Arquitectura verde. |
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Arquitectura verde.
La bioconstrucción es mucho más que instalar un panel solar en el tejado de casa, aunque puede empezar por ahí. Abarca muchos aspectos, comenzando por la elección misma del terreno donde se va a levantar una vivienda para así detectar posibles fallas geológicas, capas freáticas por donde discurren corrientes de agua subterránea o campos electromagnéticos generados por el tendido eléctrico. Todo ello puede ser perjudicial para la salud de sus moradores. Madera, piedra natural, barro cocido, corcho, cáñamo y balas de paja son sus materiales de cabecera. Y entre las reglas básicas: estructuras suaves, sin elementos excesivamente rectilíneos y con esquinas pronunciadas, bóvedas y arcos que sirvan para salvar el paso de la luz, orientación al sur de las zonas funcionales (comedor, cocina, despachos...) o cubiertas revestidas con una capa vegetal para mejorar el aislamiento térmico.La cuidada elección de los materiales -algunos son poco habituales en las obras convencionales- y una mano de obra especializada -partiendo de los arquitectos encargados del proyecto- puede encarecer hasta un 15% el precio final del inmueble, aunque a la larga sale rentable.
En poco más de cuatro años se recupera la inversión sólo con lo que se ahorra en energía. A ello contribuye un mejor aislamiento y el uso de paneles fotovoltaicos, por ejemplo, para aprovechar la energía del sol.Pero no todos los arquitectos especializados en bioconstrucción coinciden en que es una técnica más cara. "Las viviendas que nosotros hacemos no son más caras que un edificio convencional. Además, a la larga es más barato porque se gasta muy poco en calefacción y nada en refrigeración", asegura la alemana Petra Jebens, que lleva 16 años dedicada a la ecoarquitectura desde Aragón, donde reside.Petra Jebens participó el viernes en Valencia, junto a media docena de expertos en bioconstrucción, en una jornada sobre arquitectura sostenible organizada por el europarlamentario de Los Verdes David Hammerstein. Él comparó el consumo energético de un edificio público cualquiera en la Comunitat Valenciana -entre 150 y 200 kilowatios por metro cuadrado- con uno de los edificios proyectados por Petra Jebens, el Centro I+D+i de eficiencia energética (CIRCE) en la Universidad de Zaragoza. El estudio realizado estima un consumo anual de energía de 28 kilowatios por metro cuadrado para calefacción, "realmente poco", subrayó la ponente.
La primera barrera que hay que derribar es la de la conciencia. De ahí la frase que acuña Hammerstein -"hace falta más conocimiento y menos cemento"-, sobre todo por parte de la Administración. "Muchas veces los técnicos municipales ponen muchos problemas a la hora de realizar proyectos", apunta Petra Jebens, especialmente en el tema de los tejados vegetales, donde una capa de tierra de 20 centímetros con vegetación actúa como aislante y humificador del hogar.
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