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La existencia de un material natural
está estrechamente relacionada con la invención de las
herramientas para su explotación y determina las formas
constructivas. Por ejemplo, la carpintería de madera
apareció en las diferentes áreas boscosas del planeta, y
la madera sigue siendo, aunque su uso esté en declive,
un material de construcción importante en esas áreas. En otras zonas, las
piedras naturales se utilizaron en los monumentos más representativos debido a
su permanencia y a su resistencia al fuego. |
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Dado que la piedra se puede
tallar, la escultura se integró fácilmente con
la arquitectura.
El empleo de piedras naturales en la construcción
está en decadencia, debido a su elevado precio y a
su complicada puesta en obra. En su lugar se
utilizan piedras artificiales, como el hormigón y el
vidrio plano, o materiales más ligeros, como el
hierro o el hormigón pretensado, entre otros. En las
regiones donde escaseaban la piedra y la madera se
usó la tierra como material de construcción.
Aparecen así el tapial y el adobe: el primero
consiste en un muro de tierra o barro apisonado y el
segundo es un bloque constructivo hecho de barro y
paja, y secado al sol. Posteriormente aparecen
el
ladrillo y otros productos cerámicos,
basados en la cocción de piezas de
arcilla
en un horno, con más resistencia que el adobe. Por
tanto, las culturas primitivas utilizaron los
productos de su entorno e inventaron utensilios,
técnicas de explotación y tecnologías constructivas
para poderlos utilizar como materiales de
edificación. Su legado sirvió de base para
desarrollar los modernos métodos industriales.
La construcción con piedra, ladrillo y otros
materiales se llama albañilería. Estos elementos se
pueden trabar sólo con el efecto de la gravedad (a
hueso), o mediante juntas
de
mortero, pasta compuesta por
arena y
cal (u otro aglutinante).
Los
romanos descubrieron un cemento
natural que, combinado con algunas sustancias
inertes (arena y piedras de pequeño tamaño), se
conoce como argamasa. Las obras construidas con este
material se cubrían posteriormente con mármoles o
estucos para obtener un acabado más aparente. En el
siglo XIX se inventó
el cemento
Portland, que es completamente impermeable y
constituye la base para el moderno hormigón. Otro de
los inventos del siglo XIX fue la producción
industrial de acero; los hornos de laminación
producían vigas de hierro mucho más resistentes que
las tradicionales de madera. Es más, los redondos o
varillas de hierro se podían introducir en la masa
fresca de hormigón, aumentando al fraguar la
capacidad de este material, dado que añadían a su
considerable resistencia a compresión la excepcional
resistencia del acero a tracción. Aparece así el
hormigón armado, que ha revolucionado
la construcción del siglo XX por dos
razones: la rapidez y comodidad de su puesta en obra
y las posibilidades formales que ofrece, dado que es
un material plástico. Por otra parte, la aparición
del aluminio y sus tratamientos superficiales,
especialmente el anodizado, han popularizado el uso
de un material extremadamente ligero que no necesita
mantenimiento. El vidrio se conoce desde la
antigüedad y las vidrieras son uno de los elementos
característicos de
la arquitectura gótica.
Sin embargo, su calidad y transparencia se han
acrecentado gracias a los procesos industriales, que
han permitido la fabricación de vidrio plano en
grandes dimensiones capaces de iluminar grandes
espacios con luz natural. |