Semana de la arquitectura. |
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Semana de la arquitectura.
Los segovianos están acostumbrados a llegar a la Plaza Mayor y contemplar la Catedral en uno de sus extremos. Son muchos los ciudadanos que han entrado dentro del templo para asistir a alguna celebración religiosa o para disfrutar de su magnífico interior, un verdadero prodigio de luz, de armonía y esbeltez. Sin embargo, la 'Dama de las Catedrales' tiene numerosos espacios que habitualmente están cerrados al gran público y que se pueden ver en contadas ocasiones. Uno de esas raras oportunidades se puede aprovechar hasta el domingo gracias a la segunda edición de la Semana de la Arquitectura que ha vuelto a organizar este año el Colegio de Arquitectos, actividad donde los segovianos pueden descubrir muchos secretos de doce monumentos gracias a estas jornadas de puertas abiertas.
El recorrido por la Catedral comienza a las tres y media de la tarde, cuando el sonido de las campanas del templo dan esa hora. Es desde la puerta de San Frutos donde los guías, estudiantes voluntarios del IE Universidad, comienzan a desgranar poco a poco los secretos de una de las construcciones góticas más tardías de España.
La Catedral que hoy día se encuentra en la Plaza Mayor no fue la primera que tuvo Segovia sino que existió un templo antiguo, de estilo románico que se encontraba emplazado frente al Alcázar. Sin embargo, en 1521, en la Guerra de las Comunidades, el templo sufrió las consecuencias del conflicto y el rey Carlos I decidió un nuevo emplazamiento para la Seo, donde se encuentra actualmente. «Las obras comenzaron en 1525 bajo la dirección del arquitecto Juan Gil de Hontañón, aunque tras su muerte continuaría con los trabajos su hijo, Rodrigo», explica uno de los guías, Enrique Pérez.
Una vez dentro del templo, los responsables de la visita explican que la Catedral tiene una planta de cruz latina, crucero enrasado, cabecera con girola y siete capillas poligonales, donde el juego de masas y volúmenes se presenta en perfecto equilibrio. También destacan la altura del templo, uno de los más altos de España, ya que las naves laterales miden treinta y tres metros y la central setenta y siete. Pero si hay algo que destaca por su altura en la Catedral es su torre, donde también pueden subir los participantes de estas visitas. «Merece la pena sólo por subir a la torre, aunque una vez arriba no parece tan alto», explica Miguel Ãngel Fernández. Otro de los participantes, Ricardo Luengo, asegura que «las vistas son una maravilla, la perspectiva es nueva».
Las vidrieras
Después de descender de la torre por una estrecha escalera de caracol, la visita continúa dentro del templo para subir a otra zona que nunca está abierta al público, donde están las vidrieras. Se llega a través de otra curiosa escalera y de unos estrechos pasillos que conducen hasta donde están estas obras de arte. Junto a ellas, se puede apreciar su policromía y las escenas bíblicas que representan. Desde esta altura también se divisa una vista inédita del interior del templo, tanto del altar mayor como del coro.
La visita finaliza en el claustro, uno de los elementos que se trajeron procedente de la antigua catedral. Los participantes pueden contemplar la obra de Juan Guas donde los ventanales con tracerías caladas dejan pasar la luz a las galerías que lo rodean.
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