El reino de este mundo.
El reino de este mundo (1949), es una novela corta que reescribe el pasado colonial en una corriente reciente de la narrativa latinoamericana. Carpentier muestra un fragmento de las sociedades haitiana y caribeña, reflejando sus jerarquías, mezcla cultural, segregación racial y luchas por el poder existente dentro de un rígido esquema esclavista. Así, El reino de este mundo ofrece momentos en los que la estructuración social se tambalea a partir de la metáfora del cuerpo político del estado. El centro de la historia es la celebración, la alegría y el miedo de acabar un ciclo y empezar el siguiente. El reino de este mundo, utiliza la metáfora del cuerpo político del estado, hermanado con el carnaval, para la composición de los ciclos de alternancia de poder que conforman su obra. Indirectamente, Carpentier abre su discusión sobre la posibilidad de una revolución marxista en la América Latina por medio de la metáfora del carnaval. En el título, existe un atractivo paralelo entre el reino de los cielos y la iglesia en la tierra, más incluso si tenemos en cuenta que el mismo título de la novela (El reino de este mundo) está tomado de la tradición medieval basada en el ejemplo paulino que equipara el cielo con la tierra, con la intención de establecer un paralelo entre el sistema político que mantiene a ambos: la monarquía, terrestre por un lado y celestial por el otro. De este modo, uno de los métodos más comunes para hablar de la iglesia y del cielo consistía en la división de los distintos estamentos y clases sociales por medio de la metáfora del cuerpo político. Quizá es la división de Thomas Brinton la más completa de todas. Para este "hay diversos miembros en este cuerpo místico pues las cabezas son los reyes, príncipes y prelados, los ojos son los sabios jueces y los buenos consejeros, las orejas son los religiosos, la lengua los buenos doctores, la mano derecha son los soldados dispuestos a defender, la izquierda los mercaderes y los mecánicos, el corazón los ciudadanos y los burgueses pues están en el centro, los pies los granjeros y los trabajadores que mantienen firmemente el cuerpo todo".
La metáfora funciona por medio de una metáfora en la que los miembros del cuerpo social son identificados con el miembro que les caracteriza: el dirigente suele ser la cabeza del estado ya que dirige el cuerpo y se mantiene en el plano superior; la boca suele corresponder a aquellos que hablan en público; los religiosos son los oídos puesto que escuchan a unos y otros; la lengua los doctores puesto que prescriben las recetas; los trabajadores pueden ser los pies que mantienen al cuerpo o, como en el ejemplo citado, las manos dada su profesión. Se puede ver cómo funciona la metáfora del cuerpo político en las distintas etapas por las que pasa Haití a lo largo de la novela. Podemos observar tres mandatos consecutivos: los colonos franceses (representantes del sistema europeo), el reinado de Henri Christophe, primer monarca oriundo americano y los mulatos republicanos. A cada cuerpo político le sigue una rebelión que suele acabar con la implantación de un nuevo sistema opresor. Así, la metáfora del cuerpo político y de la destrucción de éste se repite a lo largo de la novela. En la escena que abre el libro, las cabezas de los blancos señores aparecen señaladas en una tienda; Ti se divierte pensando en lo parecidas que resultan con las cabezas de las vacas de la tienda de al lado. De este modo, desde el principio de la novela la monarquía queda identificada con la cabeza, una cabeza sin cuerpo. Acto seguido, Ti Noel establece una comparación entre los reyes europeos y los africanos; favoreciendo la fuerza de los africanos sobre lo afeminado e inútil de los europeos. También los esclavos aparecen representados en el mapa del cuerpo político que traza Carpentier. Mackandal comienza su rebelión y su metamorfosis una vez que pierde su brazo; sin olvidar, que en el capítulo significativamente titulado "Lo que hallaba la mano" este brazo "descubría la vida secreta de especies singulares, afectas al disfraz, la confusión, el verde verde". Es decir, podría sostenerse, según Stephen Greenblatt, que Mackandal aprende a disfrazarse (metamorfosearse) precisamente por medio de una mutilación de la parte del cuerpo que le representa dentro del cuerpo político. En la tradición europea la metáfora del cuerpo político se utiliza en discusiones sobre la posibilidad de revolución. Normalmente se proponen dos soluciones: Por un lado, en la Apologye (1532) de Tomás Moro se sugiere que la mejor manera de resolver las rebeliones es la platónica solución de la amputación del miembro enfermo.
