La historia de la arquitectura como cantera



Desde el siglo XVIII las cortes europeas patrocinaban la enseñanza oficial de la Arquitectura (que por causa de la Revolución Industrial ya vimos que se escindió de la Ingeniería) dependientes primero de las ACADEMIAS DE BELLAS ARTES europeas, o INSTITUTOS POLITÉCNICOS en casi todo el mundo a mediado del siglo XIX y después dentro de escuelas y luego facultades: siempre; centradas primordialmente en el estudio e interpretación de la Historia como fuente de recursos (aquí las influencias clásica y romántica) para dar forma a las composiciones bajo el dictado magistral de arquitectos y plásticos.

ELEMENTOS DE ARQUITECTURA Y ELEMENTOS DE COMPOSICIÓN

Julien Guadet, uno de los principales teóricos del academicismo finisecular, nos dice: “¿Qué es componer? Es juntar, unir las partes en un todo. Estas partes son los Elementos de Composición; de la misma manera como se materializan las concepciones con paredes, aberturas, bóvedas, techos -todos ellos Elementos de Arquitectura- se establece la composición con habitaciones, vestíbulos, pasajes, escaleras. Éstos son los Elementos de Composición.” De esta inmensa “cantera didáctica” que fue la Historia, los arquitectos obtenían (y reproducían) los denominados ELEMENTOS DE ARQUITECTURA con los cuales organizaban, ornamentaban y daban forma visible a sus edificios.

Algunos de estos elementos son las columnas en sus diversos órdenes (¿recuerda?: dórico, jónico, corintio, toscano, compuesto, etc.), los frisos, frontis, pórticos, cúpulas, podios, arcos, ventanales, balaustres, escaleras…Para organizar sus trazados o plantas, estos profesionales eruditos procedían a realizar una COMPOSICIÓN ARQUITECTÓNICA mediante los ELEMENTOS DE COMPOSICIÓN, o sea espacios (al aire libre o bajo techo) perfectamente acotados en sus usos y formas, así como dotados de particularísimo tratamiento decorativo.

La memoria nos dirá: “el Salón Oval de la Casa Blanca”, “el Salón Blanco de la Casa Rosada”, o “el Salón Azul del Parlamento Nacional”; quizás el Salón “de Los Pasos Perdidos” del Consejo Deliberante o el “Salón Dorado” del Teatro Colón; … “de Los Acuerdos”, “de Los Escudos”, “el Aula Magna” o… En muchos de estos ejemplos, una muy elaborada escalera otorgaba el toque de máximo protagonismo decorativo a estas Arquitecturas: inscriptas generalmente dentro de un espacio gigante en altura, con tramos de ida y vuelta, balaustradas de mármol y esculturas o farolas en sus quiebres; aptas para los más dignos miriñaques y levitones en ceremoniosos ascenso y descenso.


Inconcebibles de ser transitadas en aquel tiempo como se permite hoy (a las corridas y zancadas); o imaginarlas de resolución estrecha, impidiendo el lucimiento de ropajes y cadencias, que de hecho fueron concebidos en una sola armonía de conjunto con la Arquitectura misma.  Gracias a María Perez Montolla por colaborarnos este artículo para ser publicado en ARQHYS.com.

Para citar este articulo en formato APA: Revista ARQHYS. 2011, 07. La historia de la arquitectura como cantera. Equipo de colaboradores y profesionales de la revista ARQHYS.com. Obtenido , de http://www.arqhys.com/la-historia-de-la-arquitectura-como-cantera.html.