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02 junio 2007

Fray Bartolomé de Las Casas.

 

La conquista y colonización del continente descubierto por Colón nos lleva a una figura cuya obra ha sido objeto de notables denuestos y alabanzas; nos lleva a estudiar, incluso, a analizar la historia en la que se desenvuelve como una forma más sencilla de entender y de hecho de poder comprender los cambios que se suceden con frecuencia en su vida. Cuando nos referimos a la figura de Fray Bartolomé de las Casas, de inmediato, lo asociamos con el gran defensor de las Indias americanas y pensamos en los primeros viajes de la Conquista española por América: en la Española, en Cuba, en Venezuela, Perú, en todos aquellos lugares por donde las Casas peregrinó dejando sus huellas. Nos referimos a un hombre admirable, con sus virtudes y sus defectos como cualquier otro ser humano; pero capaz de enfrentar las situaciones más adversas con tal de lograr su fin. El primer contacto de las Casas con un indio fue gracias a su padre, un modesto mercader natural de Tarifa quien, además, acompañaba al almirante Cristóbal Colón en muchos de sus viajes. Cuando aquello, Bartolomé sólo contaba los ocho años de edad, de manera que desde muy joven fue conociendo el prototipo de los habitantes de América que muchos llamaban "sin alma". Pasó el tiempo, y pronto las Casas cursaría estudios de latín y humanidades antes de partir hacia La Española en la expedición comandada por Nicolás de Ovando en 1502. Luego de ser ordenado sacerdote en 1510, Bartolomé es trasladado a Cuba junto a Pánfilo Narváez donde ostenta el cargo de capellán castrense y recibe buen repartimiento; se ocupa en mandar sus indios y repartirlos en las minas a sacar oro y hacer sementeras, mientras se aprovechaba de ellos cuanto podía.

Con el tiempo, toma conciencia contraria a la institución de la encomienda, y se siente llamado por Dios para predicar justamente. La meditación lo lleva contrito al arrepentimiento de su pecado, el de subyugar a otros para que lo enriquezcan, y renuncia a sus indios encomendados, demostrando de tal manera lo sincero y ejemplar de sus convicciones jurídicas y pías. Y así fue como en 1514, al cumplir sus 40 años, en plenitud de hombría, saber y experiencia, le "fue tocado el corazón" y comienza en Cuba su cruzada cristiana en favor de los indios y contra los fariseos; cruzada que continuó sin descanso durante medio siglo hasta su muerte en 1566, convencido de que se iban juntos al infierno los indios por infieles y los españoles por "desconcienciados". Para las Casas, la salvación -la gran preocupación de toda su vida y el motivo último de su esfuerzo misionero-, está ligada al establecimiento de la justicia social. Este lazo es tan hondo para Bartolomé que lo lleva, sobre dos puntos por lo menos, a invertir la jerarquía de los problemas que se planteaban tradicionalmente los misioneros. Bartolomé de las Casas señala, en primer lugar, que los españoles están poniendo en juego su propia salvación debido al comportamiento que tienen para con los indios. Si no cesan - dirá las Casas- en sus robos, saqueos y explotación de los indios serán sin duda condenados "porque es imposible que alguno se salve si no observa la justicia", la salvación de los "fieles", de los "infieles". Bartolomé tiene, en segundo lugar, la hondura profética de ver en el indio, más a un pobre, según el Evangelio, que a un fiel, y por eso dice en carta al Emperador que si la muerte y la destrucción de los indios fuese la condición para que sean cristianos, mejor será que "nunca jamás lo fuesen". En otras palabras, que más vale "indio infiel pero vivo" que "indio cristiano pero muerto". Pues para las Casas la salvación en Cristo no puede hacer caso omiso de la justicia social. Apenas establecidas las villas de La Habana y antes de que se supiera de México, del mar del sur o del imperio de los incas; Las Casas desde España lucha por los indo-cubanos y escribe su primer alegato.