Ésta sería la reflejada por Mackandal la amputación de su brazo y por Maman Loi quien descubre el veneno que va a llevar a la revolución a partir del momento en que hunde "los brazos en una olla llena de aceite hirviendo", como muestra de sus poderes mágicos. Así, ambos revolucionarios se identifican por medio de la mutilación/ violencia de la parte corporal que les representa dentro del cuerpo social. Carpentier continúa con la metáfora del cuerpo político en el segundo reinado de la novela: el de Henri Christophe. La vuelta a ciudad del Cabo es una vuelta al espíritu jovial: "hay mercados con alguna música, animales amaestrados, muñecos que hablan y cocineras que se divierten con quien, en vez de hablar de hambre, señala el aguardiente". En ciudad del Cabo, Ti Noel ha vuelto a la cabeza del estado (la ciudad), pero con un cambio fundamental: esta cabeza sufre. Así, toda las puertas de las casas, "los ojos de buey" escuchaban con atención "en una expectación tal que deformaba las fachadas en muecas humanas" e, incluso, "la humedad no dibujaba sino oídos en las paredes". Toda la cabeza escucha gritos que salen "De aquel agujero, negro como una boca desdentada brotaban de súbito unos alaridos tan terribles que estremecían toda la población [...] hasta que la garganta, rota en sangre, se terminara de desgarrar en anatemas [...] Luego era un llanto; un llanto sacado del fondo del pecho". De este modo, la Ciudad del Cabo se convierte en una cabeza grotesca que refleja el sufrimiento del confesor de Cornejo Breille. Por una nueva metáfora, el predicador queda caracterizado por la parte corporal que le caracteriza: la boca. Sin embargo, el proceso de inversión (de dentro a afuera) amenaza con descorporeizarle. Así, mientras el padre Juan de Dios recita por el perdón del rey, se destaca precisamente la cabeza de Cornejo: "Mientras el semblante iba adquiriendo firmeza y expresión, de su boca sin labios, sin dientes, negra como un agujero de gatera, surgía una voz tremebunda". De hecho, Henri Christophe, aguanta hasta que recita el rex tremendae magestatis de Cristo. Carpentier, pues, no sólo establece un paralelo entre los reinos del mundo humano y divino, del mundo africano y europeo, sino también uno entre los reyes de ambos. La cabeza real de Cristo-Christophe cae ante la cabeza, deformada y grotesca, y el grito de los torturados. Asimismo, esta imagen combina el paralelo entre los señores y el dominum, o, como nos recuerda en uno de los capítulos, el cordero de dios (agnus dei). Así, de manera bastante simbólica a Henri Christophe, la cabeza del estado, se le entumece el cuerpo y no puede "mover los brazos ni las piernas". El "alma del estado" pierde su propio cuerpo cuando pierde el cuerpo político. De hecho, una vez que se ha derrocado y Christophe se ha pegado un tiro en la cabeza, el cuerpo del monarca sigue vivo por unos instantes: "La mano de Christophe soltó el arma, yendo a la sien abierta. Así, el cuerpo se levantó todavía, quedando como suspendido en el intento de un paso, antes de desplomarse, EL CUERPO POLÍTICO EN EL REINO DE ESTE MUNDO 185 de cara adelante, con todas sus condecoraciones. Los pajes aparecieron en el umbral de la sala. El rey moría, de bruces en su propia sangre". Así, mientras el cuerpo del rey (trasunto de su monarquía) intenta seguir andando no puede porque le falta la cabeza derrocada. El proyecto monárquico negro de Christophe se tambalea a la vez que su cuerpo. Una vez acabado el reinado de Christophe, el cuerpo del rey desaparece al igual que su cuerpo político (el reinado). De hecho, su propio cuerpo se disuelve en lo que fue su mayor proyecto: "su vientre y sus muslos. Los brazos y las botas siguieron flotando, como indecisos, en la grisura movediza de la mezcla. Luego, sólo quedó el rostro, soportado por el dosel del bicornio travesado de oreja a oreja". Es decir, el rey, al fundirse con la fortaleza de la Montaña del Gorro del Obispo, se va descorporeizando poco a poco. El cuerpo del monarca absolutista, como su propio reino se deshace en su fortaleza.
