, redichas. Así entonces se
desconfiará del lenguaje y va a ser imposible llegar al proceso de la
persuasión, las normas de consenso constituyen un prerrequisito esencial de la
coordinación del significado. El lenguaje es plural porque para funcionar tiene
que ser de todos los miembros de la comunidad. Una lengua es un objeto viviente,
concreto, socio-ideológico. La palabra en el lenguaje es siempre parcialmente
ajena. Se convierte en propia cuando el hablante la empapa con su propia
intención, su propio acento: cuando se la apropia para adaptarla a lo que quiere
expresar. Antes del momento de la apropiación, la palabra no existe en un
lenguaje neutro e impersonal. El hablante no va a buscar las palabras al
diccionario antes de hablar, va a buscar las palabras a la bocas de los demás,
donde existían otros contextos, en otras intenciones. Allí las encuentra dotadas
de sus propias entonaciones, que pasarán en nueva modulación, a su propio
discurso; entonces así debe ser el persuasor, debe encontrar la mejor manera de
expresarse para obtener buenos resultados. En la persuasión interpersonal, el
persuasor y los persuadidos deben establecer una relación que se funda
prioritariamente en las normas creadas durante su desarrollo. [ Equipo
arquitectura y construcción de
ARQHYS.com ].
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