La representación hecha al Rey por el clérigo donde se manifiestan los agravios que sufren los indios de la isla de Cuba por parte de los españoles. Sin embargo, lo que es seguro es que la campaña de las Casas fue dirigida en primera instancia al rey Fernando y posteriormente al cardenal Cisneros, este último sería el primero en nombrarlo "protector de indios" en 1516. Con la muerte del cardenal Cisneros, Fray Bartolomé toma impulsos para continuar su tarea con el nuevo monarca, Carlos I. Fray Bartolomé de Las Casas denuncia los abusos de los funcionarios de manera pública lo que supone la enemistad de numerosos administradores, especialmente de los miembros del Consejo de Indias presidido por el obispo Juan Rodríguez de Fonseca. Las ideas propugnadas por las Casas se encaminaron a la pacífica colonización de las tierras americanas a través de labradores y misioneros. Gracias a Carlos I a Fray Bartolomé le fue concedido el territorio venezolano de Cumaná para poner en práctica sus teorías, lo cual no tuvo éxito; más bien provocó que en una ausencia de las Casas los indios acabaran con un gran número de los colonos. El desastre del experimento de Cumaná motivó su ingreso en la orden dominica, iniciando un período de retiro que duro 16 años. Este intervalo de tiempo en nada cambió sus deseos de defender la esclavitud de los indios. Aboga porque se reconozca que todas las guerras contra los indios son injustas y no escatima esfuerzos en solicitar a sus superiores permiso para acudir a argumentar sus ideas ante el Consejo de Indias, pero el fracaso de Cumaná le desacreditaba.

En 1535 parte hacia el Perú, pero su barco naufragó frente a las costas de Nicaragua donde se enfrenta al gobernador Rodrigo de Contreras al denunciar el envío de esclavos indios al Perú. Al año siguiente, se trasladó a Guatemala para continuar su predicación y poner en marcha un proyecto de conquista pacífica denominado de la "Vera Paz". Entre el período que comprende de 1537 a 1538, había logrado la cristianización de la zona de manera pacífica, sustituyendo la encomienda por un tributo pagado por los indios. Convencido de que en la corte hispana era donde se debía vencer la batalla a favor de los indios, regresa a la península en 1540 y dos años más tarde, el consejo de Indias decide escuchar sus planteamientos, publicándose en 1542 las Leyes Nuevas en la que se restringían las encomiendas y la esclavitud de los indios. A pesar de las innovaciones jurídicas que suponían las leyes, las Casas censuró algunos contenidos al considerarlos contrarios a sus principios. En 1543 Las Casas rechaza el obispado de Cuzco y admite el de Chiapas donde el monarca español le encomienda la puesta en marcha de sus teorías. Su recibimiento en España no fue muy acogedor después de haber sido consagrado es Sevilla en 1544, ya que para los colonos era considerado el responsable de la publicación de las "Leyes Nuevas". Por esta fecha escribió su obra más importante: "La Brevísima relación de la destrucción de las Indias" en la que acusa a los descubridores del Nuevo Mundo de todo tipo de crímenes, abusos y atropellos.En su momento la obra fue tildada de escandalosa y exagerada por lo que no cumplió su objetivo: evitar la continuación de la conquista. Sin embargo, al ser publicada en 1552 de forma ilícita, alcanza gran éxito a lo largo del siglo XVII y se convierte en una de las fuentes utilizadas en el desarrollo de la "Leyenda Negra" contra el Imperio Hispánico. En tierras americanas escribió un confesionario donde advertía que, antes de iniciar la confesión, el penitente debía poner en libertad a cuantos esclavos tuviese. En 1546 tuvo que marchar a México donde continúa la misma política; pero el rechazo unánime motivó el embarco en Veracruz con destino a la península, y su retirada al convento de San Gregorio en Valladolid.

Su manera de hacer teología es lo que le diferencia de los teólogos más clásicos y académicos, por ejemplo del teólogo más famoso de su tiempo: Francisco de Victoria. Nos parece un error reducir la argumentación de Las Casas sobre la controversia de las Indias a las posiciones de Victoria. Es cierto que este, gracias a una sólida formación tomista y alertado por los religiosos dominicos misioneros en las Indias, hace avanzar la reflexión teológica-jurídica hacia lo que se llamará el Derecho de Gentes y el Derecho Internacional. Es cierto también que hay muchos puntos de coincidencia entre estos dos grandes dominicos, y que Las Casas tendrá un gran respeto por el Maestro de Salamanca; pero respecto de las cuestiones planteadas por la conquista de las Indias, Victoria queda a mitad de camino porque refuta, con gran vigor, las razones aducidas para hacer la guerra y someter a los indios; pero reintroduce una posibilidad al señalar como hipótesis los motivos que justificarían en determinados casos esas guerras. Hipótesis abstractas, propias de un teólogo sin contacto directo con la realidad, pero cualquiera que conocía la situación de las Indias sabía que eran falsas. Francisco de Victoria es un teólogo centrista, representa al ala más avanzada y moderna de los sectores dominantes. La perspectiva de Bartolomé de Las Casas es otra. Su punto de partida es el indio, la raza despreciada, la humanidad explotada. Es por eso que Fray Bartolomé cita muy poco a Victoria o critica sus posiciones intelectuales y alejadas de la experiencia. Todo centrismo -político o teológico- abre las puertas a las posiciones más reaccionarias; así el centrismo de Victoria permitía una acción bélica, aunque moderada, contra los indios.