Una vez que Christophe, el Rey de Haití, literalmente se ha convertido en piedra vemos una escena de Paulina Bonaparte, hermana del emperador, cuyo cuerpo se ha convertido en estatua. Quizá no es casual tampoco que Solimán se horrorice y se dé cuenta de su propia mortalidad en este momento. En el proyecto político de Carpentier la ni la monarquía europea ni la América europeizada parece funcionar. Los reyes del mundo europeo y del mundo esclavista han muerto, y además, se han petrificado. La destrucción del estado también tiene base en la alegoría del cuerpo político, en concreto, en la metáfora del mal gobierno y de la revolución como un veneno para la sociedad. Basándose en el equivalente griego del cuerpo político, Platón establece una analogía entre un médico que sana el cuerpo y el buen estadista que cura al cuerpo de su enfermedad o del veneno que le enferma en el tercer libro de la República (I, 161), lo que cobraría fuerza entre los estoicos (Hale 25). Carpentier también recoge esta sección de la metáfora del cuerpo político. El veneno que sirve para establecer la revolución de los mandingas se expande primero en cuerpos de animales -un perro, una vaca- y, luego, se extiende por toda la topología de la Llanura del Norte, entra luego en las casa y afecta a los propietarios de las haciendas. Es decir, se extiende por todo el cuerpo de Haití hasta llegar a la cabeza. Carpentier deja clara la visión de las bocas de los colonos: el veneno, de hecho, "seguía alcanzando el nivel de las bocas" de los propietarios. Precisamente, cuando se extiende el veneno la metáfora utilizada es la de "una incontenible enredadera que buscara las sombras para hacer de los cuerpos sombras". Es decir, este veneno aniquila los cuerpos, los descorporeiza. Tras la mutilación, el envenenamiento y la descorporeización Carpentier también refleja una posibilidad de revolución del cuerpo político un tanto menos cruenta: el carnaval. Para Mikhail Bakhtin el cuerpo grotesco que desarrollan escritores como Rabelais pertenece a una serie de cambios que trasladan la cosmogonía medieval vertical de Dios al hombre (a la que alude Carpentier en el título de su obra), a una horizontal del pasado al futuro, es decir, al movimiento de la Historia, a la revolución. De esta manera, el carnaval rabelaisiano podría ser entendido como un elemento activo de una lucha utópica, lo que en el futuro sería visto en el terreno de la política. Sirva como último ejemplo de la importancia de la metáfora del cuerpo político su omnipresencia durante la Revolución Francesa en la que las metáforas del cuerpo sirvieron para constituir una narración coherente que explicara la fractura histórica y la escisión del momento. El Carnaval tuvo un papel directo en la recepción de la revuelta: se publicaron panfletos en los que se dibujaban las partes bajas del cuerpo del rey Luis XVI y se les atribuía mal funcionamiento y dibujos en los que el Rey quedaba representado como un cerdo de Mardi Gras o un Rey Bufo. Como en la Revolución Francesa, el humor y el disfraz forman parte del carnaval revolucionario de los negros en El reino de este mundo en la que "los esclavos se mostraban de un desafiante buen humor". Al principio de la novela Mackandal se transforma en diversos animales; se disfraza en "trajes de animales" para comenzar la rebelión. El carnaval continúa con Mackandal cuando recupera su integridad corpórea pues "vuelve a asentarse, nervudo y duro, con testículos como piedras". Es decir, con gran poder de fertilización, con la fuerza de las partes bajas que invoca la fiesta.
