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Goethe, además de todas sus aportaciones, escribió lo que
podría clasificarse como el primer perfil psicológico y cultural de preferencia
del color en el vestido, escrito con base en los principios que derivan de la
naturaleza humana: “Los franceses, al ser un pueblo de carácter vivo, prefieren
los colores exaltados, en tanto que los calmados, como los ingleses y los
alemanes, propenden al color pajizo y de cuero combinados con el azul. Las
naciones que muestran tendencia a la grave dignidad, los italianos y los
españoles, llevan el color rojo”. Se ha firmado que de 1860 a 1885 los pintores
impresionistas, Monet, Renoir, Pisarro y Sisley, influyeron en el ánimo de las
mujeres parisinas, quienes imitaron los colores con que éstos inmortalizaron a
sus ninfas acuáticas: rosa suave, azul agua y lila tenue. Colores que, por
cierto, fueron desplazados a la moda infantil. Antes de 1900, a los niños se les
vestía sólo de blanco hasta los cinco años, pero con la llegada de los colores
impresionistas a los niños se les vistió de azul pastel y a las niñas de rosa
bombón, aunque después se permitiera el amarillo pollito o el verde enanito para
ambos sexos. |