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Por más que pertenezcan a un
mismo momento histórico y estén relacionadas entre
ellas, no es igual el pensamiento abstracto que el
teológico ni el modo de vida de vasallos, nobles y
sacerdotes. De estos diferentes tipos de pensamiento
y grupos sociales
la arquitectura,
entendida como disciplina intelectual y profesional,
depende y refleja los que están relacionados con lo
que se podrían incluir en el término saber
institucionalizado (aquel que tiene la labor
intelectual, científica o artística, como base de su
quehacer), por ser este el saber apoyado y
financiado por las clases sociales que intervienen
en la definición y construcción de la ciudad, con el
fin de utilizar para sí los beneficios que se
derivan del conocimiento.
De manera general, la relación señalada entre saber
institucionalizado y arquitectura puede enfocarse
desde dos perspectivas distintas, aunque ligadas
entre sí:
a. Por un lado, el análisis de aquellos espacios
arquitectónicos que de una u otra forma acogen las
actividades específicas de este saber.
b. Por otro lado, el análisis de la influencia de
los contenidos del saber institucionalizado en la
definición de
espacios arquitectónicos
particulares.
En el primer caso la arquitectura da respuestas a
una actividad determinada: el modo como se produce
el conocimiento: el jardín de Akademos, la Estoa, la
biblioteca de Alejandría, la universidad de Coimbra,
la Bauhaus de Dessau, etc.. En cambio, en la segunda
alternativa el saber no aparece como un programa de
arquitectura sino como el substrato de toda
realización, por lo tanto, cualquier cambio en los
modos de pensar y de difundir el saber, así como
cualquier modificación la orientación del
conocimiento, se implica una transformación de las
tipologías arquitectónicas de la época en que ocurre
este proceso. En las próximas páginas se analiza uno
de los momento histórico donde la última de las
alternativas (la influencia del saber en sí, o sea
de la filosofía, en la arquitectura) se manifiesta
con claridad: el paso de la alta escolástica al
humanismo. En el transcurso de unos pocos siglos,
dos epistemologías apoyadas en sistemas filosóficos
distintos, desarrollaron cosmovisiones particulares
que influyeron decisivamente sobre ciertas
tipologías arquitectónicas, especialmente, las que
las clases social y económicamente más influyente
consideraban esenciales, destacando la arquitectura
de los lugares de culto; porque al estar ligados a
problemas ontológicos (en definitiva, a la razón de
ser de la propia existencia individual y colectiva),
en la construcción de estos espacios destinados a la
purificación y/o salvación del alma, las distintas
culturas han empleado en su realización las mentes
más preclaras y los mayores recursos económicos. |