La arquitectura es un arte con razón de necesidad



Este artículo ha sido colaborado por Raúl Elías García, México, para ser publicado en el canal de artículos de ARQHYS.com.
La arquitectura es un arte con razón de necesidad, que tiene que dar respuesta a necesidades prácticas que la condicionan y la justifican. También es necesario tener en cuenta la evolución de las arquitecturas como adaptación al entorno, en una evolución natural estrechamente ligada al contexto social de cada lugar y época. Es en tiempos del caballero protegido con la armadura, cuando la ciudad se protege con las murallas que cayeron a la vez que la armadura. Y es en tiempos de mayor paz cuando nuestros antepasados dejaron las fortificaciones, y adaptaron las casas-torre de defensa o construyeron los caseríos, subordinados a una nueva organización social y sistema de producción.

El caserío es el tipo de vivienda agropecuaria de la parte húmeda de Euskalherria. En las Encartaciones se ha dado una solución híbrida, con caseríos de estilo rasgado por características tanto cántabras como vascas. En Zuberoa tampoco existe el caserío vasco, pues la arquitectura tradicional en Zuberoa es bearnesa. El caserío es pues, una arquitectura de una distribución y vida limitada, que nace en el siglo XVI y se extingue con la revolución industrial, cuando ya deja de ser una inversión atractiva.

Hay que subrayar que la construcción de caseríos siempre ha sido dirigida por arquitectos, ajena a la incidencia del espíritu baserritarra. En la construcción de éstos, se empleó la tecnología punta de la época, adoptando soluciones importadas de Alsacia, Francia, Alemania, Holanda… La estructura clásica de un caserío, es de madera y exenta al muro cuya función no es otra que la de cerramiento envolvente del espacio interior. Las numerosas columnas son de dimensiones monumentales, (aproximadamente 40cm x 40 cm), fueron hechas con árboles que hoy ya casi no existen. Los no portantes muros de piedra se resuelven con el aparejo “gótico-aquitano”.

La calidad del caserío se ve afectada a partir del XVII, cuando el proyectista deja de responsabilizarse de la construcción limitándose a hacer los planos. La producción en el siglo XVI se fundamenta en la sidra y el trigo, pero en el XVII es el maíz el que ofrece mucha mayor rentabilidad. Incrementa la demanda del caserío, a la vez que su diversidad. Se empieza a ofrecer caseríos más baratos para gente menos pudiente, limitando mucho las piezas de madera que conformarán el edificio, apareciendo caseríos con muros de carga. Tipológicamente destaca la incursión del caserío bifamiliar, más barato para adquirirlo ofreciendo una doble renta para el propietario.


Pero básicamente el caserío se define como un edificio compacto, sin medianeras, de gran planta rectangular orientado al este/sur. Las dependencias en la planta baja se destinan para albergar las cuadras, y ocasionalmente la cocina, sirviendo la zona superior para dormitorio, cocina y granero. Estos se agrupan en grupos de siete u ocho manteniendo distancias de unos doscientos metros. La existencia de más de veinte tipos de variantes hace muy difícil una satisfactoria clasificación de ellos, siendo aun más complicado debido a las constantes intervenciones que han sufrido por cada generación que las ha ocupado. Sin embargo mantienen rasgos que les da una personalidad común, que trataré de analizar brevemente.

El caserío vasco primitivo de tiempo de la era de paz posee una cubierta ventilada de poca inclinación y eje normal a la fachada que mira al medio día. En la fachada aparece un segundo elemento típico: el portalón, gran espacio acogedor cubierto y abierto al exterior, exponente de generosidad y hospitalidad. La parte de la fachada sobre el portalón se compone de un material ligero (tablas de madera, ladrillo…) hasta que el dintel queda sustituido por el arco que empieza a introducirse en el siglo XVIII, ya consagrada la cupulada basílica de Loyola. La fachada evidenciará la disposición de tres crujías normales a ella. Muy característica del caserío vasco es la presencia del alero muy volado y soportado por altas tornapuntas.

