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En su libro "Seven Lamps of
Architecture" (1849) su característico tono de invocación
moralizante ya ha adquirido plena madurez, y será luego una
constante de su posterior pensamiento arquitectónico. Para él
las leyes de la arquitectura son idénticas a las de cualquier
existencia humana y moral. Mediante ilusiones bíblicas,
desarrolla criterios que proceden del ámbito ético-religioso,
con los que se propone conjugar sus observaciones y postulados
sobre arquitectura. Tal como lo dice en la introducción de
"The Poetry of Architecture", su interés se centra en el
planteamiento de principios, no en un ensayo sobre la
arquitectura europea. Ruskin no cree en leyes en carácter
normativo derivadas de la arquitectura del pasado; el sólo
reconoce validez a aquellas que poseen de la naturaleza humana y
de las propiedades de la naturaleza: " No existe ninguna ley ni
principio basado en prácticas del pasado que no pueda ser
derogado por el surgimiento de nuevas condicionantes o por la
invención de nuevos materiales." Sólo una de las llamadas siete
luces de la arquitectura es específicamente estética; y
determinan la estructura del libro; estas son: Verdad, Fuerza,
Belleza, Vida, Memoria y Obediencia. Ruskin establece la
diferencia entre la arquitectura y construcción.
En términos generales "The Poetry of Architecture" puede
considerarse como una llamada de atención de orden moral. La
declaración manifesta de adhesión al
gótico, y sus conclusiones
se encuentran en "Stones of Venice" (1851-53). En el
primer volumen queda expuesta, sobre todo, la doctrina relativa
a la ordenación. Ruskin tiene una concepción de la arquitectura
que afirma que la buena arquitectura es el reflejo de una
estructura social sana. De ahí que resulte consecuente su
posterior dedicación a la economía política y su propósito de
sustituir el capitalismo por un comunismo agrario. |