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Arquitectura global. La globalización, y las instituciones encargadas
de su custodia, necesita una nueva arquitectura. Sin embargo, los que detentan
el poder apenas avanzan en esa dirección. Con una probabilidad elevada y
creciente de que se produzca un reequilibrio global conflictivo, el mundo no
puede permitirse andar tonteando con un enfoque poco sistemático de la reforma
estructural. He aquí algunas recomendaciones. La arquitectura de la
globalización se diseñó para un mundo distinto hace ahora una eternidad. Está
enmarcada en torno a las instituciones de Bretton Woods (el FMI y el Banco
Mundial) establecidas en 1945. La OMC y la OCDE completan el cuadro. En total,
estas cuatro instituciones emplean a unas 16.000 personas con unos gastos
administrativos que alcanzan fácilmente los 2.500 millones de dólares anuales.
Están también los Gs -el G-7, el G-8, el G-10 y el G-20- que se reúnen
periódicamente con gran fanfarria para después sólo producir vacuos comunicados
dirigidos a los mercados. El último comunicado emitido este fin de semana por el
G-7 constituye un ejemplo clásico de esto.
Hay tres principios que hay que adaptar en el diseño de una nueva arquitectura
para la globalización: (1) Consolidación; fusionando el FMI, el Banco Mundial,
la OMC y la OCDE. (2) Un mandato con políticas; objetivos explícitos relativos a
los desequilibrios globales, estabilidad de precios, crecimiento sostenible,
pleno empleo, eliminación de la pobreza y protección de un entorno frágil. 3)
Rendición de cuentas: un informe semianual sobre el cumplimiento de las
políticas emitido por cada uno de los países miembros del G-20, con la
implicación de sus bancos centrales, autoridades fiscales y gestores de reservas
exteriores. Implicaciones de mercado y riesgos: El mundo actual, interconectado
y, sin embargo, frágil, carece del administrador de la globalización que tan
desesperadamente necesita. En un contexto de precios del crudo al alza, cambio
de tendencia en el ciclo de liquidez y desequilibrios globales en ascenso, los
riesgos de un ajuste violento que amenazan a la economía son cada vez mayores.
Desgraciadamente, nadie se hace cargo de evitar lo que podría ser un resultado
funesto, o de sugerir cómo recoger las cenizas.
Enviado por: Raul Kiñoz Perez,
Republica Dominicana.
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