En la novela se muestra una teatralización de la realidad, cuando Mackandal es capturado y va a ser ejecutado, es un teatro "como de palco a palco de un vasto teatro conversaban a gritos las damas de abanicos y mitones". Los negros esperan, claro, abajo, donde también ven una "función de gala" para ellos. Resulta también muy significativo que Mackandal se transforme de nuevo, en este caso, en un "mosquito zumbón, (que) iría a posarse en el mismo tricornio del jefe de las tropas". Mackandal se "disfraza" de mosquito "zumbón" (negro) y se posa en la cabeza de aquel que representa el estado. De este modo, la revolución de los negros se inicia gracias al poder de la risa y del disfraz de Mackandal: es una fiesta carnavalesca al uso de la revolución francesa: el alcohol, la confusión y la orgía son continuos. Como mantiene Carpentier están "riendo y peleando". Si el carnaval de los negros es uno de revolución, con la caída del régimen, los propietarios, curiosamente, se sienten aliviados y se desenfrenan en la inversión de sus roles sociales: "El viudo redescubría las ventajas del celibato; la esposa respetable se daba al adulterio con entusiasmo de inventor; los militares se gozaban con la ausencia de dianas; las señoritas protestantes conocían el halago del escenario, luciéndose con arrebol y lunares en la cara. Todas las jerarquías burguesas de la colonia habían caído". Carpentier emplea la metáfora del cuerpo político y del carnaval para retratar el nuevo poder de los mulatos republicanos y para describir las dos primeras revoluciones de la novela. No obstante, parece que ninguna de las inversiones del cuerpo político ha traído más que destrucción. ¿Cuál debe ser el rey de este mundo? En este momento, reaparece Ti Noel en la narración. Después del saqueo de Sans-Souci, Ti Noel se pasea por allá y encuentra algunas cosas desperdigadas por el suelo: una mesa, un pez luna embalsamado, una muñeca vestida de pastora y tres tomos de la Gran Enciclopedia que usa como aposento. Sin embargo, "lo que hacía más feliz al anciano era la posesión de una casaca de Henri Christophe, de seda verde, con puños de encaje salmón, que lucía a todas horas; realzando su empaque real con su sombrero de paja trenzada, aplastado y doblado a modo de bicornio, al que añadía una flor encarnada a guisa de escarapela". Ti Noel abiertamente imita al rey, lo parodia, en términos del carnaval Ti Noel representa al Rey del Carnaval en su versión africano-americana del lucumí, el rey de negros, o rey de Angola del carnaval cubano. Como ha establecido Peter Burke en un estudio seminal, el carnaval americano se imbuye de las creencias africanas y mantiene rasgos singulares: una mayor violencia, presencia del baile y prominencia con respecto al poder de las mujeres. Así, enfatiza el ejemplo multiforme del maracatu, cucumbi, congada, o "coronación del rey del Congo". De este modo, recoge instancias en las que ocurren posesiones de los sujetos. Es de destacar, que una de las características del carnaval cubano es la manumisión temporal de un esclavo y, así, los negros tomaron las calles de La Habana vestidos como congos, lucumíes, ararás y mandingas. Los lucumíes, liberados por un día, se mantenían en una especie de trance, de manera bastante parecida a la de Ti Noel, y buscaban ser poseídos por el rey de negros. Esto es, de hecho, lo que le pasa a Ti Noel, quien dará cobijo al "Rey de Angola". Ti Noel, como buen monarca, habla con todos por igual mientras "empuñaba una ramita de guayabo a modo de cetro". En términos occidentalistas, podríamos leer que el esclavo se ha vuelto un loco, lúcido, que ve más allá que el resto. Resulta especialmente significativo que precisamente aquí comience a cobrar la certeza de que tenía "una misión que cumplir". El esclavo se convierte en el Rey de Angola, y pronuncia "un largo discurso lleno de adivinanzas y promesas". Además, como buen monarca "dictaba órdenes al viento. Pero eran edictos de un gobierno apacible, puesto que ninguna tiranía de blancos ni de negros parecía amenazar su libertad". Su reinado de libertad, en claro, abierto y amargo, contrasta con el de Christophe que es amable y regalón. Si Christophe era "Henri, por la gracia de