La posición de Las Casas tiene muchos partidarios que, como él, trabajan activa y organizadamente por la defensa de los indios, pero esto no anula la existencia de un polo opuesto. Uno de los más renombrados defensores de la conquista y colonización es Juan Ginés de Sepúlveda el cual tiene como argumento central el que los indios son naturalmente siervos, inferiores a los europeos que son sus amos naturales. Esta distinción entre dos clases de seres humanos se basa en un célebre texto de Aristóteles y en textos poco claros de Tomás de Aquino acerca de la esclavitud. El sometimiento de los indios a los españoles es para Ginés conforme a la naturaleza humana, las guerras para lograr ese sometimiento están entonces plenamente justificadas. Además ellas son necesarias para poder evangelizar a esos pueblos rudos, bárbaros, de costumbres antinaturales. Todo esto, expuesto con brillantez y abundantes citas es presentado como la doctrina tradicional (éste es un conocido recurso, empleado también en nuestros días). Se trata de una teología justificadora de la opresión ejercida por la clase de los encomenderos, que como es normal aplaudirán a este decidido defensor de sus privilegios. Muchos otros Sepúlvedas hemos tenido después en América, abogados de la explotación y esclavitud de las mayorías en nombre de la "civilización occidental y cristiana"; pero tal vez sólo en estos últimos años encontramos algunos tan francos y claros como él para justificar la opresión y la masacre de los pobres y explotados del continente que luchan por su liberación. La posición de Bartolomé de Las Casas ya la conocemos. No tiene interés aquí seguir los vericuetos de su argumentación. Vale la pena sin embargo, hacer algunas consideraciones de importancia desigual, pero que nos permitirán situar mejor la perspectiva humanista de la que será su precursor.

Antes de argumentar, con gran acopio de citas y con sutiles distinciones contra la tesis de Sepúlveda, Fray Bartolomé hace una observación que descalifica desde la práctica la posición de su adversario. Las tesis defendidas por Sepúlveda son la causa "de la perdición de tan infinitas gentes y despoblación de más de dos mil leguas de tierra, que han muerto y despoblado con nuevas e inversas maneras de crueldad e inhumanidad de los españoles en las Indias, conviene a saber: las que llaman conquistas y las encomiendas". La mejor refutación a una teología está en sus consecuencias prácticas y no en argumentos intelectuales. No es un texto aislado, Fray Bartolomé reprochará muchas veces a Sepúlveda su intelectualismo, su falta de conocimiento de las Indias y de lo que implica, en concreto, lo que sostiene teológicamente. Bartolomé de Las Casas fue un hombre de acción, su obra a favor de los indios no es sino un momento de esa acción. Las importantes discusiones sobre la legitimidad de la conquista entre Las Casas y Juan de Ginés de Sepúlveda, dan lugar a la victoria del segundo, propiciando así la renuncia de Fray Bartolomé a su obispado y su pronto fallecimiento en Madrid en 1566. A más de cinco siglos de su existencia muchos autores en diferentes épocas se han interesado en analizar a las Casas. Una serie de historiadores, burgueses y marxistas, liberales y conservadores, coinciden en nombrarlo "el defensor de los indios", mientras que otros sencillamente lo tildan de paranoico. La discusión actual en torno a la figura de las Casas no parte de los círculos oficiales del indigenismo, sino que ha sido sustituida por un afamado erudito antilascasiano: Ramón Menéndez Pidal. La interpretación de Pidal sobre las Casas, ignora los más importantes aportes de la moderna ciencia histórica sobre el tema; se basa en una pretendida anomalía psicológica del sacerdote, quien según él "ni era Santo, ni impostor, ni malévolo, ni loco; era sencillamente un paranoico".

