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domingo 26 de octubre de 2008

La Solana esta sola.

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La Solana esta sola.

Por: Victoria Bonet
Con este encabezamiento, de una magnifica canción de Joan Manel Serrat, y sin saber ya a que persona dirigirme, me siento terriblemente triste. No hay otra palabra mas apropiada, al ver las fotos recibidas de la destrucción de parte de La Solana del Mar", en Punta Ballena, Uruguay. Pobre Punta Ballena, pobre Uruguay, parte de su historia moderna, se escribió en esos parajes sin igual del mundo. Buque insignia de la Arquitectura Moderna y creada por y para la "Razón" del hombre y su mundo. En su pista de baile, arrullados por las olas, en la cubierta del edificio, hablaban, soñaban y creaban, Rafael Alberti, José Bergamín, Margarita Xirgu, Maruja Mallo, Pablo Neruda, Mº Teresa León, Ramón Gómez de la Serna, y tantos otros, que junto a mi padre, Antonio Bonet. Solo el hombre, en su enorme estupidez, puede intentar trocear, partir y destruir lo que otros hombres crearon, con amor a a sus ideas, sus creencias de soñadores en una vida mejor, pudieron crear.
No son concientes, de que el mejor reclamo publicitario del mundo, incluso para el posible dinero ,que les mueve, a destruir, podrían usarlo en restaurar La Solana, y convertirla en reclamo de unas visitas y estancias, para un turista nada accidental, sino para los que saben lo que buscan ,peregrinaban hasta allí, para ver, donde parte de nuestros mayores habían soñado y poder ver y compartir, lo que ellos vieron y sintieron. A partir de aquí,dejo que las palabras de Rafael Alberti, describan a La Solana....,nadie mejor, podría hacerlo, y escrito en el momento de su creación y con su espíritu en la retina. "Una milagrosa y bella casualidad hace que el paralelo de punta Ballena coincida en el Hemisferio norte con el paralelo que pasa por el eje del Mediterráneo. No deja esto de ser una alegría y hasta un estimulante para la clara visión arquitectónica de Bonet, hijo de sus orillas.
Algo de la hermosura balear y de la Costa Brava catalana tienen estos cantíles, término de una sierra, que limitan la playa por una lado, y la luz de este cielo batida mansamente en el azul extenso de las olas. Desde lo alto del lomo de la Ballena se ve el mar allá abajo romperse en un solemne juego curvo de espumas sobre una límpida superficie de kilómetros, accidentada solo por la blandura brillante de los médanos que la separan del bosque.Agua, playa, arenas y arboles. Azules, pálidos amarillos, verdes profundos. Ancho escenario soleado.Luz que recorta, ciñe, perfila.Lugar para una clara arquitectura.
En el, Antonio Bonet planta su "Solana Del Mar". Y la planta después de un largo combate a fondo con las dunas a las que roba unos miles de metros de arenas, que es empleda en el saneamiento del bosque.Aprovechando los declives de un médano, que Bonet mueve con verdadera gracia para convertirlo en jardines, hace arrancar el arquitecto desde uno de sus montículos una gran plancha de hormigon armado que es a la vez radiante y soporte de un jardín suspendido, en verdad,asombroso.Esta audaz azotea puede escalarse por uno de sus extremos subiendo las suaves pendientes de granilla que hoy florece en la arena.¿Nos encontramos acaso en la cubierta de un lujoso navío recién anclado dentro de un paisaje, al pie del verde malecón que finje el bosque?Visto desde la playa,el edificio entero sugeriría el sueño imposible de un barco empavesado de celajes y árboles.
Su quilla es casi toda de cristal, atorada en la proa de maderas preciosas, acusadas por rectas verticales que parecen fundirse con los troncos del fondo Mas no nos engañemos. Esta aparente construcción naval es la «Solana», una impecable obra maestra, la inicial del vasto proyecto urbanístico de Punta Ballena concebido por Antonio Bonet. Un moderno sentido -de la plástica -formas y colores- tiene este arquitecto. Es un gran sabio en el empleo, en el juego de materiales. Se lo ve que conoce su Picasso, su Miró, su Lipchitz ... , todas las tentativas abstractas de las artes de nuestra época. Escojamos uno de los grandes muros de contención del edificio. El fondo gris de la piedra granítica lo mueve un aparejo semirregular que nos trae la visión de alguna tela de Paul Klee o de Torres García.
