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Los antiguos griegos y romanos calentaban la superficie a
pintar y la paleta con quemadores de carbón vegetal y trabajaban con una
espátula de metal de dos extremos o con un pincel. Algunas veces grababan el
dibujo con el extremo caliente de la espátula y después rellenaban la incisión
con pintura. Esta técnica cayó en desuso en el siglo VIII o IX y nunca ha sido
resucitada en serio, con excepción de una breve reaparición en Alemania, en el
siglo XIX, para la pintura mural. En el siglo XX se ha venido aplicando con
cierto éxito para la pintura mural y sobre tabla. En la actualidad, se añade
resina a la mezcla para endurecerla y facilitar su aplicación y todo el proceso
se simplifica gracias a la paleta que se calienta eléctricamente.
AGUAZO O “GOUACHE”
Es una acuarela de pigmentos opacos en lugar de los pigmentos translúcidos de
las auténticas acuarelas. En el gouache los pigmentos están aglutinados con cola
o mezclados con pigmento blanco. Aunque carece de la delicada luminosidad de la
auténtica acuarela, es más sustancioso que ésta y su textura se parece a la de
la pintura al óleo. Además, la tendencia de los colores del gouache a aclarar a
medida que se secan permite una amplia gama de efectos nacarados o tipo pastel.
Los primeros en emplear este procedimiento fueron los antiguos egipcios que
utilizaban miel para aglutinar sus pigmentos. Su uso estaba muy difundido en la
edad media para la iluminación de manuscritos y alcanzó verdadera popularidad en
el siglo XVIII; el pintor francés François Boucher explotó con gran habilidad
sus tonos nacarados. Los artistas del siglo XX han utilizado mucho el gouache
porque permite conseguir empastes espesos, ideales para lograr efectos más
expresionistas. En la actualidad es también conocido como témpera. El gouache se
emplea mucho hoy para carteles publicitarios, figurines, decorados e
ilustraciones. En este procedimiento se emplea como soporte tela, tabla o cartón
preparados con cola para que no sean absorbentes; cuando han de pintarse amplias
zonas con tintas planas, la superficie que ha de recibirlas no se coloca
vertical ni muy inclinada para que las pinceladas no resbalen unas sobre otras. |