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El presente escrito intenta mostrar la evolución del marco
teórico al respecto, en el transcurso de los siglos XIX y XX,
considerando que históricamente recién se comenzó a
tomar verdaderamente en cuenta el concepto de
policromía arquitectónica en el pasado siglo. La
obsesión por la historiografía propició la
proliferación de estudios y viajes a Grecia, Italia
y España, redescubriéndose el uso del color aplicado
en templos clásicos, los revestimientos de mármol
del gótico veneciano y la policromía de la Alhambra
de Granada.
El siglo XX tiene en Gaudí al arquitecto precursor
del resurgimiento del color, natural para un sitio
como Barcelona, comenzando de esta manera una enorme
y variada etapa productiva en este campo.
En la
posguerra, se libra una ferviente batalla a favor
del uso del color "como medio de liberación de la
arquitectura de la camisa de fuerza del gris sucio"
-expresión de Bruno Taut. También los movimientos
pictóricos de vanguardia de este período influyen en
gran medida en la arquitectura, destacándose el uso
de los colores primario, gris y negro del
neoplasticismo. En contraposición, el esprit nouveau
de Le Corbusier revaloriza el blanco de cal en una
especie de couleur type. La Bauhaus, en cambio,
mantiene los grises dominantes de las nuevas
tecnologías. De esta manera, el mito de lo nuevo, el
arte como cambio y novedad, se constituye el punto
de partida para un inmenso panorama de
continuaciones, revisiones, evoluciones y críticas
que se sucederían hasta los setenta. El movimiento
moderno sigue su curso en el período 1930-1950, pero
con apariciones esporádicas de nuevas propuestas. El
brutalismo es una de ellas, constituyendo la
expresión viva de los materiales e instalaciones sin
ocultamientos, destacándose por el uso inteligente
del color la Unidad de Habitación de Marsella de Le
Corbusier. Entrando ya en los sesenta, la
arquitectura moderna sufre serias críticas en cuanto
a la pérdida de su capacidad connotativa,
considerándosela demasiado anónima, repetitiva,
abstracta y técnica. Para superar esta situación,
deberá recurrir a la historia, al símbolo y la
metáfora. De esta manera la arquitectura de los
setenta y los ochenta, denominada posmoderna, tuvo
como protagonista a la fachada, en una suerte de
edificio-anuncio transmisor de mensajes. Los colores
primarios son sustituidos por las cuatricromías de
los comics, entre otros de los recursos expresivos
del pop art empleados. Así arribamos a los noventa,
década que se caracteriza por la multiplicidad de
experiencias, de convivencia de posturas estéticas
disímiles que abarcan un amplio espectro, desde la
revalorización del purismo moderno pero con
connotaciones regionalistas hasta las distorsiones
deconstructivistas, cada una con su coherente y
particular uso del color. |