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Las combinaciones del altar mayor
construidas en exquisitos mármoles blancos, rojos y grises; los
capiteles de bronce y en ellos, festones, rosetas, y motivos que
demuestran la calidad artística del modelador. Se destaca el
frontal de la mesa del altar mayor, como asimismo la puerta del
sagrario. En la parte inferior del retablo existen cuatro nichos
que contienen las imágenes de San Francisco Solano, San Roque,
Santa Lucía y Santa Isabel de Hungría. En la parte superior
asentado sobre pequeñas columnas de tipo romántico y ocupando el
lugar central, la imagen de San Antonio de Padua, cubierto por
la paloma del Espíritu Santo, inspirador de su ardorosa palabra
y a sus flancos, dos ángeles de mármol blanco. Debajo del
patrono y en el centro mismo el retablo, un cuadro de Nuestra
Señora del Perpetuo Socorro, ubicado en ese lugar de honor en
virtud del respeto por la devoción que hacia ella sentía la Sra. Llavallol de Acosta, donante del templo. Al fondo, a ambos lados
del ábside se destacan los "vitraux" con las figuras del
rey San Eduardo, las de la Virgen Santa Inés con su corderillo,
el Príncipe San Luis Gonzaga, y la de la Emperatriz Santa Elena
con la Cruz del Redentor. Los "vitraux" del crucero muestran a
Nuestra Señora de los Remedios, a San Mariano, San Ernesto y San
Felipe. Una filigrana en mármoles, principalmente ónix, hacen
del comulgatorio una pieza de fineza excepcional, y en el centro
del crucero, sobre el piso, en mosaico veneciano el famoso
Responsorio "Si buscas milagros, mira ...." que habla del linaje
de los prodigios del Santo, a la manera de un escudo de armas
central que rodean los blasones de la Orden Franciscana en los
ángulos y los particulares de las familias Acosta-Santa Coloma, Llavallol-Ortíz Basualdo, Oromi-Escalada, en los laterales, y al
pie en la parte superior se lee: "A San Antonio de Padua, el
Santo de todo el mundo, Honor y Gratitud"
El altar que se alza sobre la derecha está
dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, al que acompañan San José
y San Francisco de Asís, fundador de la Orden Franciscana, el de
la izquierda, a la inmaculada Santa Ana y a Santa Teresita. Esta
casa de Dios ha sido equipada generosamente con vocación de
Santuario; el arte magnífico del púlpito, los confesionarios,
los bancos, el mobiliario, el órgano eléctrico de tubos, todo,
le da una calidad que va mas allá de lo litúrgico y confesional.
Cristianos devotos de todas las latitudes concurren a este
templo que tiene abierta sus puertas en nuestra ciudad. A ambas
cabezas de las naves laterales, yacen sencillos sepulcros,
lechos de piedra tendidos en el suelo, amparados por dos altos
respaldos construidos en mármol funerario. En el de la derecha
bajo el epígrafe "Expecto Dóminum" descansan los restos
de Eduardo Acosta trasladados desde la Recoleta para el momento
de la inauguración del templo, ya que su deceso se había
producido el 22 de agosto de 1924. En el de la izquierda, desde
el 14 de julio de 1956, se encuentran los de Ernestina Llavallol
de Acosta, que descansan bajo el lema que dice "ln Te, Dómine, Speravi". El templo fue bendecido el 29 de setiembre de 1931
por el entonces Obispo Auxiliar de La Plata Monseñor Dr. Juan
P. Chimento, siete años después el 23 de abril de 1938, era
solemnemente consagrado por Mons. Dr. Miguel De Andrea.
Finalmente el 12 de junio de 1942 fue declarada lglesia
Parroquial. Un dato curioso es que cuando se refieren a este
templo, aún los Obispos, lo llaman Basílica, pues su
magnificencia y calidad le dan los atributos para serlo, pero
nunca fue consagrada como tal, simplemente, no lo ha sido porque
nunca se solicitó el decreto correspondiente.
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