Por otra parte, además, pueden también llevamos estos muros al recuerdo de los más primitivos y solemnes de las construcciones caldeas. Cuando penetramos en la «Solana», descubrimos que todo el paisaje ha entrado con nosotros o, más exactamente, que se encontraba dentro ya, esperándonos. Si uno de los problemas de la moderna arquitectura era el de aprisionar la luz y el aire en el interior de la obra, aquí nos hallamos con que el mar y la playa pueden sentarse en nuestra mesa y que al verdor del bosque nada le impide acompañamos a la hora del reposo, mientras la íntima lectura del libro preferido. Pinta Bonet su arquitectura, pero generalmente con el color que ya traen consigo las materias que emplea. Así, el cuadro que compone es de un diverso combinado natural que crea una armonía sorprendente, lejos de la vana decoración. Al exterior, el edificio está entonado por la esmeralda pálida del césped, el siena claro de la madera barnizada que en largas verticales forma la celosía, el gris verdoso de las estriadas columnas y el blanco acelestado de las cornisas.
Detrás, la alta cenefa verdeoscura del bosque y las luces cambiantes del cielo completan este lienzo en donde la «Solana» es parte imprescindible del todo, centro y alma del paisaje. El interior lo entonan, contando los colores que a través del cristal vienen de afuera, la madera de incienso con elementos de bronce que entarima la planta alta y las losas de piedra granítica, trabajadas a la bujarda, que embellecen la baja. El estilo del edificio no permite a Bonet ninguna falta. Todo ha de ser diseñado o dirigido por él: el menor mueble, la tela o el objeto más insignificante. Allí se encuentra su hoy ya famoso sillón de baqueta, extraño y bello, con algo de paraguas del revés, pero cómodo para la intimidad diaria, junto a la mesa de mármol o jaspe, como laja caída de la luna. Pieles de vacas y de toros tienden sus mapas por los pisos. Cortinas amarillas envuelven a ciertas horas el ambiente en una penumbra dorada.
Maderas, cueros, gamuzas, piedras y cristales. Un lugar sobrio, una riqueza de color, de formas múltiples, a base de elementos puros, sin recurrir al artificio del adorno superfluo, sin justificación alguna. Todo, tanto en el interior como afuera de la «Solana», obedece a una nueva armonía, a un nuevo orden, tocados de gracia y de humana temperatura, distantes de esas heladas y pobres rigidez es que para muchos es hoy el «estilo moderno». La clara retina luminosa de Antonio Bonet, su escondida pasión llena de ritmo ágil, de perfil, de alegría, estaban destinadas a encontrar, y en plena juventud, un lugar como este de Punta Ballena capaz de poner en movimiento todas sus heredadas trasparencias de arquitecto del Mediterráneo. Mas la hazaña, quizás por realizada junto al mar, ha tenido también su gusto amargo.
Incomprensiones, impaciencias por resultados que sólo el tiempo puede conceder, toda una lucha sorda de intereses ramificados, no supieron dejar de afilarse las uñas contra el magno proyecto. Pero su primer paso fue plenamente victorioso. Atravesando el viejo bosque Lusssich, a través de los nuevos caminos abiertos por Bonet, se encuentra la «Soolana del Mar». Antonio Bonet firma ya para siempre en uno de sus muros. Delante, brotando de la arena hoy verdecida, sube hacia las estrellas, frente al océano, el mástil de un navío. Aunque no 10 veáis, el nombre de Bonet también ondea en su bandera. " Creo que no solo el nombre de mi padre esta en ese mástil, creo que los nombres de todos ellos, de nosotros, todos los que soñaron en esos paisajes, en esas dunas, los que nos bañamos en esas aguas, los vemos en sus olas el espíritu de los que ya se fueron, pero nos acompañan en nuestra vida.
No dejemos que nos maten ese espíritu, nos dejen sin donde soñar o aceptemos impávidos que nos violen el alma, nuestras representaciones edificadas de una manera de ver, de ser, de vivir, de navegar por la vida. Esta es una carta de auxilio, no solo por La Solana, por todos nosotros, firmarla conmigo, y seremos mas coherentes para los que vienen detrás de nosotros y no conocieron ese espíritu que se atoro en las playas de Punta Ballena, en las aguas de Uruguay.
 

 

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