Sin embargo podemos encontrar caseríos carentes de portalón, con aleros mínimos, dictado de la frecuencia de fuertes rachas de viento, típico en la elevada zona de Okendo y el valle de Gordejuela. Característico de los caseríos alaveses de este entorno es el voladizo de la fachada. Así en la segunda planta, el plano de la fachada emerge y se adelanta unos centímetros apoyándose en el forjado en simple voladizo. Así como el suelo de la parte central de ésta planta esta más elevado que los laterales para mejor aprovechamiento espacial bajo la cubierta, el voladizo en la fachada muestra el interior estando la parte central del voladizo sobre el portalón más alta que las laterales.

El valle de Aramaiona, administrativamente perteneciente a Araba, es etnográficamente vizcaíno. El estudio de su arquitectura popular confirma que Aramaiona es netamente vizcaína. El caserío en Aramaiona posee el mismo portalón, su mampostería ha sido tratada de la misma manera que en Bizkaia, como el revoque parcial que deja al descubierto piedras salientes.
Es curioso como en el Duranguesado y la zona del Oiz, el entramado de madera relleno de ladrillo en la fachada, frecuentemente se protege de la intemperie con un forro de ladrillo expresamente fabricados para tal misión y fijados con clavos. En líneas generales los caseríos del Duranguesado destacan por su forma de construcción más detalladamente estudiada. En Gipuzkoa la abundante presencia de varias tejavanas junto al caserío para ensanchar el local destinado al ganado, inevitablemente altera su aspecto primitivo. Esta alteración es debida a un sistema de producción más ganadero por la dificultad que la orografía impone al cultivo.
A diferencia de los caseríos en Gipuzkoa y Bizkaia, en Nafarroa no se esparcen por el monte, se agrupan. En semejanza a los caseríos del noroeste de Alava, en Navarra los pisos se muestran en voladizos en la fachada. Los aleros son descomunales, mientras el entramado de madera visible en la fachada se rellena de ladrillo. La base de la fachada suele ser de sillar, arenisca morada, marcándose llamativamente sus juntas blancas. Los muros cortafuegos en estas casas las diferencian rotundamente de las hasta ahora mencionadas.


Estos muros laterales sobresalen má

s acá que la fachada, emergiendo coordinadamente con los planos de la misma. En Lesaka la fachada es más esbelta que en Goizueta. En el Baztan las casas siguen la misma pauta, si bien aquí les caracteriza un portalón de arco de medio punto centrado en la fachada. Al igual que en Gipuzkoa, en esta zona al portalón se le superpone normalmente un balcón corrido. Podríamos afirmar que tanto en la Nafarroa Beherea sobre todo, y en Lapurdi, las casas siguen la misma pauta. El patín es la escalera que da acceso a la primera planta y está en el exterior de la casa. Este elemento tiene peculiaridades características en cada lugar, pero no es un elemento de uso general en ninguno de los valles de Euskadi. Es interesante su mención, para destacar su naturaleza de origen militar, más ligado con las casas torre, pero ocasionalmente presente en nuestros caseríos como reminiscencia de tiempos pasados.
El caserío, como todo, recibe influencias de diversos lugares alterándose y evolucionando con el paso del tiempo. En este proceso, se observa que en el siglo XVIII se crean salas para celebraciones en la primera planta, también evoluciona cuando se empieza a habilitar el hórreo interior sobre el portalón para vivienda, como cuando aparecen adosadas a la casa las primeras chimeneas (s. XVIII-XIX). Se va racionalizando la construcción, se amplían los baños, se cambian los tabiques…se prima al espacio y se aproximan a las viviendas urbanas, llegando a desaparecer el portalón. La producción del vidrio en el siglo XIX, hace compaginable la luz y el calor, revolucionando totalmente el tratamiento de los cerramientos verticales laterales y la fachada. El caserío vasco, es un testigo de nuestra historia dispuesto a declarar, pero la falta de atención a él, nos puede llevar a malinterpretarlo en fastidiosas reproducciones miméticas.

Para citar este articulo en formato APA: Revista ARQHYS. 2012, 04. La arquitectura es un arte con razón de necesidad. Equipo de colaboradores y profesionales de la revista ARQHYS.com. Obtenido , de http://www.arqhys.com/la-arquitectura-es-un-arte-con-razon-de-necesidad.html.





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