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La técnica de grandes
conjuntos sucedió a la edificación aislada de los años de
entreguerras. Este cambio se manifiesta claramente en la
interacción que comienza a darse entre
la arquitectura
tradicional de edificios y la arquitectura de comunicaciones
(puentes, autopistas, aeropuertos), con lo que el arquitecto
pasa a actuar en la planificación del paisaje y
el espacio.
Se ponen a revisión los principios
desarrollados por la arquitectura de los años veinte y treinta.
En el transcurso de este proceso el funcionalismo que se
atribuía al ángulo recto experimenta un considerable retroceso.
La reflexión creadora se vuelve cada vez más hacia una nueva
interpretación de la
arquitectura orgánica.
Entre tanto,
Mies Van Der Rohe, que en
1937 emigró a los Estados Unidos, ha llevado los rascacielos
hasta un nivel de refinamiento estructural en el que se
compaginan, dentro de una solución clásica, la función, la
producción técnicamente normalizada y la invención de
formas. Con ello esta tendencia de la arquitectura parece haber
alcanzado su punto culminante. Consideraciones de orden técnico
y práctico, como son la producción en serie y el crecimiento
demográfico, aconsejan que siga utilizándose la edificación
celular, resuelta según el sistema riguroso de verticales y
horizontales, en aquellos lugares donde hayan de alojarse
grandes concentraciones humanas, esto es, edificios de oficinas
y edificios de viviendas. Como ventajas de este procedimiento se
señala un mayor número de zonas verdes y de espacio para el
tráfico. |