Dios y la Ley Constitucional del Estado, Rey de Haití, Soberano de las Islas de la Tortuga, Gonave, y otras adyacentes, Destructor de la Tiranía, Regenerador y Bienhechor de la Nación Haitiana, Creador de sus Instituciones Morales, Políticas y Guerreras, Primer Monarca Coronado del Nuevo Mundo, Defensor de la Fe, Fundador de la Orden Real y Militar de Saint-Henri, a todos, presentes y por venir, saludo"; Ti Noel funda la "Orden de la Escoba Amarga, la Orden del Aguinaldo, la Orden del Mar Pacífico y la Orden del Galán de Noche. Pero la más requerida era la Orden del Girasol, por lo vistosa". Nótese el agudo contraste entre los títulos de Ti Noel y la manera de recitar los títulos del rey esclavista.
Ti Noel es literalmente "rey de negros" por un día. El efímero gobierno de Ti Noel está enmascarado hasta la médula: a su lado tiene un burlesco Padre de la Sabana, representante de la iglesia cimarrona, y un viejo veterano con su uniforme de campaña. Es decir, en este capítulo, el de la epifanía de Ti Noel, en un ambiente universal, donde todos hablan, un nuevo cuerpo estatal carnavalesco toma el poder burlesco. Un rey de gallos, un representante de una iglesia inventada y un viejo soldado representan la contrapartida burlesca del terrible reinado de Christophe. Sin embargo, como hasta ahora la secuencia de rebelión/ opresión continúa; en este caso, son los agrimensores quienes llegan al reino de Ti Noel. El nuevo modelo social establecido es el de unos "mulatos republicanos" que, sin embargo, lo quieren esclavizar de igual modo que el señor blanco y el rey negro. De esta manera, Ti Noel decide despojarse de la "vestidura de hombre", y "disfrazarse" de avispa, garañón, hormiga, y, finalmente, ganso. En el reino animal Ti Noel encuentra paz; sin embargo, hasta los Gansos tienen una jerarquía en la novela, el principio de autoridad está sujeto al Ansar Mayor, y siguen la distribución social del "rey o capataz de los viejos cabildos africanos". De esta manera, "el clan (de los gansos) aparecía ahora como una comunidad aristocrática, absolutamente cerrada a todo individuo de otra casta" y hasta son capaces de establecer guerras por poder. Carpentier presenta una alegoría final de la misión de Ti Noel. El propio cuerpo de Ti Noel pasa a ser un cuerpo social y cósmico: Un cansancio cósmico, de planeta cargado de piedras, caía sobre sus hombros descarnados por tantos golpes, sudores y rebeldía.Era un cuerpo de carne transcurrida. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. [...] En el Reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, [...] hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo. Ti Noel se da cuenta del "cansancio" doble de su cuerpo transustanciado: como Rey es avatar del cuerpo político del estado, como personaje alegórico es trasunto del cuerpo cósmico, literalmente, un "cuerpo de carne transcurrida". Así, el Rey de Angola, Rey burlesco de América da una única orden a sus súbditos "El anciano lanzó su declaración de guerra a los nuevos amos, dando orden a sus súbditos de partir al asalto de las obras insolentes de los mulatos investidos". Del océano surge entonces un "viento verde" (como la casaca de Ti Noel, como el verde del disfraz de Mackandal) que todo lo arrasa. De este modo, los signos de la civilización y del reinado de Ti Noel (el pez luna, la enciclopedia, la muñeca de las celebraciones africanas) desaparecen. De la antigua hacienda no quedan ni las ruinas e incluso la naturaleza se invierte en el huracán "todos los árboles se acostaron de copa al sur, sacando las raíces de la tierra. Y durante toda la noche, el mar, hecho lluvia, dejó rastros de sal en los flancos de las montañas". El huracán de Ti Noel todo lo trastoca y vuelve al revés, los árboles enseñan sus raíces (de dentro a afuera) y el mar se hace lluvia (lo de abajo va arriba). El reino de este mundo, literalmente, se ha invertido. Significativamente este capítulo se titula el cordero de dios (agnus dei); por lo que Carpentier establece un paralelo entre el enfrentamiento y caída del cuerpo político de Christophe y Cornejo y "las cabezas de cera" del primer capítulo que eran, a la vista de Ti Noel, correlato de las cabezas de los señores.
