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quienes, al inhalarlo con su
aliento, sufren las consecuencias que ocasiona un
terreno insalubre y pestilente. De igual modo,
tampoco será salubre la ubicación de las murallas
junto al mar, orientadas hacia el mediodía o hacia
el occidente, pues cuando lleguen los calores del
verano, al amanecer el calor es fuerte y al mediodía
abrasará; de igual modo, sí su orientación es hacia
el occidente, al amanecer el Sol calienta
ligeramente, al mediodía agobia y al atardecer será
ardiente. En consecuencia, por tales cambios de
temperatura, de calor y de frío, los seres animados
que habitan en estos lugares acaban alterándose.
También es válido incluso para las cosas inanimadas.
Efectivamente, nadie debe orientar hacia el sur ni
hacia el poniente, sino hacia el norte las bodegas
de vino cubiertas, pues esta orientación mantiene
siempre una temperatura constante e invariable. Lo
mismo sucede con los graneros que, orientados hacia
el curso del Sol, rápidamente alteran las buenas
condiciones de las vituallas y de los frutos, que,
al no estar colocados en una exacta orientación,
sino opuestas al curso del Sol, no se conservan
durante largo tiempo. Así es, cuando el calor abrasa,
con sus radiaciones elimina la consistencia de las
substancias, con sus cálidos vapores va absorbiendo
sus propiedades naturales, y, por efecto del calor,
las debilita y las atrofia. Fenómeno que también
advertimos en el hierro, pues, aunque es un mineral
duro por naturaleza, cuando en las fraguas se pone
al rojo vivo, por efecto del fuego se hace
moldeable, de manera que se puede forjar con
facilidad cualquier forma. Si estando al rojo vivo y
siendo moldeable, se enfría templándolo con agua
fría, de nuevo se vuelve duro y adquiere sus
propiedades naturales. Podemos pensar en la
autenticidad de tales fenómenos, debido a que en el
estío todos los cuerpos se debilitan por el calor,
tanto estén en lugares pestilentes como en lugares
saludables; e incluso durante el invierno, las zonas
que son pestílentes se vuelven saludables ya que se
hacen más consistentes, como consecuencia del frío.
Exactamente igual sucede cuando las personas se
trasladan desde regiones frías hacia regiones
cálidas: no pueden mantenerse inalterables, sino que
se debilitan. Por el contrario, los que desde
regiones cálidas se trasladan a zonas frías del
norte, no sólo no enferman con el cambio de lugar,
sino que se robustecen. Por todo ello, debe ponerse
sumo cuidado en la ubicación de las murallas,
alejándolas de aquellas zonas que puedan esparcir
aires cálidos hacia sus habitantes. De acuerdo con
los principios o elementos primarios, en griego stoichea, todos los cuerpos se componen de fuego,
agua, tierra y aire que, al mezclarse entre si según
su temperatura natural, conforman las propiedades de
todos los seres animados, hablando en términos
generales.
Por tanto, cuando el calor sobrepasa los límites
naturales destruye y disuelve con su ardor los otros
elementos naturales; tales anomalías son también una
consecuencia de un clima férvido, en algunas partes
concretas: el calor afecta a las venas superficiales
con más intensidad de la que puede soportar el
cuerpo, de acuerdo a su temperatura natural, según
la mezcla que lo compone. Si el agua llena las venas
del cuerpo y logra que sean desiguales
los otros tres principios, éstos se desvirtúan,
corrompidos por el elemento líquido y, en
consecuencia, se anulan las cualidades que poseían
debido a su composición o mixtura. Los mismos
efectos ocasiona el enfriamiento de las brisas y del
agua, que provoca alteraciones en el cuerpo. De
igual modo, si se aumenta o disminuye la composición
natural del elemento tierra o del elemento aire, se
consigue un debilitamiento de los otros elementos
básicos: los terrenos, con copiosas y excesivas
comidas y los aéreos con un clima excesivamente duro.
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