Un año después de la aparición del libro de Menéndez Pidal, se publica un comentario por Cuadernos Americanos donde Fernando Diez de Medina valora la edición de esta obra con las siguientes palabras: "El libro será un acontecimiento intelectual por ocuparse de personaje tan célebre y distinguido y por provenir de tan fino ingenio y austero investigador. Rectualizará, además, la polémica que ya dura cuatro siglos sobre la acción de España en América. Pondrá aristas de fuego al tema del indio y su destino. Abrirá nuevos horizontes a la crítica histórica sobre el lascasismo, que sigue apasionando por dos vertientes a los estudiosos de la conquista y el coloniaje: la valiosa y la oscura, según se trate de apologistas y detractores del gran dominico". No sólo Fernando Diez de Medina salió en la defensa de las Casas ante la críticas del antilascasiano Ramón Menéndez Pidal; sino que se suma el destacado hispanista Lewis Hanke con un nuevo trabajo titulado: More heat some light on the spanish striggle for justice (La lucha española por la justicia en conquista de América) donde refuta las afirmaciones de Menéndez Pidal. Además de analizar la evolución del pensamiento de Las Casas, el destacado investigador colombiano J. Friede, señala dos problemas cardinales de la conquista y colonización del nuevo mundo: el choque de intereses entre los conquistadores y la corona y la existencia de dos partidos en España con ideas distintas en cuanto a cómo llevar a cabo la colonización; sólo le resta encontrar un movimiento lidereado por Las Casas dentro de la más amplia corriente humanista Española. Para el profesor Le Riverend: "el tema de Las Casas, es propiamente el tema del origen del colonialismo moderno" .

El historiador soviético Zubritski, dice que los primeros indigenistas, González Prada y Clorinda Matto de Tumer, continuaron la obra del fraile dominico y prosiguen su línea "confirmaron en forma nueva el postulado por el que batalló Las Casas: la igualdad de todas las razas del planeta". Pero los más significativos aportes han partido de la antigua Unión Soviética donde se ha interpretado la personalidad renacentista de las Casas. La obra de Fray Bartolomé de Las Casas en América, puso en primera línea la aspiración a la justicia, el respeto a la igualdad dignidad de todos los hombres y el clima de tolerancia imprescindible para conjugar con ese delicado equilibrio que sólo ella alcanza, el bien con todos los derechos inalienables de cada persona. Las Casas logró convertirse en un alto exponente de aquella pasión por la verdad que impulsara su corazón de fraile dominico a difundirla a tiempo y a destiempo contagiando a cuantos se encontrara en su camino, dejando huellas en la historia del pensamiento humano y en la cultura universal.

Bibliografía. Acosta, Leonardo. 1933. José Martí: La américa precolombina y la conquista española. La Habana: Casa de las Américas, 1974. "Bartolomé de Las Casas: su vida y obra en los estudios de Lewis Hanke". Revista Historia y Sociedad. P. 43. Casas, Bartolomé de las, 1474-1566. Brevísima relación de la destrucción de las Indias. México, D.F. Secretaría de Educación Pública. 1945. Casa, Bartolomé de las, 1474-1566. Brevísima relación de la destrucción de las Indias. La Habana: Ciencias Sociales. 1977. Díaz de Arce, Omar. Ensayos Latinoamericanos. Colección Cocuyo. Instituto Cubano del libro. La Habana, 1971. Burguete, Ricardo: Seminario sobre problemas de historia del colonialismo "El padre Las Casas". La Habana, Instituto de Historia de la Academia de Ciencias, 12, 13, 14 y 17 de octubre de 1966. Versión taquigráfica P. 36 (1era. Parte). Menéndez Pidal, Ramón: El padre Las Casas: su doble personalidad. Madrid, 1963.p. 132. Diez de Medina, Fernando: en Cuadernos Americanos, No. 1, 1964. p. 121. Kossok: " Konspekt Ubre das Spanische Kolonialsystem", Revista científica de la Universidad "Carlos Marx" de Lelpzig, serie de Ciencias Sociales (No. 2), (1955'1956) P. 122. Hanke, Lewis: " Bartolomé de Las Casas, historiador" estudio preliminar a la Historia de las Indias, México (1951), p. XIV. Hanke, Lewis. La lucha Española por la justicia en conquista de américa. 1959. p. 121. Friede, J.: " Las Casas y el movimiento indigenista en España y América en la primera mitad del siglo XVI". Revista de Historia de América, México. Dic., 1952.p. 384. Gutiérrez, Gustavo. " Los cristos azotados" de las Indias. Teología desde el reverso de la historia. Extracto de la fuerza histórica de los pobres. (Lima, Perú: Centro de Estudios y Publicaciones. 1979). Pp. 356-361. Con permiso. Le Riverend, J. " Los problemas históricos de la conquista de América".Islas, Vol. V. No. 2. Habana, ene-jun., 1963. p. 89. Pires, Briam: Seminario sobre la vida y obra de Fray Basrtolomé de Las Casas. La Habana. Convento San Juan de Letrán. 26 y 27 de septiembre de 2006. Por: Lilian Carrasco.
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