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El contraste con el mundo griego
es enorme. Sócrates y sus contemporáneos reconocían
el más alto valor a una investigación positiva que
se justifica y profundiza en sí misma como único
camino para lograr el conocimiento.
El
arquitecto no tenía que inventar el
mito, sino formalizarlo: "tenía que dar expresión a
una imagen que él compartía con su generación y que
había sido formada gradualmente por la larga
tradición religiosa de su pueblo" (2) . El espacio
de las catedrales góticas son un claro reflejo de
esta concepción del mundo, cuyas características
principales, desde la perspectiva que nos ocupa,
serían las siguientes:
a. ESPACIO EMINENTEMENTE SIMBÓLICO.
El autorizado lenguaje del ritual de consagración de
una iglesia relacionaba, aunque no confundía, la
visión de la Ciudad Celestial, tal como esta
descrita en el Apocalipsis de San Juan, con el
edificio a erigir: "Eclesia materialis significat
ecclesiam spiritualem" (3). Relación simbólica que
llegaría hasta el punto de que incluso el exterior
de la iglesia, que había perdido importancia en la
basílica del cristianismo primitivo, recobra en el
gótico la apariencia de una ciudad defendida con
torres y almenas .
b. LA RELACIÓN SIMBÓLICA SUPERA LA CONTRASTACIÓN
EMPÍRICA.
El valor simbólico de las relaciones espaciales es,
en principio, independiente de sus corroboraciones
positivas. Lo que realmente interesaba era
relacionar inequívocamente la divinidad y sus obras,
aunque ello pudiera contradecir la experiencia. Por
ejemplo, la afirmación recogida por León Battista
Alberti de que el Arca de Noé "fue hecha según la
figura del hombre (Cristo)" (4), supone una
considerable distorsión de las proporciones de la
figura humana para que la relación sea efectiva, tal
como se observa en el dibujo de esta idea de Benito
Arias Montano .
c. ESPACIO JERARQUIZADO SEGÚN UN ORDEN DIVINO.
Siguiendo las influencias neoplatónicas de Plotino,
el medievo postularía que todos los entes existentes
en el universo emanan de la ciencia divina y se
ordenan en el espacio según su morfología y
espiritualidad. A mayor materialidad y complejidad
formal su posición espacial y moral será más
despreciable. Principio plasmado, por ejemplo, en la
cosmología de Salomón Ibn Gabirol, en el tratado
Jerarquía Celestial del Pseudo-Aeropagita y en los
múltiples Comentarios a esta obra (destacando el que
Hugo de San Víctor dedica a Luis VII de Francia).
d. ORDEN ABSOLUTO (DIVINO) DE LAS RELACIONES
ESPACIALES.
La corriente neoplatónica agustiniana vería en
las relaciones numéricas (geométricas y musicales),
por su perfección, el instrumento utilizado por la
divinidad en la construcción del mundo. A finales
del siglo XII Alanus de Lille describe la creación
del mundo comentando que "Dios es el habilidoso
arquitecto (elegans architectus) que se construye el
cosmos como palacio real, componiendo y armonizando
la variedad de las cosas creadas mediante las `sutiles
cadenas` de la consonancia musical" (7) (fig. 5).
e. INMATERIALIDAD DEL ESPACIO.
A partir de tesis como la supremacía del bien sobre
el mal, de lo espiritual sobre lo material, de la
luz sobre la oscuridad (fig. 6), la Edad Media
desarrolló una cosmología en la que se plantea una
jerarquía espacial divina de orden físico y moral
que va del pecado a la bienaventuranza, de las
tinieblas al esteroma (9) (fig. 7). Cosmología
magistralmente recogida en el universo que Dante nos
describe en La divina comedia. En la arquitectura
esta cosmovisión se manifestó con especial claridad
en la búsqueda de la menor estructura posible de los
muros de cerramiento con el fin de lograr una
completa identificación del espacio religioso con el
más espiritual de los elementos, la luz divina, que
se manejaría tamizada para acentuar la idea de
trascendencia. |