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alcanza naturalmente). Liberada
de la tradición religiosa la filosofía indagaría en
sus propios principios, definiendo las bases
epistemológicas de la Nueva Ciencia: Las matemáticas
como ideal y la verificación empírica de las
hipótesis. Se incentivó así una investigación cada
vez más independiente de dogmas, de verdades
reveladas y de todas aquellas hipótesis de la física
tradicional que no fuesen susceptibles de
verificación empírica. El resultado más importante
de estos estudios fue considerar el Cosmos como una
máquina perfecta cuyas partes se conectan por una
sucesión infinita de causalidades necesarias. Esta
manera original de comprender el mundo se
manifestaría en una arquitectura caracterizada por
lo siguiente:
a. ORDEN RACIONAL DEL ESPACIO ARQUITECTÓNICO.
La Nueva Ciencia definió
el espacio como
un ente infinito estructurado según las leyes
absolutas de las matemáticas. Autores como
León Battista Alberti, Luca Pacioli,
Sebastián Serlio, F. Colonna, Paladio, entre otros,
afirmaban que la naturaleza de
la arquitectura
se encontraría en el número o en su esencia numérica
(fig. 9). Los recuperados escritos de
Vitrubio, al postular la proporción (entendida
como relación matemática entre las partes) como base
de la belleza, se utilizarían para contrastar esta
teoría.
b. VALOR SIMBÓLICO RACIONAL DEL ESPACIO. Con
la racionalización de los procesos de definición del
espacio físico cambió la función simbólica de los
elementos arquitectónicos. Esta se apoyaría, sobre
todo, en razones morfológicas más que teológicas.
Fueron los cuerpos geométricos de mayor regularidad
(los de mayor capacidad por área de superficie
limite o por longitud de perímetro, los construibles
con un menor número de elementos, etc.) los que
simbolizaron los ideales del humanismo.
e. ESPACIO HOMOGÉNEO E
INFINITO. El espacio ya no es direccional,
jerarquizado ni orientado (en el sentido mítico del
termino). Se presenta homogéneo e infinito.
Equivalente en sus cuatro direcciones y con una
estructura regular sustentada en las leyes
matemáticas de la geometría y la dinámica. En el
Festín de Herodes del Baptisterio de San Giovanni en
Roma (c. 1425), oponiéndose a la norma medieval que
situaba la escena principal de un cuadro abarcándolo
completamente, Donatello deja el centro vacío y,
como apunta Janson, "el movimiento centrífugo de las
figuras nos persuade que el espacio pictórico no
termina en el panel sino que continua
indefinidamente en todas direcciones; el cuadro es
sólo una ventana a través de la cual vemos un
segmento particular de una misma realidad" (13).
d. UNIFORMIDAD DE LAS LEYES ESPACIALES. Esta
idea, consecuencia necesaria de la anterior, implica
que toda obra de arquitectura está compuesta de unos
mismos elementos básicos y unas únicas leyes
generales. Asimismo el exterior de las iglesias, por
lo general bastante desatendido por
el
gótico, excepto en los pórticos,
cobra mayor valor en sus relaciones con
el espacio urbano.
Uno de los primeros
arquitectos renacentistas
que asigna tanta importancia el edificio como al
espacio que lo rodea sería
Bramante.
e. CONTRASTACIÓN EMPÍRICA DE LAS HIPÓTESIS.
Antes de ser considerada operativa toda hipótesis
sobre el espacio arquitectónico debe ser contrastada
empíricamente. En el proyecto de Leonardo da Vinci
para la reestructuración urbana de una ciudad,
probablemente Milán (h. 1485), las soluciones
presentadas no son resultado de razonamiento
geométricos abstractos o de principios absolutos,
como en las ciudades de Platón, sino respuestas a
hechos factuales, por ejemplo, las escaleras
públicas deben ser de caracol y estar en las
esquinas "pues en los rincones de las manzanas se
orina y se defeca" (15). |