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Planificación,
ahorro, vivienda y energía. Quizás una de las decisiones más atinadas
que haya podido tomar un gobernante, en materia de planificación, fue la
designación de un joven extranjero como intendente general con funciones de
ministro de planificación. Hace mas de tres milenios un faraón tuvo el acierto
de contratar los servicios de un judío, se trataba de “un soñador,” así le
llamaban despectivamente los suyos. Pero sentó los conceptos básicos del ahorro,
organizó la economía y aseguró la supervivencia de una nación llamada después de
su gestión: el granero del mundo. La excusa fue un sueño -un político local la
usó también- pero convenció al gobernante y a la población, de ahorrar durante
siete años de bonanza económica, crear reservas para cuando llegaran siete años
de escasez. El sueño de las siete vacas gordas y siete flacas tiene tres mil
años queriéndonos enseñar que el momento de ahorrar es cuando las cosas van bien
y los recursos no escasean. No cuando las dificultades ya están tocando la
puerta y asomando sus dientes afilados. Sin embargo nuestros líderes solo hablan
de ahorrar cuando los precios del petróleo rompen sus records históricos.
Nos exhortan a ahorrar combustibles y anuncian medidas restrictivas que ellos
mismos no cumplen. Hablar de ahorro combustibles y energía eléctrica, no tiene
sentido en un contexto social donde la esperanza personal está cifrada en un
palé o en una candidatura. Lo mismo, desatención, ocurre con la vivienda, el
activo familiar más importante, fuente de solidez, no solo económica sino
emocional -pregúntesele a una madre, este mes- Y lo que la genera, la formación
de capital. Solamente por medio de un hábito de ahorro sostenido durante años de
trabajo honesto puede alcanzarse una “casita” para la vejez y herencia de los
hijos. Pero nuestra sociedad no ofrece, a los menos favorecidos, las
oportunidades de hacerlo. De eso ni se habla. Y cuando las familias, con mucho
esfuerzo, han ahorrado algo, viene un gobernante y desata los demonios de la
inflación, destruye el valor de los chelitos, y peor, aniquila esperanzas y
hábitos arduamente adquiridos. Hoy, lamentablemente nuestras vallas exhiben
sonrientes candidatos y promesas vagas, pero ningún mensaje coherente destinado
a promover las virtudes que dan solidez a una nación. Renunciar a lo que se
puede tener hoy, para tener algo mejor en el mañana, es la base de la virtud del
ahorro, cuando es la norma de una casa -eso significa la palabra economía- o de
un país.
-Por: Arq. Pedro Mena. (Enviado por: Raul Kiñoz Perez,
Republica Dominicana.
Fuente oficial: Diario LIbre.) |