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volviéndose insolubles al agua. En el renacimiento este
proceso era conocido como buon fresco, o `a la italiana' para diferenciarlo del
fresco secco que se realizaba sobre el enlucido seco. En el buon fresco, se
aplica el color en la última de las varias capas de yeso. En la penúltima, el
pintor superpone un dibujo preparatorio, o cartón, de la obra, aunque también
puede trabajar sobre un esquema de color independiente. A continuación, refuerza
con acuarela oscura las diferentes figuras y formas del cartón y aplica la
última capa de yeso sobre el dibujo por pequeñas zonas, y el color sobre el yeso
mojado. Al secarse, la cal contenida en el yeso reacciona químicamente con el
dióxido de carbono del aire, formando una película de carbonato de calcio que
une de forma estable los colores a la pared. Los colores de un fresco suelen ser
poco densos, translúcidos y claros y, en muchos casos, tienen una apariencia
calcárea. En el renacimiento se encontró el modo de dar un poco más de opacidad
a los colores. En el buon fresco es necesario pintar rápidamente, limitándose a
lo esencial. El artista debe saber la cantidad de color que absorberá el yeso.
Demasiada pintura hace que la superficie se agriete y hace necesario levantar la
zona defectuosa, extender yeso fresco y volver a pintar. |