El burlesco rey de Haití, cabeza del estado burlesco, decide exclamar su non serviam a la nueva represión y declararles la guerra. Acto seguido, como supremo acto de rebeldía a la metáfora del cuerpo político se disuelve. La idea del cuerpo político se trasforma y rompe en un grito que lo invierte todo y, finalmente, desaparece. En resumen, las metamorfosis de Mackandal y la autoflagelación de Maman Loi son una primera agresión a la parte del cuerpo político con que se les identifica: las manos. Además, tras la revolución se descubre el motivo del mundo patas arriba: el viento es de desorden, el cuerpo social queda desintegrado. El nuevo régimen es un nuevo carnaval, en este caso, "sangriento": la fiesta se acerca a la rebelión, el cuerpo social se tambalea y sólo queda violencia. Carpentier apunta los paralelos entre los cuerpos políticos del estado de Christophe como reyezuelo y el burlesco reinado por un día de Ti Noel como rey de carnaval, contrapartida del anterior. La violencia de aquel contrasta con la falta de esta en Ti Noel una vez que se convierte en un rey carnavalesco que reparte títulos al aire. Carpentier nos ofrece, pues, una reconstrucción del motivo del loco lúcido que trastoca e invierte los términos del cuerpo político. Finalmente, vemos la transformación final de Ti Noel a la vez que un el viento todo lo arrasa. Se nos presenta la metáfora del cuerpo político-carnavalizado para establecer una discusión sobre la legitimidad del poder. El juego de jerarquías establecido en la obra: más allá, reino de este mundo, rey sobre súbdito, esclavizador y esclavo, corporeidad y descorporeización quedan trastocadas por un carnaval que nombra a Ti Noel el rey bufo de este mundo justo antes de descorporeizar el cuerpo político, social y cósmico. Carpentier nos presenta distintos tipos de alternativas sociales: la hacienda, el período de Rochambeau, el reinado de Christophe, los reyes europeos representados en Paulina Bonaparte, la república esclavizante. Los cuerpos políticos de todos ellos quedan invertidos o descorporeizados por medio de las metáforas tradicionales asociadas al cuerpo político: el veneno, la inversión carnavalesca y la descorporeización. Sin embargo, por medio de una continua sucesión del cuerpo político en El reino de este mundo, momentos de rebelión y de represión, expresados además en metáforas de corporeización y descorporeización; Carpentier rechaza todas las posibilidades oficiales. La posibilidad de una rebelión, incluso de un pensamiento utópico en la América Latina es imposible en los moldes occidentales u occidentalizados. Lo significativo no es que no nos diga qué va a ocurrir con esta, sino que Carpentier deja, conscientemente, el final abierto a tan sólo una revolución: la del reinado burlesco, invertido, africano y carnavalesco de Ti Noel.
Sobre el colaborador de este articulo: Lilian Carrasco, lilian.carrasco@fayl.uh.cu
